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lunes, 30 de enero de 2012

San Diego y Los Angeles


Lo reconozco. De los muchos viajes que hago por trabajo, el ir a San Diego dos o tres veces al año es de la clase de viajes que vale la pena. No lo puedo evitar, tengo fijación con los USA. Y bueno, tienen cosas que ofrecer. Mi itinerario era el habitual para cuando voy por allí: Barcelona – Londres – Los Angeles – San Diego.

Llegué al aeropuerto de Los Angeles a media tarde, aunque el cambio de hora hace que para mí, fuera de madrugada, con el agotamiento físico que implica. Pero queridos, cuando llegas a la zona de alquiler de coches y el tipo de Hertz se te lamenta porque con GPS (como indicaba en mi reserva), sólo puede darme un coche pequeño, como un Chevrolet Camaro (??!!), te das cuenta de que ciertas cosas pasan sólo allí. Cómo no, acepté sus disculpas, y aparcadito me esperaba, negro, reluciente, ese pedazo de coche. Aunque lo cierto es que en ese país, los coches son ridículamente baratos. Un carro como el que llevé, dudo que costara más caro de 25000 USD.

En cualquier caso, permitidme que rompa mitos, y que nadie me entienda mal, estaba como un niño con zapatos nuevos, pero conducir un Camaro es muy incómodo. El asiento está casi en el suelo, y el techo es muy bajo, por lo que la postura a adoptar es con la espalda muy inclinada, y aún así, la cabeza me rozaba el techo. El hecho de ser un coche automático (como todos en USA) hace que la sensación de aceleración cuando uno mete la tercera, luego la cuarta, la quinta y si se tiene, la sexta, se pierde. En fin, pecata minuta, queridos. De Los Angeles a San Diego hay unos doscientos kilómetros, aproximadamente. Un paseíto, por lo menos en domingo por la tarde, si el tráfico acompaña.

Porque, y aunque San Diego es una ciudad bonita, especialmente también el área a su alrededor, con pueblitos de playa y pesca (más recreativa que otra cosa), mi interés estaba centrado en Los Angeles. He estado varias veces en esa ciudad, y qué puedo decir: me gusta mucho. Por desgracia, habitualmente no estoy más que unas horas, una mañana o una tarde. En un par de ocasiones pasé un fin de semana, cosa que recomiendo a cualquiera.

Los Angeles, a diferencia de San Diego, carece de su, digamos, rollito Good Vibrations, de esa tranquilidad y amabilidad que supura el área de Southern California. Los Angeles es fría, extremadamente grande, apenas hay gente caminando por las calles, a excepción de paseos como Venice Beach, hay mucha pose. Y por supuesto, nunca, por nada, se os ocurra ir sin coche. Se trata de una ciudad diseñada para los coches. Porque así es como vive, por otra parte, el americano medio. O si no, por qué os creéis que permiten conducir a partir de los 16 años y que los coches son todos automáticos (ergo, hasta un chimpancé podría conducirlos).

Chevrolet Camaro... EL coche
Mi día para Los Angeles era el viernes. El plan, sencillo, despertarme pronto, conducir hasta allí, aprovechar la mañana y llegar no más tarde de las cuatro y media al aeropuerto LAX. Y todo iba bien, hasta que faltaban unos 35 km. Entonces topé con el clásico atasco de la entrada y salida de la ciudad. Y eso sin ser hora punta. Ya contaba con ello, no obstante. Y tenía una ruta marcada, para no liarme ni perder el tiempo.

La primera parada era en el 6400 de Sunset Blv, lugar donde está Amoeba Records. Pero antes, justo enfrente, hay un local de la mejor cadena de fast food del país, ya he hablado de ella en otras ocasiones: Jack In The Box. De modo que dejé mi Camaro en el parking del local (allí todo tiene parking) y di buena cuenta de un sano desayuno hamburguesero. Dos apuntes te recordaban dónde estabas. Dentro del local un homeless tomando un café, de los muchos que hay por las calles (y cuando digo muchos, es muchos), un cochambroso negro con una silla de ruedas y un acompañante. El negro pasaba del acompañante porque estaba escuchando música por un discman. Tipos raros, sí, otra constante de la ciudad. Y luego entra una rubia oxigenada, pelo corto rollo 80's, vestido negro, botas altas y gabardina. Acaba de aparcar un cochazo en la puerta, y nada más entrar, se dirige al baño. Fastidiada porque la puerta del baño está cerrada (hay que pedir que te abran), se larga sin pedir nada, y se queda en el parking jugando con su smartphone.
Un buen sitio para reponer fuerzas... para cuando una franquicia de Jack In The Box en Barcelona?
Acabado mi desayuno, tengo que aparcar fuera. Hay una especie de zona azul, en la que cada plaza tiene un expendedor de tickets de hora. Pago por una hora (la estancia máxima permitida) y me voy, ahora sí, a Amoeba Records. Ya he hablado otras veces de esta tienda, y no me cansaré. Mucho material, pero lo mejor, es su sección de ofertas. Cientos de discos inicialmente no dispuestos a la venta, por ser copias de promoción, o para radios, en un estado perfecto, no como en las lamentables tiendas de segunda mano españolas, a precios entre 1,99 y 2,99 USD. Por si fuera poco, te llevas tres y pagas cuatro. Por supuesto, perdí la cabeza y acabé con 40, por los que pagué unos miserables 90 USD. Compré de todo, desde discos que no había escuchado nunca, como PJ Harvey o Soundtrack Of Our Lifes, a completar colección, como REM, U2 o Stones, o a renovar algunos CD's que tenía grabados, como QOTSA o Stone Roses.

Cuando me di cuenta, mi tiempo se pasaba, y tuve un error de cálculo, la chica tardaría unos 10 minutos largos en quitar el protector de cada CD y cobrarme. Pues bien, cuando llegué al coche, tenía una maravillosa multa de aparcamiento. Sí, queridos, vuestro viejo amigo Kar es ahora mismo un delincuente para los Estados Unidos de América. Por diez miserables minutos que me pasé de la hora, tenía una multa de 58 USD, que podía abonar dejando la pasta en el sobre de la multa, en un buzón, por un teléfono u online. Supongo que optaré por esta última. Después de lo de Megaupload, no me siento muy cómodo teniendo un dinero a deber al Gobierno Federal.

Casi mola más el cartel que el sitio...
Mi siguiente destino lo había leído en una entrevista a Bunbury (sí, él otra vez!), en el que hablaba de una tienda de artículos extraños, que por el nombre, ya me gustó: La Luz De Jesús. No estaba muy lejos, no más de 15 minutos conduciendo. Resultó que la tienda también tenía una pequeña galería de arte. Y su material, de lo más curioso. Desde libros sobre Anton LaVey hasta máscaras de luchador mejicano, pasando por muñecos de Kiss o El Silencio de Los Corderos, para incluir también bastante material más digno de tienda de chinos hispánica, como llaveros con forma de hoja de marihuana. Nada me convenció especialmente, pero el sitio resultaba curioso.
Necromance... malas vibraciones... por cierto, está prohibido hacer fotos en el interior...
Otra tienda era el siguiente objetivo: Necromance, en Melrose. Melrose es una avenida más agradable que Sunset, por ejemplo, la calzada sólo tiene 4 carriles y los edificios están más juntos, y casi se puede pasear. No deja de ser un ambiente curioso para un sitio como Necromance, donde se rinde culto a la muerte. Al entrar, música de cámara, de un ambiente más bien fúnebre, como tiene que ser. Animalillos disecados, pieles de serpiente, elementos hechos de hueso... mal rollo. Andaba yo buscando una calavera. No preguntéis. No encontré lo que quería, así que pregunté a la dependienta. Como el 70% de la gente en las tiendas, era hispana. Vestida, como mandan los cánones, toda de negro, resultó ser más maja de lo que las malas vibraciones del lugar parecería indicar. Me dijo que ellos, no, pero en una tienda “couple of blocks away”, tal vez. No encontré tampoco allí lo que quería, pero me paseé un poco por el lugar, que no conocía, y mira, no está nada mal Melrose.

Alijo de CD's de Amoeba Records... también compré la edición Deluxe del último disco de Chris Isaak... canela en rama, queridos...
Antes de ir al aeropuerto, hice una parada técnica en un 7Eleven en busca de una bebida, un último capricho que sólo puedo hacer en USA... beber Dr. Pepper o Vanilla Coke. En esta ocasión me decanté por esta última. No sé por qué nadie se anima a traer estas bebidas a la Celtiberia. A mí, me harían feliz. Y con mi sed satisfecha, encaré hacia el aeropuerto. Iba con el coche en reserva, y se me ocurrió tirar sin repostar. Ahora lo veo como una idiotez, porque, de acuerdo, eran sólo 25km, pero no conocía el coche, no sabía cuánto me duraría la reserva, y si me hubiera dejado tirado, sinceramente, no sé qué hubiera hecho... ¿llamar al 911? ¿dejar el coche allí y caminar dios sabe cuánto en busca de una gasolinera en que me quisieran vender una bolsa de combustible? En fin, niños, no hagáis estas tonterías. Que ya las hago yo por vosotros.

Canciones:

R.E.M.: “Driver 8”
QOTSA: “I Was A Teenage Handmodel”
Chris Isaak: “Ring Of Fire”

lunes, 23 de enero de 2012

Lo mejor de la semana. Semana 14

Aunque suelo escribir estas entradas, y de eso se trataría, en la noche del domingo, esta vez, el lector espabilado que ve la fecha y la hora, se dará cuenta de que pone lunes 23 y la hora, pues algo entre las 5 y las 5'30 de la mañana. La razón de estas horas intempestivas, más propicias de irse a dormir que de levantarse, la tenemos en que vuelvo a estar de viaje. Sí, queridos, I'm on the road again, esta vez en un lugar que es como reencontrarse con un viejo conocido: San Diego... y con ello, iniciamos lo mejor de la semana:

3.- San Diego: Bueno, por si alguien es nuevo por estos lares, o simplemente, desmemoriado, desde hace un tiempo, viajo a esta ciudad de dos a tres veces al año, por motivos laborales. Mi relación con los viajes de trabajo es de amor/odio. Por un lado, bueno, son muchos días fuera, días sin poder hacer lo que uno quiere, donde uno quiere hacerlo, y lejos de ese ente que denominaríamos "los míos", conformando una especie de esclavitud de 24 horas con el trabajo. Por otra parte, los viajes tienen un punto excitante que me llena y que me gusta vivir. Claro que hay viajes y viajes. Y entre los buenos, San Diego es un buen destino. Para un tipo mitómano como yo, ir a USA es siempre de agradecer. Y más si en el alquiler de coches te dicen que lo lamentan pero que de coches con navegador "sólo" les queda un Chevrolet Camaro!!! Creo que aparcaré unos días lo de las 31 Canciones, y ya iré contando de mi California Tour January 2012.

2.- Bunbury: El sábado estuve en el concierto del Licenciado Cantinas en Barcelona. Y debo decir que salí con una pequeña decepción. El lector avispado se preguntará por qué sitúo al maño entre la tríada de lo mejor semanal, y a la vez hablo de decepción. La cosa va por su concierto en particular. Para mi gusto, muy descompensado y con un repertorio más que discutible. Pero si lo destaco es porque considero que Bunbury sigue siendo una estrella, y de eso, en la Celtiberia, no quedan muchas. Tiene estilo, tiene tablas, sabe manejar un escenario y su banda es excelente. Pero lo que me hace destacarlo es que el tío tiene un par de huevos, y se permite el lujo de hacer lo que le viene en gana, en lugar de ir a lo fácil. Y de momento lo dejo aquí, pero espero desarrollar el tema en una entrada futura.

1.- Californication: La temporada 3 de esta serie me causó una profunda decepción. Tanto es así que me quise olvidar de Hank Moody y sus andanzas por un tiempo. Sin embargo, y con las expectativas francamente bajas como tenía puestas, durante el viaje de hoy he comenzado la cuarta temporada y al final, he visto cuatro episodios que me han gustado bastante. Y me alegro de que haya subido el nivel. Para mi gusto, al final de la temporada 2 agotaron la fórmula, pero todavía hay algo que realmente aguanta la serie y la hace interesante, y eso son los personajes de Hank Moody y Charlie Runkle. Gracias a esta pareja, y al carisma como personajes de la serie, hacen que los giros y bajones de la trama pasen a un segundo plano. Lo mismo son sólo los cuatro episodios que he visto hoy, pero por el momento, me han dejado ganas de continuar. Y eso es lo mínimo que deberíamos reclamarle a una serie, ¿no creeis?

Canciones:

Foghat: "I just wanna make love to you"
Vampire Weekend: "A-Punk"
Kiss: "Black Diamond"

viernes, 5 de febrero de 2010

Cronicas de San Diego

Como se que os gusta verme sufrir por esos mundos de dios, rufianes que leeis estas lineas, os dire que una vez mas, vuestro amigo Kar postea desde un aeropuerto. Y no, el teclado no tiene acentos. Cosas de los USA. Lo mas cercano a un acento tal y como lo conocemos en casa es (y usemos una palabrilla acentuada) esto: "cami`on" ... o esto: "cami'on". Como quiera que ninguna de las dos me acaba de convencer, dejaremos el tema sin acentos (o sin tildes, como me decian en el cole).

Ahora mismo son las 19'15 hora local, 4'15 del dia siguiente (viernes) en Barcelona. Mi vuelo de Los Angeles a Londres se retrasa como una hora y cuarto, lo cual me impide coger mi conexion de Londres a Barcelona. Para colmo, todos los vuelos directos de Londres a Barcelona de British Airways o Iberia estan llenos (???), por lo que la unica opcion es recolocarme en un Londres-Madrid y luego tomar un Madrid-Barcelona. A que mola?

En fin, lloriqueos aparte, lo cierto es que no me puedo quejar mucho de este fugaz viajecillo a mi ya querido San Diego. Claro que este punto lo confirmare manyana (no, tampoco hay enyes) una vez haya aterrizado en Barcelona, entero y con todo mi equipaje.

Durante el viaje de ida recupere el episodio final de Los Soprano, que lo ofrecian en el menu del avion, y me gusto tanto como la primera vez que lo vi. Todo el mundo destaca la cancion de Journey que ilustra la magistral escena final, logicamente, por ser la escena final y por tener ese protagonismo, pero yo me sigo quedando con ese tema de Vanilla Fudge que suena varias veces durante el episodio. Llevo tarareando ambas canciones, la de Journey y la de Vanilla Fudge toda esta semana.
Y hablando de Los Soprano, la sorpresa la tuve en el punto de alquiler de coches, cuando, como el vehiculo que me tocaba no estaba preparado, me dieron un coche digno de todo un Tony Soprano, un Saturn VUE fantastico. Que yo sepa, Saturn no se vende en Europa, tal vez algunos modelos si, bajo marca Chevrolet, pero no estoy muy seguro. En fin, el caso es que yo y mi coche molon enfilamos hacia San Diego. De LA a San Diego hay 190 km, lo que ocurre es que segun a que horas se haga el trayecto, el trafico es poco fluido, y tarde bastante. Y si consideramos que cogia el coche a las 2 de la madrugada, hora espanyola, estaba bastante cansado para conducir. Aun asi, como ya me lo veia venir, me lleve unos cuantos CD's para animarme e ir berreando las canciones en el coche, una de mis aficiones favoritas. Entre ellos, el primer CD que tuve: "Aerosmith Greatest Hits", que recoge los jitazos de los de Boston en su etapa Geffen. Lo se, habra quien no disfrute de ello, pero personalmente no tengo problema alguno con canciones como "Love In An Elevator", "Amazing" o "Dude, Looks Like a Lady". Estoy, ademas, pasando una fase Aero muy pronunciada, ya que me encuentro en plena lectura de la autobiografia de la banda. Por supuesto, cuando la acabe, ya dare buena cuenta de ella en estas lineas.

Como viene siendo habitual, el primer dia el jet lag me destrozo, y como viene siendo habitual tambien en mis visitas a USA, el segundo dia por la tarde lo dedique a irme a un Outlet Mall, uno que hay justo en la ultima salida de la autopista antes de la frontera mexicana (vamos, que mejor no pasarse de salida). Lo cierto es que me comporte como una personita decente y no gaste mucho. La verdad es que apenas compre nada para mi. Resulta curioso como en California, el 80% de los camareros, dependientes, taxistas y demas son hispanos. Y todos los que veian mi procedencia (al comprar con tarjeta, o simplemente preguntaban), todos me hacian referencia al futbol y al FCB.

Pero bueno, yo creo que la parte interesante del viaje, la que gusta a la parroquia, aquella en la que Kar el Paleto hace su aparicion, ha sido esta tarde. Tenia mi vuelo previsto de LA a las 20'30, y como el trabajo estaba mas o menos apanyado hacia mediodia, a la una y media salia, ufano, en mi Saturn VUE, direccion aeropuerto de LA. El caso es que a 20 minutos de mi destino, me doy cuenta de que no he cogido nada de trafico, que son las 15'15 y ya casi estoy en LA. Por lo que la tentacion aparece, una vez mas... Por que no desviarme y hacer una parada en la tienda Amoeba Records de Hollywood, hacer unas compras y luego ir al aeropuerto? Ok, visto desde fuera, parece que tenia tiempo de sobras, pero yo no estaba seguro. El trafico en LA a partir de las tres es chunguisimo, y una fatalidad (un accidente, una obra...) me podia dejar sin vuelo y en tierra. Le di muchisimas vueltas, lo juro, pero al final, la tentacion me pudo.

De modo que a las 15'45 estaba en Sunset Blvd, enfrente de Amoeba. Las cosas iban bien, tanto que incluso encontre aparcamiento en la calle, un dolar por hora (de pago, ok, pero en LA aparcar en la calle es pura utopia). Total, que hecho un flan (por mi cabeza pasaban mil fatalidades que podian ocurrirme para hacerme no llegar a tiempo a mi avion), me digo a mi mismo que a las 16'30 debia salir, si o si, de la tienda. Como veis, precision militar.

Para mi gusto, lo mejor de Amoeba, lo digo siempre, es la seccion de segunda mano. Discos en un estado impecable a precios muy buenos. Y de esa seccion, la parte de ofertas es, sencillamente, brutal. Cientos de discos a entre 1'99 y 2'99 $, con oferta de 4x3. Por supuesto, hay que remenar y rebuscar entre la multitud de basura, y depende del dia, estas mas de suerte o menos. Hoy, que no tenia mucho tiempo, obviamente, era una locura. Discos de The Posies, de Iggy, de Jon Spencer, de Chris Isaak, de REM, de Phoenix, de Tori Amos... al final, no lo he podido evitar, he salido con 23 CD's. Contando que el sabado anterior habia pasado por FNAC y con la conya de la oferta 4x3 (ni punto de comparacion con Amoeba, pero encomiable tambien) me habia comprado unos cuantos... esto es un desastre. Lo reconozco, ultimamente compro mas de lo que puedo escuchar, y muchos de esos discos cogeran polvo en la estanteria antes de que les pueda echar un tiento. Lo mio es ya preocupante. Pero efectivamente, a las 16'40 salia por la puerta y cogia el coche.

Entonces si que estaba nervioso, y por supuesto, el arrepentimiento y el acojone a quedarme en tierra era maximo. Y para rematar la faena, ta-ta-chaaaaan... se me enciende la luz del deposito. Claro, en realidad eran 20 km los que me separaban de mi destino, pero... que se yo, en mi coche si que controlo lo que dura la reserva, pero en un coche desconocido... opto por tirar adelante, pero a la tercera gasolinera que dejo pasar, me doy cuenta de que el riesgo que corro es demasiado grande. Total, que me paro y a toda hostia entro en la caseta y compro 20$ de combustible (esto es USA, amigos, con 20 $, unos 15 miserables euros, lleno casi medio deposito). Y al coger la manguera, la cosa no tira. Aprieto "el gatillo", lo pruebo de todas las maneras posibles, pero nada, ahi no sale gasolina. Con cierto desespero, le pido ayuda a una pobre hispana que sale de trabajar con su traje de limpiadora puesto y todo. Supongo que mi cara es un poema, porque no se me rie, y claro, ademas, le hablo en castellano... mi "hermana de rasssa" se apiada de mi y me ayuda con la mierda del surtidor (simplemente habia que apretar un puto boton antes), mi dignidad esta ya por los suelos, de modo que solo puedo agradecerle y salir pitando.

Y oh, sorpresa, despues de la tension acumulada, resulta que la autovia hacia el aeropuerto esta bastante decente y llego con tiempo de sobras. Esto es casi increible, la jugada me habia salido redonda: salgo de San Diego a tiempo, llego a LA sin problemas, me permito el lujo de un exceso en compra de discos y soy capaz de llegar a aeropuerto y dejar el coche a tiempo. La realidad, claro, ya la he contado. No todo podia ser tan maravilloso, y a esta jugada maestra de hoy le seguira un via crucis de aeropuertos que finiquitara mas de 24 horas despues con mi aterrizaje (crucemos los dedos) en El Prat. Pero esa sera otra historia.


Canciones:

Journey: "Don't stop believing"
Red Hot Chili Peppers: "The power of equality"
Aerosmith: "What it takes"

jueves, 16 de julio de 2009

Tarde de playa en San Diego

Unas líneas rápidas para dar señales de vida. Todavía en San Diego, pero tratando de disfrutar de lo que me puede ofrecer el lugar. Y si ayer ya hice gala de mi capacidad de acercarme a lo políticamente correcto y hacer ver que me interesaban aburridas conversaciones de gente que me importa lo más mínimo, en una cena que no me pude saltar, la de esta noche sí me la he saltado. En su lugar, y como hice el lunes, al acabar el trabajo me he ido directo a la playa, en la localidad de Encinitas, a unos 20 km de la ciudad, desarrollando mi faceta asocial que me suele caracterizar. Yendo a la playa no podía apuntarme a ninguna cena (aquí se cena a las 19h, amiguitos), ni ganas, y diablos, vaya si sienta bien una tarde de playa después del trabajo! El agua no está tan fría como pensaba, y en la playa, aunque bastante llena, no hay agobios y cuando se está poniendo el sol, resulta casi idílico. Después de un baño y de amodorrarme en la toalla, cuando el sol comienza a caer, nada mejor que enchufarme el iPod y dar un largo paseo por la orilla. Una cosa buena de este país es que uno puede ir solo a la playa, dejar las cosas en la toalla, dar un paseo, volver... y las cosas seguirán ahí!!! Nadie va a osar robar a bañistas en la playa. Eso para que luego nos llenemos la boca rajando de los americanos, pero en muchas cosas, deberíamos aprender de ellos. En fin, que el rollo era muy idílico, el sol poniéndose, vuestro amigo Kar disfrutando de un relajante paseo playero, la música, los últimos rayos rebeldes saliendo y las olas rompiendo a sus pies.

Canciones:

The Clash: "Death or Glory"
Smashing Pumpkins: "Cherub Rock"
Mink De Ville: "Just to walk that little girl home"

sábado, 27 de junio de 2009

San Diego:Varios

Ya lo avisé. Por lo que parece, los tours americanos van a ser bastante frecuentes para el viejo Kar. Lo cuál no es malo. Tampoco tiene por qué ser necesariamente bueno. Lo que está claro es que los USA son siempre una buena fuente de anécdotas.

KAR Y MIS PROBLEMAS CON INMIGRACIÓN

Las aduanas de los aeropuertos americanos son siempre todo un mundo de emociones. Qué tocará en esta ocasión? Operario pasota que estampa sello y para dentro? O tal vez brutalidad policial con registro anal incluido? En esta ocasión, vuestro buen amigo Kar estuvo a un paso de ver denegado su acceso a los sacrosantos Estados Unidos de América por una gilipoyez burocrática que, se ponga como se ponga el mamonazo del mostrador, no era mi culpa. Pues resulta que como ya sabréis, para entrar en el país hay que rellenar la green card que te proporcionan en el avión. En la aduana, te sellan esta green card y te la grapan al pasaporte. Hasta aquí, todo correcto. El caso es que el domingo, aterrizo en Los Angeles y el tarado de inmigración ve que tengo todavía grapada la green card en mi pasaporte de mi último viaje allí, en abril del presente año. Me dice que no puede ser, que con eso así, ofialmente no he salido de los USA (¿?). Le digo que a mí qué me cuenta, que yo he pasado las fronteras como siempre, como las otras dos veces que he estado allí, y que si nadie me ha recogido la dichosa tarjetita, que yo no sé nada. Me dice, ya de mala leche, que no, que es mi responsabilidad (¿?!!) que al salir del país me cojan la tarjeta. Le digo que no lo entiendo, que yo salí del país y que enseñé mi pasaporte las 10000 veces que me lo pidieron, tanto en San Diego como en LA. Al final tuve que ponerle cara de penita, y pedirle perdón, que soy medio tontín y estas cosas modernas me se escapan. Y al puerco se le ablando el corazón, diciéndome que no vuelva a pasar y conminándome a mandar por correo postal la dichosa tarjeta de abril (¿??!!!!). Obviamente, a mi salida de USA, esta vez, nadie me pidió la green card de los huevos, pero ya me ocupé de recordárselo a la de las líneas aéreas (supuestos responsables de recogerla). No sin antes expresar mi rabia ante un pobre poli del aeropuerto, a quien pregunté al respecto. El pobre tipo me dijo que él no sabía nada, que no era de inmigración. Y allí estaba Kar The Complaint Man echándole la caballería, diciéndole que aquí nadie sabía nada, pero que luego todo eran problemas en la aduana, y tal. Kar, haciendo amigos en América.

KAR Y EL LUJO

Yo soy un tipo sencillo, poco acostumbrado al lujo y los ambientes refinados. Y claro, cuando estoy en uno de ellos, Kar el Paleto vuelve a hacer su aparición. Viajar en business realmente es flipante, no tiene ni punto de comparación con hacerlo en turista corriente y moliente. Pero claro, uno no está acostumbrado a eso. Cómo funciona este dichoso asiento? Me están ofreciendo una bebida, pero... me la van a cobrar? Al principio uno dice que no a todo, por si acaso. Y se dedica a mirar a su vecino de asiento, y a hacer lo mismo que él. Ah, claro, esto botón es para reclinar completamente. Ah, y mira, las bebidas son gratis. Pues eso. Algo parecido ocurre con las salas VIP de las aerolíneas, a las que se tiene acceso con un billete business. Siempre entro con la sensación de que voy a pasar el chequeo de la puerta y me van a echar a patadas. De verdad, por un segundo, esa estúpida sensación está siempre allí. Lo mismo que en el hotel. Mi jefe, que, ojito al dato, vive allí (Hotel Hyatt La Jolla, poca broma), me invita a desayunar con él en el comedor reservado para VIPs, planta 16. Todo tan limpito y ordenado que incluso da mal rollo dejar migas de madalena en la mesa... y una vez más, mi táctica es la de siempre, allá donde fueres haz lo que vieres, y lo mejor es espiar los movimientos de alguien y hacer lo propio. Aunque alguno seguro que piensa que ha ligado con ese tipo que no para de mirarle. En definitiva, tiene que molar ser rico.

KAR Y LA VIDA PUEDE SER A VECES MARAVILLOSA

Pues sí, porque después de tres días levantándome a las 6, trabajando todo el día y con un jet lag considerable, al tercer día un colega de la oficina me propuso acabar pronto y hacer algo, ya que era mi última noche en la ciudad. De modo que a las 15’30 me vino a buscar y nos fuimos a la playa. Es la ventaja que tiene comenzar a trabajar a las 7, cosa impensable en casa, cuando los teléfonos, e-mails, reuniones y movidas varias no cesan hasta como mínimo las siete y media. En cualquiera de los casos, son esta clase de pequeñas cosas las que hacen que un viaje de trabajo pueda tener alguna cosa buena. Estar disfrutando de una tarde en la playa de La Jolla, que para San Diego es como Castelldefels de Barcelona, vale un Potosí. La Jolla es una ciudad-pueblo muy bonito, con unas playas fantásticas y una calidad de vida muy alta. Nada, sólo 1500$ al mes te puede costar un alquiler. Que bien pensado, y tal como están las cosas por aquí, tampoco es tanto. O igual sí. Esa tarde el agua del Pacífico no estaba tan fría, por lo menos no tan fría como todo el mundo me decía. Y luego, cenar (bueno, para mí, a ingerir comida a las 18’30 se le llama “merienda” y no “cena”) en un pequeño bar junto al mar, un buen plato de mejillones cocinados a la parrilla y una cerveza helada. Y por un momento, sólo por un momento, me recordó que estábamos en verano y que todos deberíamos obligarnos, en la medida de nuestras posibilidades, a disfrutarlo. Que no nos daremos cuenta y el otoño ya habrá caído sobre nosotros.

Canciones:

Def Leppard: “Love Bites”
Guns n’ Roses: “Breakdown”
Starsailor: “Four to the Floor”

sábado, 2 de mayo de 2009

Kar USA Tour Spring '09: San Diego (y final)

La última parada de mi tournée americana está en San Diego, digamos, la última ciudad importante antes de la frontera con Mexico. De hecho, tampoco es San Diego, sino una ciudad residencial muy cercana llamada La Jolla. No, no es una falta de ortografía: lo escriben así. Y para ser sinceros, si relato esta última etapa, es más por coherencia y para explicar el final de mi gira americana que por el interés que pueda despertar esos cinco días que allí pasé.

Desprovisto de coche, estaba a la merced de taxistas que no tienen ni idea de cómo llegar a los sitios (es algo entre sorprendente e indignante... no me pasó con uno ni con dos: fueron todos los taxis que tomé) y el deficiente sistema de transporte público, autobuses en este caso, que hay en ese bendito país. No me extraña que expedan carnets de conducir con 16 años.

En contra de lo que pudiera parecer, en San Diego los negros no son, ni de largo, la minoría racial más extendida. Tampoco en el resto de California. En San Diego son especialmente abundantes los hispanos, por cuestiones lógicas de cercanía, y sobretodo los asiáticos: chinos, coreanos, japoneses y filipinos. Los trabajos en el sector servicios siguen siendo casi exclusividad de los hispanos. Yo, por mi parte, me quedé con las ganas de ver la frontera y de pasar a Tijuana, pero me recomendaron muy encarecidamente que no lo hiciera. Claro que luego me dijeron algo así como "bueno, quizás como tú hablas español...". Ok, gracias, como yo hablo español los cárteles mexicanos no se montarán un partidito de "soccer" con mi cabeza. Y yo que quería pasearme por ahí canturreando aquello de "South on the border, down Mexico way, that's where I fell in love...".

La temperatura de los tres primeros días era de unos axfisiantes 30-35ºC, pero de repente, el jueves cayó en picado. Y mi gran aventura era conseguir un sitio para cenar en el que no sirvieran pizzas, hamburguesas, tacos o chuletas. Nunca pensé que diría eso, yo, amante como soy de comer basura. Pero es que todo tiene su límite!!

Lo único interesante que hice fue tomar el autobús y acercarme una tarde a la playa. Las puestas de sol allí son bastante espectaculares, y me paré en una zona que despertó mi más ruín y absoluta envidia. Nada de pamplinas de "envidia sana" ni hostias. Un barrio al lado de la playa, compuesto a base de casas unifamiliares de madera (el material típico de construcción para las casas allí) con su jardincito y su valla, y todo ello pegado a una bonita playa. Y lo más extraño era que no parecía un barrio de especial lujo. Obviamente el hispano que limpiaba los wáteres del centro comercial no vivía allí, pero tampoco es que pareciera Beverly Hills.

Por la tarde, los surfers aprovechaban las últimas olas y grupos de chavales encendían hogueras en una especie de barbacoas de piedra habilitadas en la arena para ese propósito, lo cuál, no nos engañemos, por más bucólico que pueda parecer, creaba una humareda en toda la playa que para qué. Y una vez más, el ritual de arremangarme los pantalones y bajar a que las olas mojaran mis pies. Seguramente aquellas olas las había cabalgado Eddie Vedder en sus años mozos, antes de mudarse a Seattle. Aunque en aquella tarde, algo gris, lo que me venía a la cabeza era tararear el "'Til I Die" de Brian Wilson.

Y con esto, se acabó mi periplo estadounidense, con muchas ganas de volver a casa. Que hartito estaba ya de los Estados Unidos, por más que me guste el país. Qué importa. Al fin y al cabo, probablemente habrá un Kar USA Tour Summer '09. Pero de eso hablaremos otro día.

Canciones:

The Beach Boys: "'Til I Die"
The Four Tops: "Bernadette"
Depeche Mode: "Wrong"

lunes, 27 de abril de 2009

USA Kar Tour Spring 09 - Los Angeles (y 2)

Con el buche lleno y un sol de justicia, enfilo hacia Venice Beach. El camino desde Sunset hasta Venice es largo, unos 40 minutos, que aprovecho para pegar un repaso a la radio local. Hay mucha basura en forma de emisora dedicada a la comunidad latina, varias de ellas en español, y con una programación basada en reguetones y ese tipo de cosas. A pesar de todo, doy con una emisora interesante en la que se programan rock actual y también grandes éxitos de los últimos 20 años, combinando los últimos singles de The Killers o Depeche Mode con clasicazos en toda regla de Nirvana, Green Day o Smashing Pumpkins.

Cuando llego a Venice, me doy cuenta de que no he sido el único con esa idea. Probablemente porque el día acompaña, la zona está abarrotada de coches y el aparcar se convierte, una vez más, en utopía. De modo que parking otra vez, y tengo la sensación de que me estoy dejando el sueldo en parkings.

El paseo de Venice Beach se me antoja mucho más turístico que la última vez que estuve, seguramente por ser sábado por la tarde. La multitud y la presencia policial aleja a una serie de freaks y de gangs de la zona. No quiero decir que no pululen por ahí, freaks los hay siempre, y también una serie de hispanos con pintas que no quisiera ver en un callejón oscuro. Sin embargo todo es más, digamos, estándar. Me paseo entre los puestos de los hippies (genuinos), las tiendas de objetos extraños y otras tiendas de ropa y complementos más o menos alternativos.

Cuando el sol comienza a ponerse, me descalzo, me arremango los pantalones y entro en la playa. Cerca de la orilla, me siento y le hago mi particular homenaje a The Doors escuchando “Moonlight Drive”. En algún lugar no muy lejos de aquí, pero hace más de 40 años, Ray Manzareck se topó con su antiguo colega Jim Morrison. Éste le mostró unos poemas en los que había estado trabajando. Concretamente uno que acabaría siendo “Moonlight Drive”. A Ray le encantó ese material y le propuso a Jim formar un grupo. El resto, como se suele decir, es historia. ¿O tal vez eso sólo ocurriera en la película de Oliver Stone? Qué más da. Luego me acerco al agua, dejo que moje mis pies. Está helada, a pesar del calor que ha hecho todo el día. Y allí dedico un pensamiento a Dennis Wilson, el único y verdadero surfer de los Beach Boys.

Cuando el sol comienza a desaparecer, considero que ya es hora de volver a la ciudad, lo cuál me cuesta más de la cuenta debido al tráfico. Descanso en el hotel un rato, y ya bien avanzada la noche, salgo en dirección a una zona ya conocida de Sunset Strip. Podría ir a otros sitios, pero estoy solo y me apetece la tranquilidad de lugares ya controlados. Ceno en una pequeña pizzería que hay justo enfrente del Viper Room. Me extraña ver en la tele el partido del Barça de ese día, en diferido. Le pregunto al dueño y me comenta que había vivido en Inglaterra varios años, y que le gusta el “soccer”. El restaurante está vacío, y dueño y camarero se sientan conmigo a ver y comentar el juego, en una situación muy extraña: qué diablos hago yo viendo un partido del Barça a las 11 de la noche en una pizzería de Los Angeles??? Miro un rato el encuentro mientras ceno y luego me marcho. Desde el Viper Room se oyen sonoridades rockeras, lo cuál contrasta con lo del viernes, cuando una cola de negros y de blancos disfrazados como negros aguardaba en la puerta, y desde allí surgían sonidos de lo que se da en llamar R&B (aunque para mí, R&B es Martha & The Vandellas o The Temptations, no eso).

Por esa zona se mezcla el público más rockero con aquellos que se mueven en ambientes más convencionales. Estos últimos van muy arreglados, americanas, vestidos de noche y tacones abundan. La acera entre el Whisky A Go-Go y el Roxy está bastante llena. Me decanto una vez más por el Cat Club, donde tocan una serie de bandas locales. El segurata de la puerta, extremadamente amable pero estricto (qué emoción cuando me pide una identificación para comprobar que no soy “underage”) me pregunta que a qué banda voy a ver. Le cuento que a ninguna en especial, lo que haya. Y le pregunto que cuál es la mejor de esa noche. Un par de tipos que están hablando con él me dicen que “la mejor ya ha tocado” (nota para los lectores poco avispados: hablan de su banda). Se me presentan y me comentan su agenda de conciertos, y me dicen que también tienen un grupo de versiones de Led Zeppelin.

Dentro un combo punk descarga su energía, me recuerdan un poco a esos Electric Frankenstein que tuvieron sus cinco minutos de fama, pero en malo. En el tiempo de ir a la barra y pedir una cerveza, ya han acabado y dan paso al siguiente grupo. Se trata de una banda con un cantante que ronda peligrosamente la cuarentena y luce una camiseta muy molona de Jane’s Addiction, con un cartel de uno de sus shows de fin de año. El resto del combo es más joven, especialmente el guitarra rítmica, luciendo una Flying V y melena jevi al viento. No están mal, su música bascula entre el rock “alternativo” de los 90’s y el hard rock más ramplón, a lo que contribuye el guitarrista jevi, que para mi gusto, se carga algunos temas. El local está bastante vacío, supongo que el efecto Festival de Coachela se nota. Siento las miradas posadas en mí, ya que soy el único que va solo y que no es amigo, conocido o fan del grupo. Entre esto y los comentarios de los chicos de la entrada, se me ocurre que me han tomado por una especie de cazatalentos en busca de la próxima gran banda. En el escenario tocan una versión del “Wax extasic” de los olvidadísimos Sponge, sorpresa agradable. Y cuando acabo mi cerveza, tras un rato, me voy. Lo siento, chicos, pero NDK Records no está interesada en vosotros.

El día siguiente, domingo, lo dedico a las compras y a ir tirando hacia San Diego. Paro en un par de librerías buscando infructuosamente la autobiografía de Aerosmith “Walk This Way”, sin suerte, y desayuno en Jack In The Box mi ya típica hamburguesa con Dr. Pepper’s. Y de camino a San Diego, paro en uno de esos outlets maravillosos de este país, donde es demasiado fácil perder los ahorros, la cabeza y la decencia, gastando en marcas americanas (Calvin Klein, Converse, Vans, Nike, …) a precios realmente muy bajos. La temperatura es de unos implacables 95ºF, unos 35ºC y la próxima semana promete ser calurosa. A media tarde llego sin incidencia alguna a La Jolla (San Diego), última parada de mi periplo americano.

Canciones:

Sponge: “Wax Extasic”

Thin Lizzy: “Dancing in the Moonlight”

Kortatu: “La Línea del Frente”

sábado, 25 de abril de 2009

USA Kar Tour Spring 09 : Los Angeles pt.1

Es una ocasión singular la de que deba pasar una semana en la Costa Este y otra en la Costa Oeste, como para dejar escapar la oportunidad de pasar un fin de semana en Los Angeles. Así que allí estaba el viernes, en esa tesitura del viaje completamente en solitario, cual Neil Cassidy y Dean Moriarty de la generación MTV. El vuelo de Washington D.C. a L.A. fue el más chungo que he vivido en mucho tiempo. Imaginad un avión con tres filas de asientos: 2 a un lado, 5 en el centro y 2 al otro. Obviamente, el azar o el jodido Murphy hizo que me tocara en el medio de todo. 5 horas encajonado. El horror.

Pero bueno, el fin era lo que contaba. Al llegar a L.A., vuestro viejo amigo Kar el Paleto hizo de nuevo aparición estelar, esta vez a la hora de alquilar un coche. Noche en la ciudad, y yo con un coche automático, con 3 posiciones de palanca de cambios: paro, adelante y atrás. Hasta ahí todo fácil, salvo el hecho de no saber qué hacer con el pié izquierdo. El navegador también a punto: aventura sí, pero no me apetecía perderme y aparecer en Copton o South Central rodeado de negros con recortadas. El caso es que el coche, aunque automático, también tenía una opción de ponerlo en modo manual, y aunque no tuviera embrage, poder entrar las marchas manualmente. Pues sí, amigos, lo habéis adivinado: sin saber cómo, puse el coche en modo manual e hice todo el trayecto en primera, poniéndome por momentos a 90 km/h. Ya decía yo que esa escandalera que armaba el motor no era normal, por más automático que fuera el coche...

En fin, llegué sano y salvo a un cutre hotel que tenía en Sunset Strip, donde digamos que no necesitaba el inglés para nada. Era noche, y para mí, con mis tres horas de diferencia de costa a costa, más de noche. Me había levantado a las 6h y para mí eran las 3AM, así que decidí cenar y dormir. Pero para cenar, no iba a ir a cualquier sitio: me fuí a cenar al mítico Rainbow Bar & Grill. Y allí estaba, en el mismo lugar en el que Axl y sus huestes grabaron la ficticia despedida de soltero para el vídeo de November Rain, o donde los Led Zeppelin la liaban parda. Pues la verdad es que no se come nada mal. Una hamburguesa grasienta mientras escuchaba jitazos de Poison o de Alice Cooper. Una cervecita, y a la cama, que ya no podía con mi alma.

El día siguiente prometía ser intenso. Aunque una vez más no tuve suerte a nivel de conciertos. Ese fin de semana se celebraba el festival de Coachela, que acaparaba todas las miradas, y claro, ningún promotor quiso programar un concierto interesante ese finde. Por un momento me tentó el ir a ver a Paul McCartney al festival, pero los 200$ me frenaron (para el viernes no había a la venta entradas de un día). Otra vez será... y os adelanto que tal como están los acontecimientos, habrá más veces.

El sábado dormí hasta que el sol ya no me dejó alargar el suenyo... jodidos americanos, el concepto "persianas" no existe para ellos! Y mi primer objetivo era Amoeba Records, enorme tienda de discos con un material de segunda mano potentísimo. Y también de vinilos, pero no me quise arriesgar a que mis vinilos sufrieran la "delicadeza" del personal de handling del aeropuerto, así que sólo CD's. Es cuestión de paciencia y de remenar entre cientos de pedazos de mierda en forma de CD para encontrar algunas cosas muy interesantes a precios ridículos: Rolling Stones, REM, Spacehog, Kid Rock... aproveché también para comprar el nuevo disco del gran Chris Isaak, que todavía no había visto en las tiendas espanyolas. Y luego, pues nada, un paseíto por Hollywood Avenue, subir y bajar Sunset Strip, y con eso se me hizo toda la manyana. Hay que recordar que L.A. es muy grande, que cualquier desplazamiento requiere tiempo, y luego está el problema del aparcamiento. En esa ciudad es imposible dejar el coche en la calle. Así que nada, a pagar se ha dicho.

La comida, como no podía ser de otro modo, fue una enorme hamburguesa de la mejor cadena de ese país, Jack In The Box (aaarrrrggghhhhh), regada con Dr. Pepper's, en mi particular homenaje al mundo del Chinese Democracy. No había probado nunca esa bebida, y es extranyamente adictiva, será por lo dulzón. Y con un sol de justicia (debían rondar los 32°) enfilé hacia Venice Beach. Pero eso os lo cuento otro día.

Canciones:

Poison: "Talk Diry To Me"
Depeche Mode: "Wrong"
Pixies: "I Bleed"

viernes, 17 de abril de 2009

USA Kar Tour 09 - Whasington (y 2)

Parece mentira que mañana ya se acaba la primera etapa de este USA Tour 09, la de Washington. Parece que fue ayer cuando llegué y mañana ya me voy. En fin, mi nivel de paletismo ha ido decreciendo, de lo cual, lo sé, mis cientos de miles de lectores se congratulan: ahora soy un yanki más. Y siempre es agradable saber que hay gente peor que tú. Ayer tuve "sopar de germanor" con la gente con la que estoy asistiendo a un curso. A saber, un par de señoras de Indianapolis (que con todo mi respeto para las señoras mayores, no sé qué diablos hacían allí, pero bueno, le daban el punto marujil a las sesiones), un filipino americano, un hindú americano y un jordano jordano (de Jordania, vamos). Pues bien, el jordano no sólo tuvo la misma confusión que yo con el aeropuerto de Dulles (por Dallas), sino que aterrizó en la capital de Texas. Realmente!! Y el tipo le da la dirección al taxista, y cuando llegan a Dallas ciudad, y al no encontrar nada, es cuando se dan cuenta que la dirección corresponde a Chantilly, Virigina. Qué grande!! Por lo demás, una cena en un típico restaurante de una cadena americana, Damons, y aquí está Kar, en plan allá donde fueres, haz lo que vieres, metiéndose entre pecho y espalda un platazo de ribs with BBQ sauce que no se lo salta un gitano. El tema comida, sano, lo que se dice sano, no estoy comiendo estos días, no. Vamos, que a la vuelta, dieta de verduritas.
El caso es que estos días he vuelto a tener muestras del caracter americano, o por lo menos de lo que me parece que es. Son gente amable, que se suele mostrar encantadora y participativa en un grupo, pero en realidad son cerrados y no es más que una manera de mostrar su cortesía. No deja de resultarme curioso, por momentos parece que quieren ser tus amigos del alma, pero en realidad es sólo su pose de cordialidad. ¿Poco sincero, tal vez? Probablemente, pero no me da la impresión de que sea a mala fe. Simplemente, son así. Yo, por el contrario, como buen puerco asocial que soy, si alguien no me cae especialmente bien, no trato de mostrarme como su amiguito de toda la vida por una convención social. Es otra opción, claro.
La curiosidad del día ha venido por parte de una de las señoras de Indianapolis. No sé a qué diablos ha venido, pero el caso es que me ha contado que a los oriundos del estado de Indiana se les llama "hoosiers". Yo he recordado aquella película de baloncesto, con Gene Hackman y Dennis Hopper, "Hoosiers, más que ídolos", ahora entiendo el título. Y la marujona me ha contado que estuvo participando de extra en la filmación. Qué cosas.
Extrañamente, hoy el día se ha levantado "sunny & bright". Las previsiones meteorológicas de la tele aquí son brutalmente exactas. Total, que me las he apañado para acabar antes y largarme de nuevo a Washington DC. Esta vez, con mis 3,10$ preparaditos para el autobús, he llegado al centro sin problemas. La zona monumental la verdad es que impresiona. Espectacular, muy a lo grande, he paseado por lugares por todos conocidos gracias a cine y tele. Lugares como el World War II Memorial, el monumento a Lincoln, con esas escaleras, ese estanque y el obelisco de fondo, una vez más, recordando a Jenny la hippie corriendo por el estanque llamando a Forrest que está en el estrado... sí, me encanta Forrest Gump... aunque creo que eso ya lo dije. Luego una parada técnica para merendar, hot dog en un puesto ambulante y una coca-cola (ya os lo dije, totalmente integrado), y he recorrido todo el paseo hacia el Capitolio. En una tarde como hoy, estaba muy bien, solecito y lleno de gente practicando deporte en las múltiples zonas de césped, y sobretodo, muchísimas personas corriendo. Y al final, llegada al Capitolio. Muy turístico todo, pero a pesar de ello, muy bonito.
Y a la vuelta, el taxi de rigor, no me apetecía pasarme una hora larga entre metro, autobús y el transporte de Dulles al hotel. Mi taxista de esta noche por lo menos tenía GPS. Ha resultado ser un inmigrante de Nigeria que me ha proporcionado una sesión de ska y otras sonoridades jamaicanas durante todo el trayecto. Tras la charlita absurda de rigor, me ha hecho una pregunta que comienza a ser habitual: cómo es el impacto de la crisis en España. En fin, le cuento, más o menos. Y luego, otra vez, cae otra pregunta de las típicas, sobre el toreo. En esos casos, acostumbro a soltar el discurso de siempre, que si no es tan popular como pudiera parecer, que si depende de la zona de España, que si a la juventud le suele interesar poco, y acabo diciendo que personalmente me parece una aberración que debería estar prohibida. Pero es que lo del nigeriano me ha dejado descolocado. Me ha hecho una pregunta sobre "two bullfighters that are brothers"... no tengo ni idea, pero me daba la impresión que se refería al Fran Rivera y su hermano... hasta aquí ha llegado el tomate??? En fin, dejemos un espacio para la reflexión acerca de la decadencia de la sociedad americana. Y mañana, próxima parada, Los Angeles.
Canciones:
Phoenix: "Long Distance Call"
Frank Sinatra: "It was a very good year"
Stone Temple Pilots: "Vasoline"

miércoles, 15 de abril de 2009

Kar USA Tour 09 - Washington

Mi tercera noche en Washington, y espero que el jet lag me perdone y me deje dormir más de cuatro horas de un tirón. Y yo que siempre pensé que esto del jet lag era una pijada. Pues no señores, es, más bien, una putada. El caso es que aquí estoy, en un pueblo en medio de la nada llamado Chantilly, todo muy bucólico, muy propio de esa zona más histórica de EEUU, más cercana a sus antepasados británicos... pero como suele pasar en este maldito país, todo está muy lejos. Ok, puede parecer un comentario pueblerino. Pero es así. Y de hecho, en los dos días y medio que llevo por aquí, me he sentido cual Paco Martínez Soria en alguna que otra ocasión.

La primera, a la llegada al aeropuerto. La última hora de vuelo fue complicada, demasiado viento, y demasiado meneo para el avión, así que salí de mi asiento algo mareado y aturdido. Y cuando piso aeropuerto, oigo por megafonía un "Welcome to the Dulles Airport", que por un momento me dejó helado... había confundido el nombre del aeropuerto (Dulles) con la capital de Texas, Dallas, y por una fracción de segundo me temí que me hubiera equivocado de vuelo (???) y hubiera ido a parar al terruño de J.R.!! El trámite aduanero resultó más sencillo de lo que se pudiera esperar y no tardé en llegar a mi destino, una suerte de hotel de campiña, muy cerquita de la empresa donde iba a pasar toda la semana.

Como quiera que mis aventuras y desventuras profesionales carecen del menor interés, me centraré en comentar que las noches de domingo y de lunes fueron bastante malas. Además, para estos casos, me suelo tomar una pastilla de diazepan, que me proporciona unas horas de sueño. Artificial, pero sueño no obstante. Cuatro horas, para ser exactos. Lo malo del diazepan es que duermo, pero me provoca unos sueños rarísimos. O por lo menos, lo achaco al diazepan. Igual es pura casualidad, pero esos sueños me tienen intrigado, sobretodo porque desfilan por ellos muchas personas que conozco. Tal vez alguna de ellas seas tú... avisad@ estás.

Ayer por la tarde, al acabar, me quedé en el hotel. Tenía faena, y también aproveché para ir un ratito a la sala de fitness, que con tanto viaje y tanto mal comer, me parece que estoy perdiendo esa apolínea figura que siempre ha impresionado a las mujeres, y luego a la piscina. Es lo que tiene estar en un hotel más vacacional que de negocios. La piscina tenía un agua demasiado turbia, así que el baño fue breve, y la noche se cerró con una cena frugal, algo de trabajo en la habitación, un ratito de lectura y a dormir. Algo trepidante, lo sé. Cuando estoy fuera siempre tengo esa fantasía de toparte con una joven viajera solitaria, melena rubia ojos azules, que habla inglés con acento del este de Europa y lee a Carl Jung mientras se toma un té en el bar. O algo parecido. En su lugar, me topo con la recepcionista, una tipa que siempre que me atiende está masticando algo (acaso se pasa toda la tarde comiendo???) y gasta un inglés ininteligible. El mundo está lleno de decepciones para aquellos que usan su imaginación, amiguitos.

Y hoy, en contra de los elementos, véase frío, viento y algo de lluvia, he decidido que iría a Washington DC. El chofer del hotel me acerca al aeropuerto, donde podré tomar un autobús. Por el camino, me cuenta que es salvadoreño, y se dedica a preguntarme por la situación en la UE (??!!). Y al coger el autobús, vivo otro momento de Kar El Paleto goes to the city. No recordaba que en los autobuses americanos el conductor no toca el dinero, hay una suerte de expendedor de billetes que NO da cambio. Y ahí estoy yo, con mi billete de 5$ sin poder pagar los 3,10$. EL conductor me dice que me busque la vida, que pida cambio a alguien. Al verme reticente, se levanta y a voz en grito dice "Anyone can change 5 bucks to this guy?". Enrojecido miro al fondo, y una mujer mayor con aspecto de inmigrante armenia, pañuelo en la cabeza incluído, me hace una señal. La pobre mujer me da tres billetes de dolar. Le propongo darle el mío de 5$ a cambio, y me dice que no, que ni hablar, que no hace falta que le dé nada. No puedo evitar pensar en ello y sentir una mezcla de entre ternura, agradecimiento y vergüenza... vergüenza porque yo en su lugar hubiera cogido el billete de cinco, cambiando 3 por 5 sin dudarlo. Y en su lugar, la pobre vieja me DABA los 3 dólares. Afortunadamente, otro viajero sí tenía 5 billetes de 1, y me cambió, de manera que me ahorró el sablearle los 3$ a la vieja (aunque se lo agradecí enormemente). To er mundo é güeno, que diría aquél.

El viaje a Washington DC nos lleva unos 40 minutos, y luego hay que tomar un metro hacia la zona monumental. El viajero que me cambió los 5$ debía pensarse que acababa de salir del pueblo por vez primera, porque al verme mirando la máquina expendedora de billetes del metro, buscando como estaba la parada adecuada, no duda en dirigirse a mí y explicarme que hay una cosa que se llama metro, que hay que meter dinero en esa ranura, y que te dan un cartoncito que luego meterás en la ranura de esos tornos de allí, pero ojo, que al pasar tienes que recuperarlo de nuevo, y cuando llegue el tren, te metes dentro. Obviamente, le seguí el juego y me hice el tontito. Total, ya había quedado como un paleto, qué más daba que ese viajero buen samaritano pensara que era la primera vez que veía un metro.

Y por fin, parada en pleno downtown, no muy diferente del downtown de NYC o de LA, y en un par de manzanas, llego a la Casa Blanca. Me sorprende ver a un hippy con un tenderete de protesta antinuclear justo enfrente, y no puedo evitar ponerme a charlar con él. No es que me interese mucho su causa, pero como personaje, el tío no tenía precio. Llevaba la pertinente barba, un gorrito de estibador con las barras y estrellas, y unos "peace" pintados en la cara. Para cuando bajo hacia el memorial de la 2ª Guerra Mundial y el obelisco (que me lleva directamente a esa escena de Forrest Gump, cuando se reencuentra con Jenny), el tiempo está peor. He salido con una mísera chaquetilla, y no sólo estoy helado, sino que además la llovizna se transforma en lluvia. De modo que decido que ya basta por hoy. Y mañana, ya volveré para ver el Capitolio, y lo que haga falta.

Para volver, decido no pasar aventuras y coger un taxi. Me equivoqué. El taxista no tiene ni idea de cómo llegar al hotel, y al final me veo a mí mismo tratando de indicarle. Eso sí, el taxímetro corriendo. Yo soy así. Altruista. Pero al final llegué. Sano y salvo. O salvo, al menos.

Canciones:

Pear Jam: "Garden"
Los Flechazos: "Suzette"
Phoenix: "Too Young"

lunes, 28 de julio de 2008

El saludo surfero

Esta curiosa historia me la contaron cuando estuve en Hawaii el año pasado. ¿Verdad? ¿Mentira? De hecho, ¿a quién le importa? Me la explicó un guía, que trataba de explicarme el por qué del clásico saludo surfero, ya sabéis, con los dedos pulgar y meñique estirados (y el resto cerrados en puño). El que popularizó por estos lares Ronaldinho.

El ídolo caído

Pues bien, se dice que en los 50's se celebraban en Honolulu unos grandes fastos que conmemoraban la victoria del gran rey Kamehameha, concretamente el 11 de junio. Este personaje histórico verídico, con nombre que nos lleva directamente a la serie Dragon Ball, fue el artífice de la creación del pueblo Hawaiano. Kamehameha I el grande vivió en el siglo XVIII y unificó el archipélago de Hawaii a base de batallas, creando el Reino de Hawaii. Su dinastía reinó hasta que a finales del siglo XIX, los EUA desplegaron su influencia por esas islas hasta acabar anexionándolas.

Kamehameha I El Grande

Pues bien, los 11 de junio se celebraban una suerte de desfile/rúa carnavalera en la que había varias carrozas, y en la más importante, un ciudadano interpretaba el papel del rey Kamehameha I, que saludaba al pueblo sentado en su trono. En esa época, hubo un carpintero que solía interpretar, año tras año, al rey Kamehameha. Se disfrazaba y saludaba con la mano al pueblo desde su carroza. Era un personaje muy querido.

Resultó que una vez, este carpintero sufrió un accidente que le hizo perder tres dedos de su mano derecha, el índice, el corazón y el anular. Muy apenado, rechazó volver a interpretar al rey. Cómo iba a ser el gran Kamehameha un pobre lisiado. Sin embargo,sus convecinos insistieron mucho para que no desistiera. Llevaba años siendo el Kamehameha perfecto y ese accidente no podía dejarlo en el olvido.


Uno de los mejores surfistas del mundo. Cuando aún tenía pelo participó en la 2ª temporada de "Los Vigilantes de la Playa"

De modo que ese año, una vez más, volvió a subirse a la carroza y a saludar al pueblo. Sólo que en esa ocasión, la gente, desde la calle, no veía al rey moviendo su palma de la mano, sino tan sólo los dedos pulgar y meñique. Y respondieron a su rey devolviéndole el saludo del mismo modo.

Qué injusticia se cometió con Poochie!!

Y esta es la historia del saludo clásico hawaiano. Y en tanto que el surf es el deporte nacional de Hawaii, ese saludo fue adoptado por todos los surferos, desde Kelly Slater hasta el perro Poochie. Y no, que nadie me pregunte por qué diablos el dichoso Ronaldinho también lo usaba.

Canciones:

Pink Floyd: "Take it back"
Eli "Paperboy" Reed: "Take My Love With You"
Aerosmith: "Angel"

jueves, 26 de junio de 2008

Viaje a NYC. Día 6 (y último): Estatua de la Libertad

Bueno, hoy hablaré de mi último día en la Gran Manzana, y... ¿no habíais echado de menos algo? Efectivamente, me faltaba la visita a la estatua de la libertad!! Llevaba varios días viendo en los partes meteorológicos que hoy llovería. Sin embargo, ayer, ya lo dije, tuve el día más soleado y caluroso de mi estancia, una temperatura primaveral tirando a veraniega. Pues nada, el jodido hombre del tiempo no se equivocó, y el día despertó lloviendo bastante. Y para colmo, despertó mucho más pronto de lo que debiera, pues tenía tickets para el ferry a las 8h. Briconsejo para quien quiera viajar a NY, si queréis visitar la dichosa estatua, coged los tickets con mucha antelación. Yo lo hice, por internet, cuatro días antes de partir, y la única fecha disponible era esta, el último día y a esas horas intempestivas. Total, que despertarme a las 6'30 no es mi ideal de vacaciones. En fin.

Tras una peripatética cola bajo la lluvia en el muelle, y un desagradable control policial con arcos metálicos como en los aeropuertos (fuera chaqueta, reloj, movil, cartera, gorra y los calzoncillos me los respetaron por decencia) subimos al ferry que nos llevaría a Liberty Island. Atracados en la isla, una nueva cola y la obligatoriedad de dejar la mochila en una taquilla (a 1$ dos horas) me acabaron de poner de mala leche.

Díganme clásico, pero creo que uno no debe irse de NY sin pasar por aquí

Desde 2001 ya no se puede subir hasta la cabeza de la estatua, de modo que sólo es posible subir hasta la base. La visión del monumento me relaja la mala leche, la verdad es que vale la pena, y supongo que las vistas serían de impresión. Lo supongo, tan solo, porque aunque ya no llueve, una bruma cubre la costa y el skyline de Manhattan no se divisa, apenas se puede vislumbrar. En fin, la verdad es que no deja de ser interesante, Manhattan, Brooklyn a un lado, y al otro New Jersey.

El siguiente punto de destino es Ellis Island, donde nos lleva otro ferry. Ellis Island es un islote cercano que alberga viejas instalaciones militares, pero su fama recae en que entre 1890 y primeros de los 50's se convirtió en la aduana de la ciudad, donde recalaban millones de pasajeros, principalmente inmigrantes que eran inspeccionados legal y médicamente, confinados allí en condiciones bastante deplorables. Ahora esas instalaciones albergan el Museo de la Inmigración, con piezas bastante interesantes, especialmente fotografías, pero también documentación, material médico y otras. A la entrada hay un PC con una base de datos en donde puedes introducir tu nombre y comprobar si algún pariente tuyo pasó por esa frontera. Nada, no tengo ningún tatarabuelo americano.

Una cosa me resultó un poco molesta, y es el hecho de que el museo pintaba ese lugar como una suerte de Disneylandia para inmigrantes, aunque la realidad es que se asemejaba más a un campo de concentración. Especialmente para aquellos que por razones médicas o legales no les dejaban pasar (cuarentenas, papeles poco claros, ...) y eran hacinados allí, en unos tristes camastros (que, por cierto, se muestran). La parte de exposición de objetos médicos resulta bastante tétrica, a Marilyn Manson le hubiera encantado.

Busco a Gordon Gekko

Cuando acabo la visita, ya de nuevo en Manhattan, ha vuelto ha salir el sol (hay que joderse). El muelle resulta estar al lado de Wall Street, de modo que me dirijo hacia allí, con curiosidad. Es la hora de comer y hay cientos de oficinistas buscando un puestecillo de perritos, de kebabs o de cualquier otra mierda que engullir. No puedo evitar pensar en Charlie Sheen en la película "Wall Street" cuando veo varios aspirantes a Bud Fox (su personaje en la cinta).

Obviamente, estoy muy cerca de la Zona Cero, y aunque no entraba en mis previsiones visitarla, al final me decido. Y quisiera comenzar diciendo que probablemente sea por una sobreexposición de tragedias en la tele, en los medios y demás, durante 28 años, pero lo cierto es que esas "tragedias televisadas" no me suelen afectar. Puedo estar comiendo tranquilamente mientras veo imágenes del último tsunami o del más reciente atentado. Para mí no es más que una imagen de la tele, o una foto. Estoy muy insensibilizado al respecto. Pero lo cierto es que la Zona Cero me causó impresión. De hecho, no hay nada. Es como la construcción de un inmenso parking en medio de varios rascacielos. Es una obra, con sus camiones, sus grúas y una valla que la rodea. Pero la verdad es que me impresionó. Están construyendo lo que parecen ser los cimientos de un edificio, por lo que sé, eso es seguro, pero no se han puesto de acuerdo aún en el memorial.

La Zona Cero

Y con esto, acaban mis peripencias neoyorkinas. No me extenderé mucho más en esa puerta del aeropuerto para el vuelo NYC-BCN repleta de paisanos con bambas nuevas, con iphones, con chaquetas nuevas, gafas de sol recién compradas y hasta portátiles. Nueva York es la nueva Andorra!! Tampoco me extenderé en las brutales turbulencias que he vivido, las peores que jamás he sufrido, y cogo un par de vuelos al mes. No me queda más que recomendar la experiencia a cualquiera, que por algo más de lo que cuesta un vuelo a Londres o a Oslo, tienes un billete a NY, y además la vida allí (hoteles, comidas, bebidas, ...) es más barata que en Europa. Yo, si puedo, vuelvo el año que viene. Diablos, es la mejor ciudad del mundo!! O eso al menos decía Frank Sinatra!!

Canciones:

Prince: "Fury"
Kiss: "Christine Sixteen"
The 13th Floor Elevators: "You're gonna miss me"

miércoles, 25 de junio de 2008

Viaje a NYC. Día 5: Harlem, Brooklyn y el Memorial Day

Tras unos días de paréntesis, retomaremos el relato de mi viaje a NYC. Y lo hacemos plantándonos en el 5º día. Hoy es lunes, pero sin embargo es un día festivo. En la tele hace tiempo que anuncian programación especial para hoy, y esas cosas. Hoy es el Memorial Day. El chico del hotel me informa que se trata de una celebración en memoria de los caídos en las guerras. Muy yanki todo. De hecho, en un canal temático hacen una maratón de películas bélicas, programando desde "La Gran Evasión" hasta "Rambo", pasando por "Los Cañones de Navarone". No creo que proyecten "Nacido el 4 de Julio".

En fin, con este ambiente de puente tomamos el metro temprano por la mañana, destino a Harlem. Atrás quedan esos años 80's de máxima degradación del barrio, azotado por el consumo de crack. Y mucho más atrás las noches de Harlem de primeros de los 60's. Ya no se trata de una zona poco recomendable para visitar, si bien no se trata de Union Square precisamente. El metro nos deja en la avenida Luís Muñoz Marín, en pleno Harlem Español, donde hay un grueso de población puertorriqueña y dominicana. El día surge radiante, y se nota que es festivo por la poca actividad que se detecta. Pero nuestro objetivo está en el Harlem negro, el de la avenida Malcom X y el Boulevard Dr. Martin Luther King. En esta última calle destaca la multitud de iglesias que hay, una cada tres esquinas. Arquitectónicamente sin interés alguno, unos locales más o menos acondicionados, de diferentes ramas cristianas (protestantes, baptistas, ...) y todas ellas con un cartel o un atril en la puerta donde indican el nombre del reverendo que oficiará misa, y a mí no deja de recordarme a esos teatros donde fuera muestran el nombre de la primera estrella.

Nos adentramos en el barrio y la cosa comienza a verse más cercana a la idea que uno tiene de Harlem. No hay una sensación de peligrosidad ni una degradación muy exagerada, pero no es un lugar para "pasear". Yo, que he vivido casi toda mi vida en la Zona Franca de Barcelona, no podía dejar de recordar mi antiguo barrio. Cuanto menos llama la atención ver a dos blanquitos paseando por esas calles un día festivo de buena mañana. Por si acaso, hablamos entre nosotros en un español muy clarito, para que se vea que somos "de la rassa". Porque nuestro objetivo es llegar a la calle 125, donde se sitúa el mítico Apollo Theatre.

Un pedazo de historia de la música, pero bastante decepcionante...

La 125 es una calle más ancha y con más vidilla comercial. Y allí está, el teatro que fue cuna y también prueba de fuego para todo aquél que tocara soul o R&B. Para el recuerdo quedan, claro, discos míticos en vivo allí registrados, como los de Sam Cooke o de James Brown, quien tuvo su capilla ardiente en el teatro. Sin embargo, la decepción me invade cuando veo el teatro no solamente cerrado, sino que externamente no hay nada que muestre su pasado histórico. Nada!! Ni una triste foto, ni un cartel. Nada de nada, por lo menos en la entrada. En fin, no puedo más que tomarme una instantánea no sin pensar que cómo se puede dejar un lugar con tanta historia de esa manera.

En la 125 veo también muestras del movimiento negro más radical, un tipo tiene en la calle un tenderete donde vende memorabilia de la Nación del Islam, con libros y DVD's de gente como Louis Farrakah. Otro tipo vende fotografías de finales del s.XIX y principios del s.XX donde muestra el mercado de esclavos, muestra esclavos con marcas de latigazos, fotos de fulanos con la ropa del KKK, de negros ahorcados tras un linchamiento en un pueblo del sur o simplemente de las horcas que colgaban de algunos árboles en señal de aviso de lo que les pasaba a los negritos malos de Carolina del Sur.

Aquí ya está todo el pescado vendido, de modo que me dirijo a la otra punta de Manhattan, hacia Brooklyn. Brooklyn me lleva a Paul Auster y a una Nueva York de barrio con sentimiento de pueblo. De hecho, fue una localidad independiente hasta que en 1898 decidieron unirse a la gran ciudad. La parte del puente es la zona bohemia del barrio y recibe el cachondo nombre de DUMBO, que no es más que el acrónimo de down under the Manhattan bridge overpass. El puente de Brooklyn reina en el paisaje y la zona se compone de reformados almacenes portuarios. Hoy está resultando ser el día más soleado y caluroso de todos los que he pasado en la ciudad, y bajo el puente, junto al río, hay unos terrenos con parques, césped y decenas de personas preparando un picnic, paseando al perro o pescando. Me siento en unas rocas a pie de río, con Manhattan al otro lado y el puente por delante y se trata de uno de esos momentos tontos que uno recuerda como de lo mejor del viaje. Me resulta un lugar excelente para sentarse, disfrutar del día, de las vistas que te transportan directamente a las películas de los 70's, relajarse y disfrutar.

Vale la pena sentarse un rato aquí, a disfrutar simplemente de estar ahí.

Y como experiencia final, no hay que dejar de cruzar el puente a pie. Se trata de un paseo largo y con un handicap, está lleno de gente. Lleno hasta la exageración. Pero se trata de una de esas cosas como subir al Empire State Building: hay que hacerlo. Y disfrutar de las vistas, a un lado Coney Island, al otro la Estatua de la Libertad, y al frente el skyline de Manhattan.

Si no es por el balón y el cartel, a ver quién es el guapo que dice que aquí se juega al basket...

Hoy es mi última tarde en la ciudad, y decido invertirla en pasar por Virgin (en Times Square) y gastar unos cuantos dólares más en chucherías. Pero antes paso por el Madison Square Garden, un lugar espectacular porque parece cualquier cosa menos un pabellón deportivo. Parece más bien un edificio de oficinas, y no es de extrañar. El tipo de la puerta me informa de que puede ser que en un piso se juege un partido de Hockey Hielo mientras que en otro piso hay un concierto!!! Y al contrario que en el Apollo, hay memorabilia, fotos de viejas glorias de los Knicks, de Muhammad Ali, de Elvis... un lugar emocionante. Una vez en Virgin, la oferta es brutal, camisetas de Bowie, de Kiss, de Ramones, de Police, de The Clash, de RATM, pero también de Indiana Jones, de Bender o de Padre de Familia. Muñecos, tazas, pegatinas, chapas, por no hablar de los CD's y los DVD's. Aunque paradójicamente, eso último es lo menos interesante. Hoy en día en Barcelona puedes encontrar los mismos CD's y DVD's. Pero la memorabilia no. Al final, acabo con dos camisetas, una muy molona de Mick Jagger y otra que tenía muchas ganas de tener, con el logo del Bada Bing, de mis adorados Soprano.

Mañana por la mañana tengo la última media jornada y siento que me faltan muchísimas cosas por ver, por sentir y por vivir en esta ciudad. Tendré que volver. Por la noche, veo en las noticias que siete personas han muerto en un tiroteo en Harlem.

Canciones:

Guns n' Roses: "Better"
Prince: "1999"
Def Leppard: "Put some sugar on me"

viernes, 13 de junio de 2008

Viaje a NYC. Día 4: Central Park y Soho

Hoy es domingo, el día se levanta con un cielo limpio y un sol insolente que asoma sin piedad ya desde buena mañana. ¿Habría acaso mejor momento para ir a Central Park? Aunque de entrada, la primera parada es en el Metropolitan Museum, a la postre, anexo al famoso parque. Cogemos el metro hasta la parada 86th St. y al salir el paisaje urbano ya ha cambiado. Las moles de oficinas son sustituídas por majestuosos edificios de apartamentos de lujo, con portero uniformado y toldo en la puerta hasta el borde de la acera, para no mojarse los Manolos cuando llueva. La clase de bloque donde viviría Sherman McCoy, de "La Hoguera de las Vanidades". Apenas hay gente por las calles, apenas hay locales comerciales. Solo esa ristra de porteros en cada portal, disfrazados de húsares.

El Metropolitan Museum es uno de esos museos gigantescos que más vale no pretender verlo entero en una jornada. Al final, con esta clase de museos, he optado por no obsesionarme. Busco aquello que me apetezca ver especialmente y paseo tranquilamente un rato, sin esperar ver todas las salas. De lo contrario, uno acaba cansado, agobiado de tanta pieza y sin disfrutarlas. En el caso del Metropolitan, no se puede hacer de otro modo. Su colección de Egipto es muy interesante, y cuentan con muchas piezas de la América precolombina, África y Oceanía, que no me interesan tanto. De casualidad, me topo con una exposición especial dedicada a los superhéroes, de modo que me acerco a verla. Se trata de unas muestras de trajes que se lucieron en las adaptaciones al cine de los superhéroes clásicos (el traje de Iron Man, el que lucía Michelle Pfeiffer en Batman Vuelve, el de Spiderman o el del Superman de Christopher Reeve), algo cutrillo más propio de un Hard Rock Cafe cualquiera, junto a una serie de trajes que diseñadores de moda han hecho ex-profeso basados en los superhéroes (diseños de Armani o de John Galliano, que me hizo recordar ese inmenso gag de Muchachada Nui, de Joaquín Reyes-Galliano y su ayudante Lucianete-Carlos Areces). En general, menos interesante de lo que esperaba. Con decir que era mucho más interesante los carteles con informaciones de cómo los superhéroes son derivaciones de los héroes de la mitología clásica y de mitos y leyendas perdidas en el tiempo, de sus connotaciones políticas, de su simbología, etc..., todo eso más que las propias piezas. Acabo el museo viendo la parte de arte contemporáneo (con bonitas piezas de Picasso, Dalí, Miró o Kandinsky) y de Pop Art (por ejemplo, la clásica imagen de la sopa Campbell de Andy Warhol).


Esta zona se llama Quiet Lane... un cachondo, el que le puso nombre

Tras unas horas en el museo, toca disfrutar del sol del mediodía en esa enorme extensión verde, sorprendente en medio de la ciudad, que es el Central Park. Los neoyorquinos toman el sol en el césped, pasean sus perros o sus niños, juegan, hacen picnic. Y lo cierto es que ese lugar invita a tomar tu espacio en el cesped y relajarse. Comemos por ahí tirados y doy buena cuenta de una siesta al sol, a la sobra de los árboles y con los edificios al fondo.

Con las fuerzas recargadas, el plan es pasarse por la zona homenaje a John Lennon, antes de marchar. Se llama, claro, Strawberry Fields, y está en el lado del parque más cercano al edificio Dakota donde vivía. La zona resulta ser algo decepcionante, está llena a rebosar de gente, de unos fulanos tocando canciones de los beatles con las acústicas, en plan kumbayá y con ese horroroso mosaico en el suelo donde se lee IMAGINE y donde la gente deposita flores. En fin, todo muy tópico. No soy un fan a muerte de Lennon, de hecho siempre preferí a McCartney, pero lo que me carga a más no poder es esa imagen del Lennon como una suerte de bonachón pacifista bobo y hippioso que todo el mundo recuerda, aunque es una realidad deformada. E Imagine es una de esas canciones que para poder volver a disfrutarla debería dejar de escucharla en una década, por lo menos. A la salida te topas con el dichoso edificio Dakota, que no deja de tener un punto inquietante, aunque al parecer, nada de eso parece importarle mucho a Yoko Ono, quien mantiene su apartamento allí.

Little Italy (o lo que queda de ella)

El siguiente objetivo es un paseo por la zona sur. Tomo metro hasta Tribeca, zona famosa por la implicación que Robert deNiro tiene en el festival de cine de Tribeca, y por comenzar a ser una zona de implicaciones arty. Sin embargo, por la tarde es una zona algo degradada y sin mucho interés. Caminando llegamos al Soho (o más bien la zona Soho-Noho-Nolita), y eso es otra cosa. Cafeterías, bares, tiendas de diseño bohemio-pijo se van sucediendo en unas callejuelas pequeñas y estrechas para ser NY, pero resulta ser un paseo agradable.

San Antonio protegge a noi

Tengo interés en ver Little Italy. O lo que queda de ella. Hace ya años que los italianos no se establecen en gueto, y además, sus vecinos de barrio resultan ser un gigante voraz. Little Italy está al lado de Chinatown, y en las últimas décadas, Chinatown ha ido absorbiendo al viejo barrio italiano. Mulberry St es la única calle que mantiene el sabor del viejo barrio, y alberga algunos bares que frecuentaban Lucky Luciano, Frank Sinatra o el último gran capo, John Gotti, que murió en prisión donde estaba desde 1990, como el Mare Chiaro. Cuando llego, resulta que hay una suerte de fiesta mayor del barrio, lo cuál se me asemeja quizás demasiado a las Festes de Sants, con la calle cortada, las paradas de salchichas italianas, las tómbolas o los puestecitos de feria. El aspecto de la calle te lleva directamente a las películas de Scorsese, y una cutrísima imagen de San Antonio corona la calle. Y uno, entre el gentío, no deja de buscar a Silvio Dante, a Paulie o a Tony Soprano. O por lo menos a sus homólogos de la vida real.

Canciones:

Reverend Horton Heat: "Party in your head"
D-Generation: "She stands here"
Afghan Whigs: "My enemy"