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miércoles, 16 de mayo de 2012

2934


Esa es la respetable cifra de tweets que llevo. Porque, por si alguien no se ha fijado, entre toda la morralla en la columna derecha de mi plantilla de blogger, tengo Twitter. @carloskarmolina , nombre tontito y cutre que utilicé, presa de la impetuosidad del momento, y que ahora no voy a cambiar. Si es que con esto de los nombres, hay que tener cuidado. Uno se deja llevar por la emoción, embriagado de una rápida respuesta, en un lo quiero y lo quiero ahora, y acaba teniendo estas situaciones. No, no me lo cambiaré, aunque reconozco que hubiera estado mejor algo como @maxpower o @xraymadman.

Me hice una cuenta de Twitter hace como un año y medio, movido por la lectura de artículos en los que se decía que era el summum de la modernidad, amén de una ventana al mundo, a la cultura, la contracultura, y al contacto más directo con artistas, músicos y demás faranduleo. La realidad es que no me aficioné realmente a esto del Twitter hasta hace cosa de 9 meses. Por lo que se puede decir que de esos 2934 tweets mencionados, unos 2900 son de este período.

Al final, como todo, el tiempo, qué jodío, pone las cosas en su sitio. Incluido el dichoso Twitter. Ahora se pierde el culo, así, en general, hablando mal y pronto, por lo que se comenta en Twitter, los medios de comunicación tratan de sacar tajada, y parece que lo que no es trending topic (TT), simplemente, no es. No existe. Y queridos, se lo digo aquí y ahora. Todos los trending topic son asuntos populares, pero no todos los asuntos populares son trending topic. Y francamente, es mejor así. Una ojeada a los TT de cualquier momento son como para deprimir a cualquiera que no tenga a “Mujeres, Hombres y Viceversa” como referente cultural de cabecera. La política más populista, fútbol y temas relacionados con la tele están siempre presentes. Luego hay un sector de fans en el sentido más “SuperPop” del término (los que pasan la treintena me entenderán) que necesitan que su idolito del momento esté presente en ese concurso de popularidad constante. Así, Justin Biever, Lady GaGa o 1D siempre tienen su espacio. Y finalmente, otros asuntos más naïve, si me lo permitís... cada mañana hay un TT de Feliz Lunes, o Feliz Martes, o TGIF (Thanks God It's Friday)... a mí, personalmente, me pone particularmente violento mirar el móvil un lunes a primera hora de la mañana y encontrarme eso de “Feliz Lunes”... ¿Feliz Lunes? Feliz estaría si pudiera reventarte los dientes con un bate de beisbol, jodido baboso.

El asunto de seguir a músicos, gente del cine o escritores, suele llevar a decepción. No olviden esto, queridos, lo mejor del Twitter son los anónimos, no los famosos. En general, las opiniones de ese músico que tanto te apasiona, por lo menos las que vierte en los 140 caracteres, suelen ser entre aburridas y causantes de vergüenza ajena. Lo cuál humaniza, claro. Sí, habrá actuado en ese peliculón, y habrá hecho un papel de esos que te llegan al alma, pero diablos, qué soso es y qué opiniones de mierda refleja. Y al final, el business es el business, y una gran mayoría utilizan el Twitter básicamente como una herramienta de promoción. Hoy actuaré en Denver, qué bonita ciudad. Hoy me entrevistan en el programa del Canal 52, no os lo perdáis. Y así.

De modo que si algo he descubierto, es que lo mejor de Twitter son los anónimos. Realmente, hay mucha inventiva, sentido del humor, ironía y, en general, calidad, por ahí fuera. Y es curioso, porque hay algunos tuiteros que resultan ser una suerte de estrellitas de este pequeño firmamento, anónimos con miles de seguidores. Probablemente, merecidos. Y bien por ellos, el Twitter es, finalmente, eso, seguir lo que dice una persona. No la sigues por sus obras (entonces entraría en el capítulo mencionado anteriormente de músicos, actores, etc...) sino por lo interesante o divertido que son sus tweets. Si Twitter tiene una esencia, es ésa.

Por supuesto, también se puede usar como una red social de comunicación y de contactos, un poco lo que habían supuesto messengers, foros, chats y hasta Facebook. Yo mismo también lo uso en ese sentido, y me ha proporcionado grandes momentos. Algunos de ellos verdaderamente divertidos, interactuando con gente que conocía, pero también (y ahí está la gracia), con gente que no conocía. Personalmente puedo decir que hay muchos momentos de tedio que me los apaña el mirar la pantallita del móvil, y al final, acaba creando una suerte de adicción.

Acabaré diciendo que aunque con alguno de mis lectores de este blog ya interactúo vía Twitter, me gustará hacerlo con quien lea estas líneas y le apetezca. Ya sabéis, @carloskarmolina

Canciones:

Radiohead: “Vegetable”
Alabama Shakes: “Hold On”
R.E.M.: “Country Feedback”

domingo, 31 de octubre de 2010

Kar y el Twitter

Era una situación que tarde o temprano sabía que me iba a pasar. Y es que soy un tipo impresionable y mitómano, qué le voy a hacer. Y si David Bowie dice que el Twitter es lo más, quién soy yo para no rendirme al Duque Blanco? Al final, estaba claro, he acabado por abrime una cuenta de Twitter, o como quiera que se llame el proceso de tener un Twitter de esos. @carloskarmolina , por si alguien quiere ser mi amiguito virtual. Seré como un Tamagotchi, y mientras no me des de comer más tarde de las doce, todo irá bien. Eso de "seguidor" me parece demasiado. Qué daño hacen algunas traducciones, con las palabras tan bonitas que nos enseña Internet, que ya lo decía Enjuto Mojamuto: twitter-follower-twitter-follower-twitter-follower

De momento llevo unos días, y la decepción número uno es que no me siento más "cool". Así que no sé cuánto me durará el asunto. Por ahora, todavía me hace gracia la combinación smartphone+red social. De repente, me aburro, cojo el móvil y escribo "me aburro". Para que todo el ciberespacio sepa que me aburro. He llegado a estar mirando internet con el teléfono desde el wáter, supongo que en una evolución (tecno)lógica de la clásica revista dominical del periódico, cuyo final más habitual es un revistero de un labavo. El día que escriba un tweet que diga "Estoy cagando. Qué a gusto me estoy quedando" os doy todo mi permiso para borrarme de vuestro Twitter, de vuestro Internet y de vuestra vida.

Canciones:

Curtis Mayfield: "Move on up"
The Dirtbombs: "Livin' in the city"
Diego Vasallo y El Cabaret Pop: "Polaroids"

domingo, 17 de octubre de 2010

No voy a hacerlo más...

Ayer tuve un pequeño acto de rebeldía estúpida frente a la estupidez que ya aceptamos como inherente. No sé dónde me había dejado los auriculares, de manera que tenía mi teléfono, que ahora también me hace las veces de reproductor de música, pero no el medio físico para escuchar esta música. Y pensé... y si? Y lo hice... era un trayecto muy cortito, pero diablos, me apetecía escuchar música. Y si cualquier niñato que se precie ha abandonado su dependencia a los auriculares, y ya de paso, cualquier forma de decencia y de respeto por los demás, amén del buen gusto, por qué iba a ser yo menos. Lo sé, el estatus de “niñato” hace ya varios años que lo abandoné, por lo menos en lo que al plano físico se refiere. Aún así, pasada la vergüenza inicial (lo reconozco, la tuve... ¿me estaré haciendo viejo?), disfruté escuchando a Soundgarden y a Queen, móvil en mano, como si de loro ochentero se tratara, ante la mirada extrañada de algún que otro transeúnte que pasaba, incluido aquel grupete de adolescentes que miraron con cara de no entender absolutamente nada. Uno de esos actos en que la rebeldía se transforma en la idiotez más supina, pero mirad, qué queréis que os diga, lo disfruté. Aunque sólo fueron cinco minutos. Y prometo no hacerlo más. Palabrita del niño Jesús.

Canciones:

Soundgarden: "Drawing flies"
Queen: "It's a beautiful day"
Manic Street Preachers:"The Descent (Pages 1 & 2)"

jueves, 14 de octubre de 2010

Smartphone

Me he comprado un teléfono móvil nuevo. Se trata de uno de esos móviles nuevos, de ultimísima generación, que incluyen reproductor de emepetrés de muchos gigas, cámara de foto, de vídeo y de lo que haga falta, conexión a Internet, acceso a e-mail y supongo que si lo configuro propiamente, incluso llegaría a hacerme algún tipo de favorcillo sexual. Mi puerta de entrada a la modernidad más repelente, vamos. Ni que decir tiene que me siento el tipo más molón del barrio. Un smartphone, que le llaman. Me encanta la palabra. Smartphone. Ahí queda eso.

El caso es que por lo que se ve, estos teléfonos (porque al final, son teléfonos, ¿no?... no sé...) no admiten una tarjeta SIM normal y corriente. No. Requieren una tarjeta SIM más pequeñita. Tiene aspecto de “El Chip Prodigioso”. Y allí estaba yo, con mi tarjeta nueva insertada en mi flamante móvil nuevo, cuando me di cuenta de un detalle... en la tarjeta SIM anterior, la grande, la del teléfono viejo, esa que por lo visto ya no vale para nada, tenía toda mi agenda de teléfonos. En fin, tampoco es que sea el chico más popular del instituto. Tampoco es que tenga una agenda tan amplia ni una multitud de personas constantemente llamándome y enviándome SMS. Pero llegaba el momento de la tediosa tarea de traspasar a mano todos los teléfonos de los contactos. Vamos, que tanta modernidad para acabar haciendo lo que hacía mi madre cuando se compraba una agenda nueva: transcribir todos los contactos al nuevo cuaderno.

Cómo se le activa el bluetooth a esto?

Me puse manos a la obra y comenzó la primera duda. Todos? Noooo... demasiados para un nivel de vagancia como el mío (demasiado pocos, probablemente, para el tipo más popular del instituto). Filtremos pues. Primero los más utilizados. Familia más directa y los amigos con los que he quedado esta noche. Y con todo ello, la primera constatación del moderno mundo imbécil. Si mi madre me llama al móvil y no se lo cojo (no tengo costumbre de contestar a llamadas de teléfonos que no conozco), ya tenemos a una madre ciertamente preocupada. Y en cuanto a los amigos, ahora ya no se queda con nadie. Estaremos en tal sitio. Si uno llega y no hay nadie, automáticamente llama. Dónde estás? O si uno llega tarde, llama también. Oye, que me he liado y llego en 5 minutos. Adiós a esa clásica costumbre de esperar.

Y al final me di también cuenta de la cantidad de contactos que tengo y que ni uso. Es, probablemente, un buen momento de hacer limpieza. Amigos que ya no lo son. Amigas que nunca lo fueron (lo que quería). Conocidos y saludados varios. Cuánto tiempo hace que no hablo con Fulano? Y por qué tengo 3 números diferentes de Mengana? Cuál será el que utiliza ahora mismo... si es que es alguno de ellos. Vale la pena mantener el teléfono de esa persona con la que tuve relación hace algún tiempo pero ya hace años que no?

Pero cómo quieres que este hortera tenga un millón de amigos??

Esta bonita reflexión me podría servir para hacer una crítica fácil de la ligereza con la que se llevan las relaciones. Hoy somos amigos, mañana no. Hoy tomemos un café, mañana no te saludo. Y cómo de estúpido es mantener a toda costa un contacto con una persona que en el fondo, no nos interesa, por aquello de acumular contactos y hacernos sentir mejor, en una versión más sofisticada de aquél “yo quiero tener un millón de amigos” que cantaba el hortera de Roberto Carlos. Y sin embargo, esta vez no. Esta vez me puede servir para pensar en por qué aquellas personas alguna vez pasaron por mi vida y ahora ya no están. Qué falló, y sobretodo, si tal vez lo hice, y posiblemente así sea, en qué fallé. Es demasiado fácil esta postura misántropa de que realmente nadie está a tu altura. Pero al final, cuando sólo vemos idiotas por todas partes, puede ser que el idiota resultes ser tú mismo. Reflexionemos, pues, amigos.

Canciones:

The Cardigans: "Carnival"
Guns n' Roses: "Sorry"
David Bowie: "Young Americans"

domingo, 9 de marzo de 2008

El loro

De un tiempo a esta parte vengo encontrándome con una situación que no deja sino de producirme una desagradable sensación de déjà vu. Supongo que muchos os habréis encontrado también con la misma experiencia, la de andar caminando por la calle, o sentado en un transporte público, y de repente, escuchar una cancioncita (habitualmente reggaetonera, dance, dance latino o similar). Al principio parece ser un tono hortera para movil. Pero resulta persistir. Cógelo ya, piensa uno para sus adentros. Pero no para de sonar. En ese momento es cuando te das la vuelta para darte cuenta de que no, no era una llamada telefónica, es alguien que está escuchando música con el móvil desde el propio altavoz del teléfono. Así, impunemente. Es de agradecer que en un mundo en el que los sentimientos y la solidaridad parecen ser vestigios del pasado, alguien quiera compartir su música con los demás. Gracias pero no.

En fin, un par de décadas de evolución (o casi debería decir Revolución) tecnológica para acabar recayendo en un viejo conocido: el loro. Sí, amiguitos y amiguitas, el viejo loro, ese radiocassette que hace años veíamos por las esquinas de los barrios. La cinta de cassette hizo que la música se pudiera llevar con una cierta comodidad fuera del vetusto mueble que alojaba el tocadiscos. Y el radiocassette era el laboratorio mágico donde la música hacía de catalizador a la rebeldía juvenil asociada a la música. Ya sea rap en las esquinas, jevi en los bancos o rumbitas en la playa. La magia del lenguaje moldeable y veloz hizo que rápidamente se asociara la imagen del fulano con un radiocassette al hombro con el de un pirata con un loro en el mismo lugar. Al final, el caso era dar por culo con la música a todo trapo.

Cambio un teléfono por esto...

Y cuando parecía que el walkman, luego el discman y finalmente el mp3 había devuelto la cordura a las personas y la tranquilidad a las calles, de repente esa estúpida moda de hacer sonar la música en alto desde el móvil invade nuestras calles, plazas y transporte público. No, gracias, no quiero escuchar La 5º Estación, Melendi o el Reggaeton de turno. Tanta generación iPod y tanta hostia para acabar usando móviles de última generación como un vulgar loro. Auriculares para todos ya!

Canciones:

The Beach Boys: "You still believe in me"
Monster Magnet: "2,000.000 light years from home"
The Clash: "Rock the Cashba"