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viernes, 9 de diciembre de 2011

Madonna: SEX


La memoria tiene unos mecanismos francamente difíciles de descifrar. Sea lo que sea, y no sé (ni estoy seguro de querer saber) por qué, me acordé el otro día del libro SEX de Madonna. He tenido que tirar de mi ingente servicio de documentación (catorce monos que tengo amaestrados haciendo búsquedas por Wikipedia) para sacar algún dato más o menos fidedigno, cubriendo así esos vacíos y esas zonas grises que dejaba mi cabeza.

¿Recordáis aquello? Era 1992 cuando se publicó, y bueno, provocó todo un escándalo. Si se le echa una ojeada a los contenidos, hoy, casi veinte años más tarde, resulta tremendamente llamativa la inocencia de esa sociedad que se las daba de moderna pero se escandalizaba por imágenes como las que contenía el librito de marras. Al parecer, tanto ese libro como el disco que Madonna publicó ese año, Erotica, así como la actitud que tomó en esa época, convirtiéndose en algo así como la guarra oficial del pop mainstream, le pasó bastante factura a la diva. Y sin embargo, queridos y queridas, ese libro de fotografías eróticas vendió la friolera de 1,5 millones de copias, 150000 el primer día de su edición, y eso a 50$ que costaba en USA.

Está claro que Madonna era una estrella conocida por cualquier persona en este triste país, y su movimiento comercial llegó a ser lo que hoy se conocería como un “trending topic” de Twitter. Por supuesto, nada de lo que mostraba en esas imágenes era especial ni novedoso, pero sí lo era fuera de un circuito más o menos underground. Yo era un preadolescente (o adolescente? Dónde está el límite?) calenturiento y aquello, claro, me llamaba la atención. Recuerdo haber ojeado, a escondidas, algunas imágenes del libro en la Virgin MegaStore que había entonces en el Passeig de Gràcia de Barcelona. Por cierto, algún día tendría que hablar de esa tienda y de la de ratos que me pasé en ese lugar, hojeando libros, mirando CD's y escuchando música.

De esta guisa se presentaba Madonna en la portada de aquél lejano número de Primera Línea
Volviendo a Madonna y el contenido de su SEX, recuerdo haber visto algunas de las imágenes que lo ilustraban, en un número de la revista Primera Línea, que presentaba un reportaje al respecto (con una de esas fotos en portada) y que unos amigos compraron, a escondidas y avergonzadísimos, como si estuvieran comprando coca. Y lo primero que pensé fue que se trató de una considerable decepción.

Por supuesto, en aquella época comenzaba a consumir un poco de erotismo y de porno, a partir de alguna revista que pasaba de mano en mano (viva la higiene, prefiero no pensarlo mucho) entre los compañeros de clase, también a partir de series y películas eróticas como La Serie Rosa o Calígula. Cualquier película española de esas en las que se veía carne y pelo, así mismo, servía. Y algo, un poquito, de porno en forma de cintas tralladísimas VHS que no se sabe cómo, aparecían en las manos de algún niño del cole e instituto y rondaban por todos los aparatos de vídeo de los alumnos.

Claro, la decepción venía cuando veía aquellas imágenes de Madonna en lencería, fusta en mano, en blanco y negro o tocándose frente a un espejo, pero en las que, maldita, apenas enseñaba nada. A ver, en esa época yo quería ver penetraciones, felaciones y desnudos frontales. ¿Insinuar? ¿A quién le interesaban las insinuaciones? ¿Y aquello realmente era tan escandaloso? Si no se le veía nada... recuerdo incluso cuando me dijeron que una conocida, ruborizada, pilló el libro escondido en el cajón de un despacho de su padre. Evidentemente, esto, leído por cualquier menor de 20 años, que con doce añitos ya se han cansado de ver dobles penetraciones en Internet, puede llegar a resultar hilarante. A mis miles de lectores que no vivieron el Mundial de Italia'90, no me lo tengáis en cuenta.

Madonna y Naomi disfrutando de un soleado día en la piscina...
Lo curioso es que he estado viendo las imágenes del libro SEX, fácilmente localizables en la red, antes de escribir estas líneas, y me han parecido mucho más excitantes hoy en día que por aquél entonces. Supongo que con 11 o 12 años, lo que quieres es ver un clítoris o una polla en la boca de una muchacha, y no te pone lo más mínimo la lencería o las imágenes sugerentes. Las fotos son, digamos, “bonitas”, en el concepto artístico de las mismas, y el uso del B/N y de la luz es excelente. El rollo es demasiado bondage y orientado a lo gay para mi gusto. Excepto Madonna, muchas de las personas que aparecen son de sexo indefinido, ellas parecen ellos, ellos parecen ellas. Pero algunas de las fotos me han puesto un poco cerdete, esa es la verdad. ¿Será que me hago mayor? ¿O será que la sobreexposición de porno, de todos los tipos, modalidades y prácticas que están accesibles con tan solo un click hace que casi no me interese? Sea como fuere, desde NDK invito a cualquiera de mis millones de lectores a que se imprima alguna de las imágenes que aparecen en ese libro y pida a Madonna que se la firme en su próxima visita de promo. Grandes risas garantizadas.

Canciones:

My Morning Jacket: “Outta My System”
Love: “A House Is Not A Motel”
Afghan Whigs: “Crazy”

domingo, 9 de octubre de 2011

Kar en Polonia


Como hacía tanto tiempo que no me asomaba a estas páginas, he hecho muchos viajes sin haber dado cuenta de ellos por aquí. Y lo haré, a su debido tiempo, porque sé que en el fondo os gusta esta tontiguía Lonely Planet para viajeros tarados. Pero ahora toca uno de los últimos que hice, hace apenas unos días, a Polonia, y más concretamente, a Varsovia, como bien reza el título de la entrada, que se me ha ocurrido en un alarde de originalidad, al más puro estilo Asterix (Asterix en Hispania, Asterix en Bélgica, Asterix en La India, etc…).

Una vez más, fueron circunstancias laborales las que me llevaron a Polonia. Así que allí estaba vuestro buen amigo Kar, pegándose el madrugón de su vida, para viajar, vía Munich, a Varsovia. O lo que es lo mismo, de El Prat a el aeropuerto Franz Josef Strauss, y de éste, al aeropuerto Frédéric Chopin. Que digo yo, al aeropuerto de Barcelona podrían llamarle, siguiendo el ejemplo, Aeropuerto Albert Pla, o Aeropuerto Raphael.

Y como quiera que no me voy a parar en detallar las circunstancias laborales que me llevaron la mayor parte de los 5 días que por ahí estuve, la cosa se reduce a poco tiempo. Afortunadamente tenía el hotel bastante céntrico, y podía caminar tranquilamente a muchos sitios, comenzando por el centro histórico de la ciudad, que, lo digo aquí y ahora, es lo único que realmente vale la pena. En un paseíto no excesivamente largo me plantaba en la zona céntrica, eminentemente peatonal. Se trata de un área con ese estilo de ciudad centroeuropea, pero que nadie se lleve a engaño: la mayoría es reconstruido… intentando mantener el encanto, sí, pero reconstruido, ya que la ciudad quedó derruida tras la Segunda Guerra Mundial.


Reconozco que me encanta la aplicación Instagram del iPhone!! Centro de la ciudad.

Mi contacto en el país era una señora polaca con una manera demasiado seca, directa, casi borde de decir las cosas, por lo menos en inglés. Lo atribuyo, por lo menos, a la incomodidad en esa lengua. De todas formas, desde fuera, y para un extranjero como yo, el polaco es un tipo que parece estar permanentemente cabreado. Es esa particular sonoridad del idioma, supongo. Se trata, por supuesto, una visión simplista, sencillamente, una sensación que tenía.

En la ciudad, pocos vestigios previos a la guerra quedan. Por ejemplo, del clásico y mencionadísimo Ghetto Judío de Varsovia no queda nada. Fue arrasado, y en su lugar, se construyeron bloques de pisos, en lo que es una constante en gran parte de la ciudad, el típico bloque de las ciudades comunistas, feo y gris. Por otro lado, la zona más de negocios de la ciudad cambia esa constante gris por la frialdad de grandes edificios de oficinas y hoteles, que contrastan con los bloques comunistas y con ese tranvía que atraviesa las calles y retrotrae, automáticamente, a 30 años atrás. Y de fondo destaca el Palacio de la Cultura y la Ciencia, joya del progreso comunista, un regalo de la URSS, también conocido como el Palacio Stalin. Altísimo, el más alto del país y de los edificios más altos de Europa, es interesante para verlo iluminado cuando cae la noche.


El Palacio Stalin (una vez más, instagrameado)

No deja de resultar curioso que en un país con el comunismo tan reciente, tengan el catolicismo tan enraizado. Varsovia es una ciudad con muchísimas iglesias, a cada esquina, y con constantes referencias, fotos y recuerdos al dichoso papa Wojtyla, una especie de héroe nacional, a la altura de Messi o Axl Rose para ellos. No quiero olvidarme de mencionar lo guapas, en general, que son las chicas de Varsovia.

Y llegado a este punto, me permitiréis una confesión. Yo soy un tipo ruín y poco dado a la sociabilidad. Por eso siempre encuentro incómoda, en mis viajes, la típica situación de cuando tu anfitrión se ve, de algún modo, forzado a sacarte a cenar. Por un lado, se agradece, más que nada porque te llevan un buen sitio, te muestran algo interesante del lugar donde estás, te explican cosas… por otro lado, yo suelo disfrutar más acabando mi jornada y yéndome sólo a pasear, a callejear, a ver lo que me apetece cuando me apetece, acertando a veces, otras veces no. Entendedme, en esta clase de “eventos sociales”, compartes mesa y mantel con tipos con los que, al final, acabas charlando de trabajo, por lo menos en el ochenta por ciento de las ocasiones. Y claro, después de todo el día de trabajo, lo último que me apetece es alargarlo a la noche. Lo doy, sin embargo, como algo más o menos inevitable y que trato de disfrutar como puedo. Pero siempre a regañadientes, lo reconozco: soy así de rancio.


Aunque pueda parecerlo, no hacía de stalker de esa pareja.

En esta ocasión iba yo con mi contacto, la polaca que mencionaba anteriormente. Y con tres tipos más, dos de ellos ex militares. Me llevaron a un restaurante en la zona de los bloques comunistas, una especie de restaurante turístico temático basado en el pasado comunista pro soviético del país, llamado algo así como “La Taberna del Cerdo Rojo”, donde un “cerdo rojo” era, en argot, un colaboracionista del régimen. La comida es bastante pesada, basada, principalmente en carnes, y con los entrantes, me traen un vaso, del tamaño, digamos, de un vaso-envase de Nocilla, lleno con un líquido transparente muy frío que acaba siendo lo que sospechaba: vodka. Aquí el vodka y los las bebidas de muchísima graduación están a la orden del día. Y yo, que soy hombre de pocos alcoholes, vamos, que no soy Keith Richards, precisamente, le pego un sorbito de vieja, de compromiso. Ellos me miran, riéndose, y me dicen que no, que eso se bebe de dos tragos. Ok, vaso entero de vodka a palo seco, sin hielo ni nada, que eso es para moñas, en dos tragos. Y lo hice, claro.


La mejor cerveza de la ciudad.

Entre ese vaso y la cerveza, por lo menos, hicieron que la cena pasase más rápidamente, y me acabaron contando anécdotas de cómo era su vida en pleno régimen, de cómo comprar en una tienda era una pequeña odisea, de cómo ciertos artículos, como el papel higiénico, eran bienes preciados, y de las triquiñuelas que hacían para hacerse con mercancía. De cómo compraban cassettes de música popular del este de Europa, casi las únicas que podían conseguir con cierta facilidad, y las hackeaban para grabar encima otras cosas. De cómo ellos, cuando hacían carreras de biología y bioquímica, robaban el alcohol etanol para destilarse sus propios licores. Cosas que sorprenden pero que son mucho más recientes de lo que pudiera parecer. Yo les conté, entrado en la euforia del alcohol y la comida a raudales, que también “era polaco”, por ese cariñoso apelativo que los españoles usan para con los catalanes... el chiste no les hizo mucha gracia. O no lo acabaron de entender, quién sabe.

Canciones:

The Vaccines: "If You Wanna"
The Young Lovers: "Barbarella"
Unidades: "Much More"


martes, 9 de noviembre de 2010

Fuckin' cold Utrecht

Caminando por Utrecht
No pasaré a comentar las lamentables circunstancias que me han llevado a Breda, ciudad famosa por su rendición pintada por Velázquez, y hoy a Utrecht.


La noche estaba fría


Esta tarde he salido a dar un paseo por la ciudad. Hace bastante frío, unos 3 o 4 grados, lo que para mí es un frío del carajo.
San Nicolás, por lo visto, tenía a un negro. El toque de exotismo necesario en cada leyenda navideña, supongo.

Ya es navidad en Utrecht
Cuando paseo por una ciudad, por alguna estúpida razón, me gusta escuchar “Everybody’s talkin’” de Harry Nilsson. Llamadme clásico.

Esto es gótico y no lo de Robert Smith

Utrecht es una ciudad bastante bonita, con ese rollo holandés tan bucólico de canales y aires decimonónicos. Las bicicletas, la caída de hojas otoñal y las luces de navidad ya instaladas hacen el resto.

Canales y bicicletas

No me quería perder

Las holandesas son bastante guapas, tan rubias ellas.
Acabo engullendo la cena en un McDonald’s, tenía antojo. Cenar a las seis y media se puede considerar cenar?
Hoy me apeteció tomar unas cuantas fotos.


Canciones:
Loquillo y Trogloditas: "En las calles de Madrid"
The Replacements: "Nightclub Jitters"
Kings Of Leon: "Use somebody"

domingo, 6 de julio de 2008

Entradas

Desde hace ya unos añitos, las entradas de conciertos suelen ser una exclusiva de alguna entidad bancaria o bien de una empresa llamada Tick Tack Ticket, que gestionan el evento en cuestión. No estoy por la labor, o por lo menos no ahora y en estas líneas, de juzgar si eso es bueno o malo. No estoy muy seguro, aunque lo de esta suerte de monopolios no me huele bien. Pero no, insisto, la cosa no va de juzgar unos movimientos empresariales en el mundo de la música. Entre otras cosas, este hecho ha provocado que un clásico del rock n' roll como era coleccionar las entradas de conciertos haya perdido la gracia.

A ver, si todos lo hemos hecho. Que levante la mano aquél que en su vida no ha guardado la entrada de aquellos shows que le entusiasmaron. A ver esas manos. Como no veo ninguna, sigo. Y continúo diciendo que desde el desembarco definitivo de Tick Tack Ticket, esa práctica ha perdido la gracia. Porque antes las entradas tenían su gracia. Eran cada una de ellas de un tamaño diferente. Con colores, con el logo o foto de la banda, y no te las vendía un niñato del Fnac que las imprimía, sino el tipo peludo de la tienda de discos de la esquina. Algunas incluso estaban hechas de un papel especial, anti copias. Algunas, digo, otras eran papel normal y corriente.

En fin, ahora ya no tiene sentido, las entradas son un cacho de papel impreso en blanco y negro donde lo único que cambia entre ellas es el nombre y la foto. No es más que un triste impreso, como si fuera un puto estracto bancario. Eso por no hablar de las entradas de Servicaixa y similares. ¿Pero quién querría coleccionar eso? Así que nada, un resorte más hacia la idea de una industria musical fría y aséptica. Sirva esto como homenaje.

The Offspring... mi primer concierto de rock... no te digo ná, y te lo digo tó

Doble cartel rarísimo, pero los Diamond Dogs triunfando... ojo, y con Sulo de baja

Da igual lo que hiciera a partir de entonces, desde aquél día se convirtió en un mito

La banda en su mejor momento, dándolo todo en Bikini... este concierto está en mi top 10

Este concierto fue una pequeña decepción, si lo comparamos con el histórico chou del Azkena

Radiohead eran entonces una banda única. Quién me iba a decir que sería el principio del fin.

Entradas de Tick Tack Ticket... juguemos a las 7 diferencias... por lo visto, no tenían foto de archivo de The Darkness

Canciones:

Def Leppard: "Love Bites"
John Lennon: "I'm Losing You"
Dead Kennedys: "Too Drunk To Fuck"

jueves, 26 de junio de 2008

Viaje a NYC. Día 6 (y último): Estatua de la Libertad

Bueno, hoy hablaré de mi último día en la Gran Manzana, y... ¿no habíais echado de menos algo? Efectivamente, me faltaba la visita a la estatua de la libertad!! Llevaba varios días viendo en los partes meteorológicos que hoy llovería. Sin embargo, ayer, ya lo dije, tuve el día más soleado y caluroso de mi estancia, una temperatura primaveral tirando a veraniega. Pues nada, el jodido hombre del tiempo no se equivocó, y el día despertó lloviendo bastante. Y para colmo, despertó mucho más pronto de lo que debiera, pues tenía tickets para el ferry a las 8h. Briconsejo para quien quiera viajar a NY, si queréis visitar la dichosa estatua, coged los tickets con mucha antelación. Yo lo hice, por internet, cuatro días antes de partir, y la única fecha disponible era esta, el último día y a esas horas intempestivas. Total, que despertarme a las 6'30 no es mi ideal de vacaciones. En fin.

Tras una peripatética cola bajo la lluvia en el muelle, y un desagradable control policial con arcos metálicos como en los aeropuertos (fuera chaqueta, reloj, movil, cartera, gorra y los calzoncillos me los respetaron por decencia) subimos al ferry que nos llevaría a Liberty Island. Atracados en la isla, una nueva cola y la obligatoriedad de dejar la mochila en una taquilla (a 1$ dos horas) me acabaron de poner de mala leche.

Díganme clásico, pero creo que uno no debe irse de NY sin pasar por aquí

Desde 2001 ya no se puede subir hasta la cabeza de la estatua, de modo que sólo es posible subir hasta la base. La visión del monumento me relaja la mala leche, la verdad es que vale la pena, y supongo que las vistas serían de impresión. Lo supongo, tan solo, porque aunque ya no llueve, una bruma cubre la costa y el skyline de Manhattan no se divisa, apenas se puede vislumbrar. En fin, la verdad es que no deja de ser interesante, Manhattan, Brooklyn a un lado, y al otro New Jersey.

El siguiente punto de destino es Ellis Island, donde nos lleva otro ferry. Ellis Island es un islote cercano que alberga viejas instalaciones militares, pero su fama recae en que entre 1890 y primeros de los 50's se convirtió en la aduana de la ciudad, donde recalaban millones de pasajeros, principalmente inmigrantes que eran inspeccionados legal y médicamente, confinados allí en condiciones bastante deplorables. Ahora esas instalaciones albergan el Museo de la Inmigración, con piezas bastante interesantes, especialmente fotografías, pero también documentación, material médico y otras. A la entrada hay un PC con una base de datos en donde puedes introducir tu nombre y comprobar si algún pariente tuyo pasó por esa frontera. Nada, no tengo ningún tatarabuelo americano.

Una cosa me resultó un poco molesta, y es el hecho de que el museo pintaba ese lugar como una suerte de Disneylandia para inmigrantes, aunque la realidad es que se asemejaba más a un campo de concentración. Especialmente para aquellos que por razones médicas o legales no les dejaban pasar (cuarentenas, papeles poco claros, ...) y eran hacinados allí, en unos tristes camastros (que, por cierto, se muestran). La parte de exposición de objetos médicos resulta bastante tétrica, a Marilyn Manson le hubiera encantado.

Busco a Gordon Gekko

Cuando acabo la visita, ya de nuevo en Manhattan, ha vuelto ha salir el sol (hay que joderse). El muelle resulta estar al lado de Wall Street, de modo que me dirijo hacia allí, con curiosidad. Es la hora de comer y hay cientos de oficinistas buscando un puestecillo de perritos, de kebabs o de cualquier otra mierda que engullir. No puedo evitar pensar en Charlie Sheen en la película "Wall Street" cuando veo varios aspirantes a Bud Fox (su personaje en la cinta).

Obviamente, estoy muy cerca de la Zona Cero, y aunque no entraba en mis previsiones visitarla, al final me decido. Y quisiera comenzar diciendo que probablemente sea por una sobreexposición de tragedias en la tele, en los medios y demás, durante 28 años, pero lo cierto es que esas "tragedias televisadas" no me suelen afectar. Puedo estar comiendo tranquilamente mientras veo imágenes del último tsunami o del más reciente atentado. Para mí no es más que una imagen de la tele, o una foto. Estoy muy insensibilizado al respecto. Pero lo cierto es que la Zona Cero me causó impresión. De hecho, no hay nada. Es como la construcción de un inmenso parking en medio de varios rascacielos. Es una obra, con sus camiones, sus grúas y una valla que la rodea. Pero la verdad es que me impresionó. Están construyendo lo que parecen ser los cimientos de un edificio, por lo que sé, eso es seguro, pero no se han puesto de acuerdo aún en el memorial.

La Zona Cero

Y con esto, acaban mis peripencias neoyorkinas. No me extenderé mucho más en esa puerta del aeropuerto para el vuelo NYC-BCN repleta de paisanos con bambas nuevas, con iphones, con chaquetas nuevas, gafas de sol recién compradas y hasta portátiles. Nueva York es la nueva Andorra!! Tampoco me extenderé en las brutales turbulencias que he vivido, las peores que jamás he sufrido, y cogo un par de vuelos al mes. No me queda más que recomendar la experiencia a cualquiera, que por algo más de lo que cuesta un vuelo a Londres o a Oslo, tienes un billete a NY, y además la vida allí (hoteles, comidas, bebidas, ...) es más barata que en Europa. Yo, si puedo, vuelvo el año que viene. Diablos, es la mejor ciudad del mundo!! O eso al menos decía Frank Sinatra!!

Canciones:

Prince: "Fury"
Kiss: "Christine Sixteen"
The 13th Floor Elevators: "You're gonna miss me"

miércoles, 25 de junio de 2008

Viaje a NYC. Día 5: Harlem, Brooklyn y el Memorial Day

Tras unos días de paréntesis, retomaremos el relato de mi viaje a NYC. Y lo hacemos plantándonos en el 5º día. Hoy es lunes, pero sin embargo es un día festivo. En la tele hace tiempo que anuncian programación especial para hoy, y esas cosas. Hoy es el Memorial Day. El chico del hotel me informa que se trata de una celebración en memoria de los caídos en las guerras. Muy yanki todo. De hecho, en un canal temático hacen una maratón de películas bélicas, programando desde "La Gran Evasión" hasta "Rambo", pasando por "Los Cañones de Navarone". No creo que proyecten "Nacido el 4 de Julio".

En fin, con este ambiente de puente tomamos el metro temprano por la mañana, destino a Harlem. Atrás quedan esos años 80's de máxima degradación del barrio, azotado por el consumo de crack. Y mucho más atrás las noches de Harlem de primeros de los 60's. Ya no se trata de una zona poco recomendable para visitar, si bien no se trata de Union Square precisamente. El metro nos deja en la avenida Luís Muñoz Marín, en pleno Harlem Español, donde hay un grueso de población puertorriqueña y dominicana. El día surge radiante, y se nota que es festivo por la poca actividad que se detecta. Pero nuestro objetivo está en el Harlem negro, el de la avenida Malcom X y el Boulevard Dr. Martin Luther King. En esta última calle destaca la multitud de iglesias que hay, una cada tres esquinas. Arquitectónicamente sin interés alguno, unos locales más o menos acondicionados, de diferentes ramas cristianas (protestantes, baptistas, ...) y todas ellas con un cartel o un atril en la puerta donde indican el nombre del reverendo que oficiará misa, y a mí no deja de recordarme a esos teatros donde fuera muestran el nombre de la primera estrella.

Nos adentramos en el barrio y la cosa comienza a verse más cercana a la idea que uno tiene de Harlem. No hay una sensación de peligrosidad ni una degradación muy exagerada, pero no es un lugar para "pasear". Yo, que he vivido casi toda mi vida en la Zona Franca de Barcelona, no podía dejar de recordar mi antiguo barrio. Cuanto menos llama la atención ver a dos blanquitos paseando por esas calles un día festivo de buena mañana. Por si acaso, hablamos entre nosotros en un español muy clarito, para que se vea que somos "de la rassa". Porque nuestro objetivo es llegar a la calle 125, donde se sitúa el mítico Apollo Theatre.

Un pedazo de historia de la música, pero bastante decepcionante...

La 125 es una calle más ancha y con más vidilla comercial. Y allí está, el teatro que fue cuna y también prueba de fuego para todo aquél que tocara soul o R&B. Para el recuerdo quedan, claro, discos míticos en vivo allí registrados, como los de Sam Cooke o de James Brown, quien tuvo su capilla ardiente en el teatro. Sin embargo, la decepción me invade cuando veo el teatro no solamente cerrado, sino que externamente no hay nada que muestre su pasado histórico. Nada!! Ni una triste foto, ni un cartel. Nada de nada, por lo menos en la entrada. En fin, no puedo más que tomarme una instantánea no sin pensar que cómo se puede dejar un lugar con tanta historia de esa manera.

En la 125 veo también muestras del movimiento negro más radical, un tipo tiene en la calle un tenderete donde vende memorabilia de la Nación del Islam, con libros y DVD's de gente como Louis Farrakah. Otro tipo vende fotografías de finales del s.XIX y principios del s.XX donde muestra el mercado de esclavos, muestra esclavos con marcas de latigazos, fotos de fulanos con la ropa del KKK, de negros ahorcados tras un linchamiento en un pueblo del sur o simplemente de las horcas que colgaban de algunos árboles en señal de aviso de lo que les pasaba a los negritos malos de Carolina del Sur.

Aquí ya está todo el pescado vendido, de modo que me dirijo a la otra punta de Manhattan, hacia Brooklyn. Brooklyn me lleva a Paul Auster y a una Nueva York de barrio con sentimiento de pueblo. De hecho, fue una localidad independiente hasta que en 1898 decidieron unirse a la gran ciudad. La parte del puente es la zona bohemia del barrio y recibe el cachondo nombre de DUMBO, que no es más que el acrónimo de down under the Manhattan bridge overpass. El puente de Brooklyn reina en el paisaje y la zona se compone de reformados almacenes portuarios. Hoy está resultando ser el día más soleado y caluroso de todos los que he pasado en la ciudad, y bajo el puente, junto al río, hay unos terrenos con parques, césped y decenas de personas preparando un picnic, paseando al perro o pescando. Me siento en unas rocas a pie de río, con Manhattan al otro lado y el puente por delante y se trata de uno de esos momentos tontos que uno recuerda como de lo mejor del viaje. Me resulta un lugar excelente para sentarse, disfrutar del día, de las vistas que te transportan directamente a las películas de los 70's, relajarse y disfrutar.

Vale la pena sentarse un rato aquí, a disfrutar simplemente de estar ahí.

Y como experiencia final, no hay que dejar de cruzar el puente a pie. Se trata de un paseo largo y con un handicap, está lleno de gente. Lleno hasta la exageración. Pero se trata de una de esas cosas como subir al Empire State Building: hay que hacerlo. Y disfrutar de las vistas, a un lado Coney Island, al otro la Estatua de la Libertad, y al frente el skyline de Manhattan.

Si no es por el balón y el cartel, a ver quién es el guapo que dice que aquí se juega al basket...

Hoy es mi última tarde en la ciudad, y decido invertirla en pasar por Virgin (en Times Square) y gastar unos cuantos dólares más en chucherías. Pero antes paso por el Madison Square Garden, un lugar espectacular porque parece cualquier cosa menos un pabellón deportivo. Parece más bien un edificio de oficinas, y no es de extrañar. El tipo de la puerta me informa de que puede ser que en un piso se juege un partido de Hockey Hielo mientras que en otro piso hay un concierto!!! Y al contrario que en el Apollo, hay memorabilia, fotos de viejas glorias de los Knicks, de Muhammad Ali, de Elvis... un lugar emocionante. Una vez en Virgin, la oferta es brutal, camisetas de Bowie, de Kiss, de Ramones, de Police, de The Clash, de RATM, pero también de Indiana Jones, de Bender o de Padre de Familia. Muñecos, tazas, pegatinas, chapas, por no hablar de los CD's y los DVD's. Aunque paradójicamente, eso último es lo menos interesante. Hoy en día en Barcelona puedes encontrar los mismos CD's y DVD's. Pero la memorabilia no. Al final, acabo con dos camisetas, una muy molona de Mick Jagger y otra que tenía muchas ganas de tener, con el logo del Bada Bing, de mis adorados Soprano.

Mañana por la mañana tengo la última media jornada y siento que me faltan muchísimas cosas por ver, por sentir y por vivir en esta ciudad. Tendré que volver. Por la noche, veo en las noticias que siete personas han muerto en un tiroteo en Harlem.

Canciones:

Guns n' Roses: "Better"
Prince: "1999"
Def Leppard: "Put some sugar on me"

viernes, 13 de junio de 2008

Viaje a NYC. Día 4: Central Park y Soho

Hoy es domingo, el día se levanta con un cielo limpio y un sol insolente que asoma sin piedad ya desde buena mañana. ¿Habría acaso mejor momento para ir a Central Park? Aunque de entrada, la primera parada es en el Metropolitan Museum, a la postre, anexo al famoso parque. Cogemos el metro hasta la parada 86th St. y al salir el paisaje urbano ya ha cambiado. Las moles de oficinas son sustituídas por majestuosos edificios de apartamentos de lujo, con portero uniformado y toldo en la puerta hasta el borde de la acera, para no mojarse los Manolos cuando llueva. La clase de bloque donde viviría Sherman McCoy, de "La Hoguera de las Vanidades". Apenas hay gente por las calles, apenas hay locales comerciales. Solo esa ristra de porteros en cada portal, disfrazados de húsares.

El Metropolitan Museum es uno de esos museos gigantescos que más vale no pretender verlo entero en una jornada. Al final, con esta clase de museos, he optado por no obsesionarme. Busco aquello que me apetezca ver especialmente y paseo tranquilamente un rato, sin esperar ver todas las salas. De lo contrario, uno acaba cansado, agobiado de tanta pieza y sin disfrutarlas. En el caso del Metropolitan, no se puede hacer de otro modo. Su colección de Egipto es muy interesante, y cuentan con muchas piezas de la América precolombina, África y Oceanía, que no me interesan tanto. De casualidad, me topo con una exposición especial dedicada a los superhéroes, de modo que me acerco a verla. Se trata de unas muestras de trajes que se lucieron en las adaptaciones al cine de los superhéroes clásicos (el traje de Iron Man, el que lucía Michelle Pfeiffer en Batman Vuelve, el de Spiderman o el del Superman de Christopher Reeve), algo cutrillo más propio de un Hard Rock Cafe cualquiera, junto a una serie de trajes que diseñadores de moda han hecho ex-profeso basados en los superhéroes (diseños de Armani o de John Galliano, que me hizo recordar ese inmenso gag de Muchachada Nui, de Joaquín Reyes-Galliano y su ayudante Lucianete-Carlos Areces). En general, menos interesante de lo que esperaba. Con decir que era mucho más interesante los carteles con informaciones de cómo los superhéroes son derivaciones de los héroes de la mitología clásica y de mitos y leyendas perdidas en el tiempo, de sus connotaciones políticas, de su simbología, etc..., todo eso más que las propias piezas. Acabo el museo viendo la parte de arte contemporáneo (con bonitas piezas de Picasso, Dalí, Miró o Kandinsky) y de Pop Art (por ejemplo, la clásica imagen de la sopa Campbell de Andy Warhol).


Esta zona se llama Quiet Lane... un cachondo, el que le puso nombre

Tras unas horas en el museo, toca disfrutar del sol del mediodía en esa enorme extensión verde, sorprendente en medio de la ciudad, que es el Central Park. Los neoyorquinos toman el sol en el césped, pasean sus perros o sus niños, juegan, hacen picnic. Y lo cierto es que ese lugar invita a tomar tu espacio en el cesped y relajarse. Comemos por ahí tirados y doy buena cuenta de una siesta al sol, a la sobra de los árboles y con los edificios al fondo.

Con las fuerzas recargadas, el plan es pasarse por la zona homenaje a John Lennon, antes de marchar. Se llama, claro, Strawberry Fields, y está en el lado del parque más cercano al edificio Dakota donde vivía. La zona resulta ser algo decepcionante, está llena a rebosar de gente, de unos fulanos tocando canciones de los beatles con las acústicas, en plan kumbayá y con ese horroroso mosaico en el suelo donde se lee IMAGINE y donde la gente deposita flores. En fin, todo muy tópico. No soy un fan a muerte de Lennon, de hecho siempre preferí a McCartney, pero lo que me carga a más no poder es esa imagen del Lennon como una suerte de bonachón pacifista bobo y hippioso que todo el mundo recuerda, aunque es una realidad deformada. E Imagine es una de esas canciones que para poder volver a disfrutarla debería dejar de escucharla en una década, por lo menos. A la salida te topas con el dichoso edificio Dakota, que no deja de tener un punto inquietante, aunque al parecer, nada de eso parece importarle mucho a Yoko Ono, quien mantiene su apartamento allí.

Little Italy (o lo que queda de ella)

El siguiente objetivo es un paseo por la zona sur. Tomo metro hasta Tribeca, zona famosa por la implicación que Robert deNiro tiene en el festival de cine de Tribeca, y por comenzar a ser una zona de implicaciones arty. Sin embargo, por la tarde es una zona algo degradada y sin mucho interés. Caminando llegamos al Soho (o más bien la zona Soho-Noho-Nolita), y eso es otra cosa. Cafeterías, bares, tiendas de diseño bohemio-pijo se van sucediendo en unas callejuelas pequeñas y estrechas para ser NY, pero resulta ser un paseo agradable.

San Antonio protegge a noi

Tengo interés en ver Little Italy. O lo que queda de ella. Hace ya años que los italianos no se establecen en gueto, y además, sus vecinos de barrio resultan ser un gigante voraz. Little Italy está al lado de Chinatown, y en las últimas décadas, Chinatown ha ido absorbiendo al viejo barrio italiano. Mulberry St es la única calle que mantiene el sabor del viejo barrio, y alberga algunos bares que frecuentaban Lucky Luciano, Frank Sinatra o el último gran capo, John Gotti, que murió en prisión donde estaba desde 1990, como el Mare Chiaro. Cuando llego, resulta que hay una suerte de fiesta mayor del barrio, lo cuál se me asemeja quizás demasiado a las Festes de Sants, con la calle cortada, las paradas de salchichas italianas, las tómbolas o los puestecitos de feria. El aspecto de la calle te lleva directamente a las películas de Scorsese, y una cutrísima imagen de San Antonio corona la calle. Y uno, entre el gentío, no deja de buscar a Silvio Dante, a Paulie o a Tony Soprano. O por lo menos a sus homólogos de la vida real.

Canciones:

Reverend Horton Heat: "Party in your head"
D-Generation: "She stands here"
Afghan Whigs: "My enemy"

martes, 3 de junio de 2008

Viaje a NYC. Día 2: Woodbury Commons y el Empire State Building

El despertar en un día laborable en NYC te aporta una visión del ritmo frenético, no por mítico, menos real, de la ciudad y de sus gentes. Sales por la mañana, adormecido, en busca de un triste Starbucks donde poder tomar uno de esos cafés de tamaño industrial y te topas con unas aceras repletas de gente con prisa, arriba y abajo. Pararse en medio de la calle y llevarse una bronca de un ciudadano yendo con prisa hacia su trabajo, todo es uno. Por supuesto, los neoyorkinos no se sientan a desayunar: compran cualquier cosilla y un café en vaso de papel (si es que a eso se le puede llamar café) y lo engullen por el camino. Algunos puestecillos de café y bollos sustituyen a los de perritos y falafel, que les tomarán el relevo en un par de horas. Los taxis vuelan, el tráfico es complicado, aunque no menos que en Barcelona o en Madrid. Eso sí, en esta ciudad se conduce francamente mal. Cualquier coche, taxista o no, se cruza con total impunidad, se cambia de carril sin intermitente que valga, hace un cambio de sentido prohibido o se para a aparcar sin aviso previo. Y por supuesto, el cláxon constituye un elemento del coche tan importante como lo pudieran ser los retrovisores. En este sentido, el tráfico de Barcelona, aunque más chungo a veces, es mucho más civilizado. Lo cuál no deja de ser extraño, la existencia de esa conducción en un país en el que por menos de nada te pleitean.

Los obreros de NYC no pueden beber ni darle a la necia droja

Está claro que para el europeíto del sur, uno de los alicientes de viajar a USA es el poder sentirse, por una vez ni que sea, como un ciudadano de lujo con una moneda fuerte. Partiendo de la base que NYC, y el país en general no es caro (tampoco lo eran LA o San Francisco), de un estilo a Barcelona, y mucho más barato que Londres, París y ya no digamos Copenhague u Oslo, es posible vivir dignamente en la ciudad (comer, tomar una cerveza o un café) sin arruinarte. Y uno de los alicientes importantes son las compras. La devaluación del dólar (forzada por la banca americana para incrementar las exportaciones) permite una comparación favorable. Y marcas americanas (de ropa, de tecnología, de calzado,...) resultan sorprendentemente más baratas. Hablo de marcas como Converse, como Levi's, como Apple, etc. Y mi recomendación para todo turista que vaya a USA es acudir a realizar sus compras a un centro comercial outlet. Y el de NYC se llama Woodbury Commons.

El Empire State Building, con los motivos de la bandera...

Cada 20 minutos sale de la estación de Port Authority un autobús que se llena de turistas hacia este centro inmenso, a una distancia considerable de la ciudad. De camino me permite observar cómo no sólo se conduce mal en Manhattan: juro que ví un camión saltarse la mediana de una autovía para ahorrarse la caravana que había frente a él. En fin, Woodbury Commons es una delicia para cualquier consumista, a la devaluación del dólar y a los precios más baratos de marcas americanas, hay que sumarle rebajas de entre 20% y 40%. Total, que puedes comprar a precios que para cualquier europeo nos pueden resultar casi increíbles. Ojo, que es fácil perder el control, y recordad que el señor VISA no entiende de excusas!! De modo que allí estaba vuestro amigo Kar, en un arrebato de capitalismo aplicado, rodeado de turistas japoneses, de españolitos que te los encontrabas por doquier, de familias judías ortodoxas, de negras que podrían competir en un campeonato de sumo... el resultado lo vería el día de la vuelta, con esa puerta de embarque del NYC-BCN llena de compatriotas con bambas nike nuevecitas, con portátiles mac, con gafas de sol Ray-Ban... si es que es realmente fácil perder la conciencia de clase, los ideales izquierdistas y hasta la decencia!

El precioso Chrysler Building destaca en la noche de Manhattan desde allí arriba

Por la noche la cosa iba de subir al Empire State Building, que estaba realmente al lado de mi hotel. Lo alto del rascacielos estaba iluminado con las luces en los colores rojo, blanco y azul de la bandera americana, señal de que algo había. Generalmente se ilumina en algún tipo de fiesta (como el 4 de julio), o se ilumina de verde el día de St. Patrick. No acertaba a saber qué se celebraba. El caso es que para ese edificio no hay que reservar tickets de antemano, aunque la cola es bastante antológica. Y qué quereis que os diga, el pasarte tanto tiempo de cola por las interioridades de un edificio, le resta algo de romanticismo. Las vistas son, claro que sí, espectaculares. Y, fetichista que es uno, no puedo dejar de pensar en King Kong agarrado a la cúspide. De noche pierde el factor mirador pero gana en encanto. Arriba hace frío y un viento atroz. Normal, supongo. Es viernes noche, la ciudad se prepara para el golferío, a un lado David Lee Roth celebra su fiesta post-concierto, en otra punta tal vez Huey Morgan de Fun Lovin' Criminals está con una bella dama y hacia el sur los punkies beben en el Lower East Side, mientras que Lou Reed debe estar en una lectura de poesía y los espíritus de Johnny Ramone, de Andy Warhol y de Truman Capote rondan por ahí.

Canciones:

Keith Richards: "You don't Move Me"
The Strokes: "NYC Cops"
The Sonics: "The Witch"

sábado, 31 de mayo de 2008

Viaje a NYC. Día 1: Llegada

Cuando uno viaja a Nueva York siempre piensa que se encontrará con famosos. Que un buen día se tropezará con Tom Wolfe, que desayunará en el mismo Starbucks que David Letterman o que verá pasear al perro a HueyMorgan. Yo en su lugar me topé con lo más granado del star system de la tele catalana, ni más ni menos que Joel Joan, quien viajaba detrás mío. Decepción. Pero bueno, el vuelo fue plácido y los trámites aeroportuarios, no por poco problemáticos, fueron menos pesados. El caso es que hacia las dos, hora local, llegaba al que iba a ser mi cuartel general en esta aventura neoyorkina, el Hotel Deauville. Entra dentro de la catalogación de "hoteles con encanto", un eufemismo como otro cualquiera para calificar un hotel muy viejo, y fijáos que digo viejo, no antiguo, y cuyo único encanto era su precio y su situación, eso sí, de lujo: 29th con Park Avenue. De eso se trataba, no obstante. En la mayoría de viajes los hoteles no son más que un agujero donde caes rendido para dormir, de modo que con que estén limpios y medio decentes, yo me doy por satisfecho. Y el Deauville cumplía espectativas.

Esto era lo más bonito del hotel

Un rápido chequeo a un periódico gratuito me permite informarme que sólo hay dos conciertos interesantes estos días. Uno, ya lo sabía, Van Halen mañana en el Madison Square Garden. Dudo que haya entradas, éstas son, además, algo caras, y Van Halen no son de mi máximo interés. Por supuesto que me gustaría ver su concierto en el Madison, pero el dinero hay que administrarlo, la ciudad ofrece demasiadas tentaciones como para acogerse a la primera. Descartados los hermanos Van Halen, leo que el sábado tocan en el Fillmore East los Detroit Cobras, como teloneros de X. Hombre, eso es otra cosa. El hecho de ser teloneros me da palo, ya que los X no son una banda que me mate de placer. Pero pinta bien. Hechos los trámites, puedo aprovechar la genial situación del hotel y echar un paseo por los distritos del Midtown y acercarme a Times Square.
Para no perderte, puedes tomar el Empire State Building como referencia

La primera sensación al llegar a la ciudad supongo que es común, y se trata de la sorpresa y la emoción al ver materializados en realidad todo aquello que hasta el momento pertenecía a las películas de Scorsese, de Woody Allen, a cientos de miles de imágenes que la tele ha grabado a fuego. Cosas tan estúpidas como los semáforos, el vapor de agua brotando de las alcantarillas, los edificios con escaleras de emergencia, los taxis amarillos o esas aceras repletas de gente para arriba y para abajo. Me sorprenden dos cosas, la multitud de taxis que hay constantemente circulando, algo exagerado, y la multitud de puestecillos de comida que pueblan las aceras. Cada 300 metros hay un puesto de perritos calientes, de falafel, de fruta cortada, de almendras garrapiñadas... el humo de una plancha calentando pinchitos morunos, el olor a comida oriental ultra especiada, y todo eso sumado a la multitud de locales McDonald's, Kentucky Fried Chicken, pizzerías varias y demás hace que no me extraña ver tal cantidad de gordos.

Tópicos de NYC en imágenes

En un paseíllo subo Broadway y llego a Times Square, y sí, probablemente sea el máximo significado de la sociedad consumista y blablabla... pero me quedo boquiabierto con esa explosión de gentío, de luces y esa sensación de ser una suerte de zoco postmoderno. Me intereso por la oferta de musicales, hay dos que me llaman la atención, Young Frankenstein, efectivamente, la obra de Mel Brooks y Jersey Boys, una obra basada en la historia de Frankie Valli And The Four Seasons, que tiene buena pinta. No en vano, Valli y sus chicos son los autores o los que popularizaron canciones míticas como "Can't get my eyes off of you" o "Stay (just a little bit longer)". Tomo nota de horarios y precios (algo abusivos), tal vez vaya a alguno, aunque el teatro musical no es una de mis prioridades.

El zoco cibernético de Times Square

Caminando un poquito más es sencillo llegar a la zona del Rockefeller Center, que me impresiona menos de lo que pensaba, y localizo el Radio City Music Hall, para cumplir con una rutina fetichista de lugares que se irá sucediendo a lo largo del viaje. En seguida es fácil de ver como la zona de Times Square y aledaños es una especie de parque temático turístico, atractivo, pero algo forzado. Y compro mi primer capricho neoyorkino, una gorra clásica de los Yankees, la clásica con la N y la Y en blanco sobre la gorra azul. Desde siempre me ha gustado esa gorra, y bueno, este era un buen momento para comprarla, ¿no?. De bajada al hotel, de repente paso por una calle llena de rótulos orientales, restaurantes coreanos, casas de masajes y de chinos/japoneses/coreanos/lo que sea... de repente, resulta que he entrado en la 32nd entre la 5ª avenida y Broadway, vamos, que he entrado en Little Korea. Me voy con la sensación de que hay que estar atento, porque de repente se encuentras cientos de pequeñas cosas que llaman la atención.

Canciones:

Mark Knopfler: "The Long Road"
Kiss: "Goin' Blind"
Pixies: "Debaser"

viernes, 28 de diciembre de 2007

Como Robert Capra

Esto de llevar siempre la cámara de fotos incorporada en formato móvil hace que a uno le salga de vez en cuando el venazo Robert Capra. Qué le voy a hacer, si en el fondo siempre quise capturar la realidad para manejarla a mi antojo...

Esto es lo que pasa en el interior de una sala de museo cerrada: que se acaba acumulando el arte como cuando llevabas ocho meses prometiéndole a tu madre que ibas a recoger tu habitación. Esto es el Museo del Louvre.


Es la nave de "Encuentros en la tercera fase"??? Es la familia de ET, que ha venido a por él? noooo, son The Rolling Stones en directo, el verano pasado. Unos tíos humildes, nada, cuatro tablas para escenario, dos guitarras,...


Pura manualidad en forma de arqueología rockera. Una cartulina grande, unas cuantas fotocopias, la mayoría de ellas de Popular 1, y listos. Quién necesita posters, cuando te los puedes hacer tú mismo? Se pasó más de una década en mi habitación de casa de mis padres. La redacción de NDK regala un lote de productos Cacaolat a quien sea capaz de enumerar todos los grupos y artistas que aparecen en el collage.

Este poster me lo regalaron cuando cumplí 18. Entonces acababa de descubrir a Kiss, y creedeme, eso fue un descubrimiento!! También se tiró bastantes años colgado de esa pared. Detrás, mis amigos entonces hicieron aquello tan típico de firmar. Apuesto a que, de todas las rúbricas, sólo mantengo contacto con dos o tres de sus propietarios/as.

Ya se lo dije a Lorenzombie que la moda de piel era el negocio definitivo: chupas, pantalones de cuero, botas camperas, cinturones de tachuelas... la moda piel rockea!!

Canciones:

The Sonics: "Don't You Just Know It"
The Offspring: "Gotta go away"
Alice Cooper: "Elected"

miércoles, 28 de noviembre de 2007

USA Kar Tour 2007. Día 13: Epílogo con jet lag

Bueno. Ya está. Se acabó la aventurilla. Podría decir que se acabó el sueño (americano), pero es que de sueño (el de verdad), tengo un rato largo. Era el primer viaje transoceánico que hacía, y yo que siempre pensé que esto del jet-lag era una pijada… me he dado cuenta de que no. Y ahora estoy, levantándome a las 6 como si hubiera dormido hasta mediodía, y luego, durante el día, durmiéndome por las esquinas.

Estoy cansaooooo

Atrás quedaron las calles de San Francisco, las playas de Hawaii, el vicio de Las Vegas y ese todo que es L.A. (calles, playas y vicio). Y me he vuelto con la sensación de que no he tenido tiempo de casi nada. Para un futuro (esperemos que no muy lejano) queda un viaje a California, dos semanas, alquilando un coche en San Francisco y dejándolo en San Diego , con una noche en la ciudad del juego, las luces de neón y el vicio, pasando por el desierto de Mojave y por Joshua Tree, visitando la frontera mexicana y circulando por la mítica Route 66. En fin, esperemos que no muy lejano.

Y yo? Pues a volver a la realidad. Qué remedio me queda. Y diablos, que me quiten lo bailao. Espero que hayáis disfrutado del relato. A partir de ahora, NDK volverá a su temática dispersa de siempre. Y a ahorrar tocan. Ale, besos, abrazos y arrumacos varios.

Canciones:

Miqui Puig: “Segundo Premio”
Maurice Ravel: “Bolero”
The Offspring: “Nitro (youth energy)”

miércoles, 21 de noviembre de 2007

USA Kar Tour 2007. Día 10: Pearl Harbour o la conexión Catalunya-Hawaii

Hoy el día tiene un nombre propio, y no es otro que el de Pearl Harbour. Efectivamente, en la isla de Oahu está la base naval americana de Pearl Harbour, que en 1941 pasó a la historia por ser bombardeada por la aviación japonesa y precipitar, así, como quien no quiere la cosa, la entrada “oficial” de los EEUU en la 2ª Guerra Mundial. De modo que por la mañana tomo un autobús camino a la base militar. Yo, como otras decenas de turistas, esta vez abunda, sin embargo, el turista americano viejuno. De hecho, la visita real está en el Memorial USS Arizona, ya que obviamente, el recinto militar es privado. Es en esta base donde transcurre la historia en “De aquí a la eternidad”, que vi no hace mucho, y claro, cuando llego y observo al tipo de la recepción, vestido con el uniforme y ese sombrero de ala ancha militar como el que llevaba el sargento Maggio/Frank Sinatra, eso y recordar el film es todo uno. Por cierto, me encantan los autobuses hawaianos porque especifican muy claramente lo que está prohibido hacer dentro!!

En los autobuses hawaianos está prohibido mear, cagar y escupir... ¿está claro? Como en los de Barcelona no indica nada, supongo que se podrá...

Sin embargo, hay un problema. Hay una visita guiada, que es la que realmente te lleva al dichoso Memorial USS Arizona, y extrañamente es gratis, lo que ocurre es que se ha de pasar por grupos predeterminados, en un tour que incluye un documental, una visita y finalmente el monumento. Y me comunican que me debo esperar 2 horas… me temo que mi interés por Pearl Harbour no es tanto. Así que desisto y me doy un paseo por el museíllo que hay y por la parte visitable de la base. Todo muy peliculero, claro. Una pena lo del monumento, se trata de uno de los barcos que el bombardeo hundió, lo tienen bajo el agua y se puede ver desde una suerte de estructura por encima. Pero vamos, que no. Mi sorpresa del día viene al ir a salir y toparme en la recepción con una serie de trípticos explicativos, en varias lenguas, todas ellas indicadas en un cartel, con la bandera del país correspondiente. Cuál sería mi sorpresa cuando veo una senyera, entre todas esas banderas. Extrañado, le pregunto al militar por el panfleto en catalán. Parece no entenderme, y me pide que le señale la bandera. Al hacerlo, me dice “ah, castilian”. Al mirarle extrañado, me dice que ellos lo llaman así, que si no es eso. Le comento que no, que es “catalan” (así, en esdrújula en inglés) y me pregunta que qué diablos es eso del catalán. Y ya me ves a mí explicándole la realidad nacional catalana a un militar americano en Hawaii. Cuanto menos, surrealista. En fin, me hacía ilusión este fetiche, más sabiendo que ningún museo ni europeo ni español tiene información en catalán. En el tríptico reza “Agraïm la vostra donació”… hummm, me temo que la US Army se va a quedar sin donación por parte de Kar.

Por lo demás, la vida pasa apacible en estas islas. A la puesta de sol hay un espectáculo de Hula en el paseo de la playa. El hula es el baile típico de Hawaii, mezclado con muchas influencias de la música americana de los 40’s y 50’s. Esta noche, una orquestilla de 4 músicos y un cantante que es la versión hawaiana de Falete tienen espectáculo. Los bailarines son hombre y mujeres, y rompiendo el topicazo, ellas no van con faldita de paja (o lo que sea), sino con un vestido que estampado como la típica camisa hawaiana. Y para romper otro tópico diré que (y que se vea que generalizo impunemente) la hawaina auténtica, la de raza polinesia, no es una belleza ni mucho menos. Por lo general son unas gordas de pelo muy largo y eso sí, unos rostros agraciados. Pero vamos, otro mito por los suelos. El espectáculo, sin embargo, está bastante entretenido. Por la noche, para la cena, me reencuentro con un viejo amigo que seguro echaré de menos a mi vuelta a casa: Jack In The Box. La mejor hamburguesería de USA también en el estado 50º.

Una cuadrilla pasa después la mopa para limpiar los fluídos vaginales

Esta noche me dedico también a mirar por la tele otro programa que me tiene enganchado, también en VH1, se trata de Rock Of Love. En este caso, se trata de una suerte de Gran Hermano en el que una docena de chicas se encierran en una casa con un objetivo, conquistar a Brett Michaels, quien antaño fuera un rockero, cantante de Poison (banda que tuvo algunos singles majos en los 80’s) y ahora es una parodia de sí mismo. Pero mola, las chicas son todas aspirantes a camarera de bar rockero, bastante buenorras en general, bastante patéticas también. Y Brett se dedica a pasearse de tanto en tanto por la casa (no vive allí), a lucir modelazos que harían las delicias del actual Steven Tyler, a poner morritos en su cara repleta de botoxx y a dejarse querer. En fin, ya lo comentaba hace unos días con Peter Fonda. Es evidente que Brett Michaels no fue nunca Axl Rose, ni Poison una banda que pasará a la historia del rock n’ roll, si bien hits como “Talk dirty to me” o “Every rose has its thorn” están más que bien. Supongo que todo el mundo tiene derecho a ganarse la vida. Michaels, por cierto, es un amante del arquetipo rubia con tetas, de hecho mantuvo una larga relación con Pamela Anderson antes de que esta se casara con Tommy Lee, cosa que atestiguan algunos videos cerdos de la pareja que rondan por ahí. Pero vamos, que después de haber visto a Ozzy o a Gene Simmons, yo ya no me sorprendo de nada.

Canciones:

Paul Westenberg: “Dislexyx heart”
Weezer: “Undone (The sweater song)”
Poison: “Talk dirty to me”

domingo, 18 de noviembre de 2007

USA Kar Tour 2007. Día 9: Sandy Beach, baby

Se supone que estoy en Hawaii, ¿no? Se supone que esto debe estar lleno de playas más o menos paradisíacas, alejadas del bullicio de Waikiki. Una vez más mi perrería para alquilar un coche me pasa factura, y sin embargo, me entero de que hay una playa maja alejada de Honolulu, a la que se puede acceder con cierta facilidad mediante un autobús. De modo que aunque hoy el día ha despertado gris y el cielo cubierto de nubes, diablos, tengo que ir a ese lugar, ni que sea por su sugerente nombre: Sandy Beach.

Ok, el día está chungo, y más a medida que nos acercamos a Diamond Head, cuya cumbre está siempre nublada, lo cuál proporciona una estampa bonita cuando uno ve un sol resplandeciente en Waikiki y una cumbre borrascosa al fondo. Cuando llegamos, tras unos cuarenta minutos de bus, definitivamente el día no mejora, y hace un aire considerable. Mejor, pues se trata de una playa perfecta para los surfistas, que pueblan sus aguas. Y al fondo, nada de hoteles enormes. Sólo una montaña y vegetación. Mola. Al acercarme al agua, me doy cuenta de que la cosa está chunga. Un oleaje atroz y una corriente peligrosa. Me meto, claro, pero pronto me doy cuenta de que mejor no alejarme más de 10 metros de la orilla. Soy un buen nadador, y me gusta nadar en el mar, alejándome de la orilla. Pero por eso, precisamente, sé que sería una imprudencia muy peligrosa hacerlo en Sandy Beach. Tal vez sea por ello que en una playa no tan grande hay 2 casetas de vigilante, y que en toda la playa hay plantados unos carteles de lo más gráficos.


Que no se diga que no avisan...

Pero está bien, y me divierto como un enano saltando olas verdaderamente grandes y potentes. Poco después me entero de que Sandy Beach es la playa con más avisos a emergencias de todo Hawaii, muchos mueren por rotura de cuello (por los revolcones con las olas), otros sufren lesiones medulares, y hay un gran número de ahogados cuyos cuerpos no se encuentran, debido a que la playa da a la corriente del canal entre islas. Ni que decir tiene que disfruto como un enano.


La mar está brava en Sandy Beach

Llevo bastantes días fuera de casa y mi alimentación ha dejado mucho que desear, de modo que me propongo, en lo sucesivo, comer más decentemente. Y es que es muy fácil acostumbrarse a los desayunos continentales, a las hamburguesas para comer y a cualquier otra mierda para cenar. Esto es América, aquí es todo grasiento y sobre todo, muy grande!!

Durante estos días me he enganchado a un programa titulado I Love New York, de VH1. En realidad es un reality en el cual una serie de maromos (10 o 12) han de convivir y pasar una serie de pruebas para ligarse a una tal Tiffany Pollard, conocida como “New York”. Y aunque con un cuerpo voluptuoso, la tal New York es una negra fea y gritona, una individua con la que no aguantaría yo ni 10 minutos en la misma habitación. Y sí, el programa proporciona vergüenza ajena en cantidades industriales, pero hey, me he enganchado!! Antes de mi siesta, necesito saber qué tal van los avances de los pretendientes!! Y por supuesto, mantenerme al día de la actualidad de la Pantoja de USA, Britney Spears y el show con sus hijos.

Canciones:

Dean Martin: “That’s Amore”
Más Birras: “Cass, la chica más guapa de la ciudad”
Mott The Hople: “The Golden Age of Rock N’ Roll”

sábado, 17 de noviembre de 2007

USA Kar Tour 2007. Día 8: Waikiki mon amour

Está claro que la cosa, en esta isla, no va de grandes visitas culturales, ni de emociones fuertes, ni siquiera de gran actividad, por lo menos no otra que no consista en retozar en la playa y aprovechar las bonitas puestas de sol en Waikiki para dar paseos, entremezclándome con la muchedumbre de pintoresco turismo.


Hoy hay una absurda visita que nos lleva a los pies del Diamond Head, el volcán más famoso de la isla de Oahu, y una pequeña tournée por Honolulu. Comenzaremos por el final diciendo que Honolulu es una ciudad bastante fea, con un interés casi nulo. Hablo, obviamente, de la Honolulu "real", no ese extraño Port Aventura que constituye el sector de Waikiki. A la ladera del Diamond Head está una urbanización más o menos de lujo, exáctamente donde vivía Higgins, el jefazo de Magnum. Pero vamos, que el interés acaba ahí. Nuestro guía es un argentino que se llama, cómo no, Diego. Desde que uno aterriza, por todas partes oye recomendaciones de una especie de parque temático que es el Centro Cultural Polinesio. La visita dura un día entero y cuesta pasta, y la verdad, no estoy convencido. Cuando ya cojo algo de confianza con nuestro guía para esa cutre excursión por Honolulu, Diego, le comento mis reservas ante esa visita al Centro dichoso. Le acabo sonsacando que es "una mierda" (dixit) y que se "avergüenza de llevar a los turistas allí". Ok, se puede decir más alto pero no más claro. Nada de Centro Cultural Polinesio.

Una cosa me llama la atención, y es el orgullo que siente este pueblo, de su extinta monarquía. Resumiendo, un rey de nombre muy cachondo, Kamehameha, fue capaz de unificar a base de invasiones a todos los pueblos del archipiélago, y establecer una dinastía monárquica que se extendió hasta finales del s.XIX. Resulta curioso ver la admiración hacia esa familia real, que durante el s. XIX había adquirido las estructuras y los hábitos de cualquier rancia monarquía europea. Como comenté, la monarquía Hawaiana fue derrocada a finales del s.XIX con la connivencia de los Estados Unidos, y ahora poco queda, más allá de estatuas y algún que otro monumento. Pero insisto, no estoy por la labor de ir poco más allá del relax, playas y paseos.
La temperatura es muy buena, no hace un calor aplastante y por la tarde, cada día, cae lo que doy en llamar "la lluvia de las seis". Efectivamente, todos los días, sobre esa hora caen cuatro gotas, durante unos minutos, lo suficiente como para refrescar un poco el ambiente. Mis horarios cambian totalmente, me levanto antes, como antes, ceno mucho antes y me retiro al hotel a horas en las que en casa ni habría pensado. En mis paseos por Waikiki aprovecho para adaptarme a la costumbre turística local y adquiero abalorios (collarcitos y pulseras) que obviamente uno puede encontrar en cualquier mercadillo jipioso, pero diablos, estoy en Hawaii, y es lo que toca. Aprovecho también para hacerme con una camisa hawaiana. Sospecho que se trata de una prenda que es posible sólo luzca en estas tierras, y llegado a casa, acabe por no ponerme. Cosas de ser un mitómano (y tener un punto hortera, lo reconozco). Por las noches abundan los locales rancios, de hace varias décadas, donde se recluyen los turistas americanos más mayorcetes. Una pequeña banda toca estándares como "Sway" y esta ranciedad, el ambiente asiático y estas melodías antiguas hace que me recuerden a las localizaciones de Saigón de las películas sobre Vietnam de los 70's.


Los moteros más míticos del cine de los 70's

Como me dedico a vaguear, aprovecho para leer la última novela de James Ellroy, "Loco por Donna", y para ver algo de tele americana. Me llevo una pequeña decepción cuando veo al mítico Peter Fonda, coprotagonista de Easy Rider, presentando un anuncio de teletienda en el que se vende una colección de CD's con música de los 70's. El anuncio ahonda en el más triste patetismo (ya sabéis, ese tono que lo mismo sirve para vender cuchillos que un aspirador o que, en este caso, una colección de CD's). Entiendo, claro, que todo el mundo tiene derecho a vivir y a ganarse cuatro perras, aunque sea a base de arrastrar por el barrio la leyenda del motero más mítico (con permiso de Dennis Hopper) del cine. En fin, que una pena.
Canciones:

The Bellrays: "Fire on the moon"
Raging Slab: "Don't Dog Me"
Smashing Pumpkins: "Drown"