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lunes, 30 de enero de 2012

San Diego y Los Angeles


Lo reconozco. De los muchos viajes que hago por trabajo, el ir a San Diego dos o tres veces al año es de la clase de viajes que vale la pena. No lo puedo evitar, tengo fijación con los USA. Y bueno, tienen cosas que ofrecer. Mi itinerario era el habitual para cuando voy por allí: Barcelona – Londres – Los Angeles – San Diego.

Llegué al aeropuerto de Los Angeles a media tarde, aunque el cambio de hora hace que para mí, fuera de madrugada, con el agotamiento físico que implica. Pero queridos, cuando llegas a la zona de alquiler de coches y el tipo de Hertz se te lamenta porque con GPS (como indicaba en mi reserva), sólo puede darme un coche pequeño, como un Chevrolet Camaro (??!!), te das cuenta de que ciertas cosas pasan sólo allí. Cómo no, acepté sus disculpas, y aparcadito me esperaba, negro, reluciente, ese pedazo de coche. Aunque lo cierto es que en ese país, los coches son ridículamente baratos. Un carro como el que llevé, dudo que costara más caro de 25000 USD.

En cualquier caso, permitidme que rompa mitos, y que nadie me entienda mal, estaba como un niño con zapatos nuevos, pero conducir un Camaro es muy incómodo. El asiento está casi en el suelo, y el techo es muy bajo, por lo que la postura a adoptar es con la espalda muy inclinada, y aún así, la cabeza me rozaba el techo. El hecho de ser un coche automático (como todos en USA) hace que la sensación de aceleración cuando uno mete la tercera, luego la cuarta, la quinta y si se tiene, la sexta, se pierde. En fin, pecata minuta, queridos. De Los Angeles a San Diego hay unos doscientos kilómetros, aproximadamente. Un paseíto, por lo menos en domingo por la tarde, si el tráfico acompaña.

Porque, y aunque San Diego es una ciudad bonita, especialmente también el área a su alrededor, con pueblitos de playa y pesca (más recreativa que otra cosa), mi interés estaba centrado en Los Angeles. He estado varias veces en esa ciudad, y qué puedo decir: me gusta mucho. Por desgracia, habitualmente no estoy más que unas horas, una mañana o una tarde. En un par de ocasiones pasé un fin de semana, cosa que recomiendo a cualquiera.

Los Angeles, a diferencia de San Diego, carece de su, digamos, rollito Good Vibrations, de esa tranquilidad y amabilidad que supura el área de Southern California. Los Angeles es fría, extremadamente grande, apenas hay gente caminando por las calles, a excepción de paseos como Venice Beach, hay mucha pose. Y por supuesto, nunca, por nada, se os ocurra ir sin coche. Se trata de una ciudad diseñada para los coches. Porque así es como vive, por otra parte, el americano medio. O si no, por qué os creéis que permiten conducir a partir de los 16 años y que los coches son todos automáticos (ergo, hasta un chimpancé podría conducirlos).

Chevrolet Camaro... EL coche
Mi día para Los Angeles era el viernes. El plan, sencillo, despertarme pronto, conducir hasta allí, aprovechar la mañana y llegar no más tarde de las cuatro y media al aeropuerto LAX. Y todo iba bien, hasta que faltaban unos 35 km. Entonces topé con el clásico atasco de la entrada y salida de la ciudad. Y eso sin ser hora punta. Ya contaba con ello, no obstante. Y tenía una ruta marcada, para no liarme ni perder el tiempo.

La primera parada era en el 6400 de Sunset Blv, lugar donde está Amoeba Records. Pero antes, justo enfrente, hay un local de la mejor cadena de fast food del país, ya he hablado de ella en otras ocasiones: Jack In The Box. De modo que dejé mi Camaro en el parking del local (allí todo tiene parking) y di buena cuenta de un sano desayuno hamburguesero. Dos apuntes te recordaban dónde estabas. Dentro del local un homeless tomando un café, de los muchos que hay por las calles (y cuando digo muchos, es muchos), un cochambroso negro con una silla de ruedas y un acompañante. El negro pasaba del acompañante porque estaba escuchando música por un discman. Tipos raros, sí, otra constante de la ciudad. Y luego entra una rubia oxigenada, pelo corto rollo 80's, vestido negro, botas altas y gabardina. Acaba de aparcar un cochazo en la puerta, y nada más entrar, se dirige al baño. Fastidiada porque la puerta del baño está cerrada (hay que pedir que te abran), se larga sin pedir nada, y se queda en el parking jugando con su smartphone.
Un buen sitio para reponer fuerzas... para cuando una franquicia de Jack In The Box en Barcelona?
Acabado mi desayuno, tengo que aparcar fuera. Hay una especie de zona azul, en la que cada plaza tiene un expendedor de tickets de hora. Pago por una hora (la estancia máxima permitida) y me voy, ahora sí, a Amoeba Records. Ya he hablado otras veces de esta tienda, y no me cansaré. Mucho material, pero lo mejor, es su sección de ofertas. Cientos de discos inicialmente no dispuestos a la venta, por ser copias de promoción, o para radios, en un estado perfecto, no como en las lamentables tiendas de segunda mano españolas, a precios entre 1,99 y 2,99 USD. Por si fuera poco, te llevas tres y pagas cuatro. Por supuesto, perdí la cabeza y acabé con 40, por los que pagué unos miserables 90 USD. Compré de todo, desde discos que no había escuchado nunca, como PJ Harvey o Soundtrack Of Our Lifes, a completar colección, como REM, U2 o Stones, o a renovar algunos CD's que tenía grabados, como QOTSA o Stone Roses.

Cuando me di cuenta, mi tiempo se pasaba, y tuve un error de cálculo, la chica tardaría unos 10 minutos largos en quitar el protector de cada CD y cobrarme. Pues bien, cuando llegué al coche, tenía una maravillosa multa de aparcamiento. Sí, queridos, vuestro viejo amigo Kar es ahora mismo un delincuente para los Estados Unidos de América. Por diez miserables minutos que me pasé de la hora, tenía una multa de 58 USD, que podía abonar dejando la pasta en el sobre de la multa, en un buzón, por un teléfono u online. Supongo que optaré por esta última. Después de lo de Megaupload, no me siento muy cómodo teniendo un dinero a deber al Gobierno Federal.

Casi mola más el cartel que el sitio...
Mi siguiente destino lo había leído en una entrevista a Bunbury (sí, él otra vez!), en el que hablaba de una tienda de artículos extraños, que por el nombre, ya me gustó: La Luz De Jesús. No estaba muy lejos, no más de 15 minutos conduciendo. Resultó que la tienda también tenía una pequeña galería de arte. Y su material, de lo más curioso. Desde libros sobre Anton LaVey hasta máscaras de luchador mejicano, pasando por muñecos de Kiss o El Silencio de Los Corderos, para incluir también bastante material más digno de tienda de chinos hispánica, como llaveros con forma de hoja de marihuana. Nada me convenció especialmente, pero el sitio resultaba curioso.
Necromance... malas vibraciones... por cierto, está prohibido hacer fotos en el interior...
Otra tienda era el siguiente objetivo: Necromance, en Melrose. Melrose es una avenida más agradable que Sunset, por ejemplo, la calzada sólo tiene 4 carriles y los edificios están más juntos, y casi se puede pasear. No deja de ser un ambiente curioso para un sitio como Necromance, donde se rinde culto a la muerte. Al entrar, música de cámara, de un ambiente más bien fúnebre, como tiene que ser. Animalillos disecados, pieles de serpiente, elementos hechos de hueso... mal rollo. Andaba yo buscando una calavera. No preguntéis. No encontré lo que quería, así que pregunté a la dependienta. Como el 70% de la gente en las tiendas, era hispana. Vestida, como mandan los cánones, toda de negro, resultó ser más maja de lo que las malas vibraciones del lugar parecería indicar. Me dijo que ellos, no, pero en una tienda “couple of blocks away”, tal vez. No encontré tampoco allí lo que quería, pero me paseé un poco por el lugar, que no conocía, y mira, no está nada mal Melrose.

Alijo de CD's de Amoeba Records... también compré la edición Deluxe del último disco de Chris Isaak... canela en rama, queridos...
Antes de ir al aeropuerto, hice una parada técnica en un 7Eleven en busca de una bebida, un último capricho que sólo puedo hacer en USA... beber Dr. Pepper o Vanilla Coke. En esta ocasión me decanté por esta última. No sé por qué nadie se anima a traer estas bebidas a la Celtiberia. A mí, me harían feliz. Y con mi sed satisfecha, encaré hacia el aeropuerto. Iba con el coche en reserva, y se me ocurrió tirar sin repostar. Ahora lo veo como una idiotez, porque, de acuerdo, eran sólo 25km, pero no conocía el coche, no sabía cuánto me duraría la reserva, y si me hubiera dejado tirado, sinceramente, no sé qué hubiera hecho... ¿llamar al 911? ¿dejar el coche allí y caminar dios sabe cuánto en busca de una gasolinera en que me quisieran vender una bolsa de combustible? En fin, niños, no hagáis estas tonterías. Que ya las hago yo por vosotros.

Canciones:

R.E.M.: “Driver 8”
QOTSA: “I Was A Teenage Handmodel”
Chris Isaak: “Ring Of Fire”

viernes, 5 de febrero de 2010

Cronicas de San Diego

Como se que os gusta verme sufrir por esos mundos de dios, rufianes que leeis estas lineas, os dire que una vez mas, vuestro amigo Kar postea desde un aeropuerto. Y no, el teclado no tiene acentos. Cosas de los USA. Lo mas cercano a un acento tal y como lo conocemos en casa es (y usemos una palabrilla acentuada) esto: "cami`on" ... o esto: "cami'on". Como quiera que ninguna de las dos me acaba de convencer, dejaremos el tema sin acentos (o sin tildes, como me decian en el cole).

Ahora mismo son las 19'15 hora local, 4'15 del dia siguiente (viernes) en Barcelona. Mi vuelo de Los Angeles a Londres se retrasa como una hora y cuarto, lo cual me impide coger mi conexion de Londres a Barcelona. Para colmo, todos los vuelos directos de Londres a Barcelona de British Airways o Iberia estan llenos (???), por lo que la unica opcion es recolocarme en un Londres-Madrid y luego tomar un Madrid-Barcelona. A que mola?

En fin, lloriqueos aparte, lo cierto es que no me puedo quejar mucho de este fugaz viajecillo a mi ya querido San Diego. Claro que este punto lo confirmare manyana (no, tampoco hay enyes) una vez haya aterrizado en Barcelona, entero y con todo mi equipaje.

Durante el viaje de ida recupere el episodio final de Los Soprano, que lo ofrecian en el menu del avion, y me gusto tanto como la primera vez que lo vi. Todo el mundo destaca la cancion de Journey que ilustra la magistral escena final, logicamente, por ser la escena final y por tener ese protagonismo, pero yo me sigo quedando con ese tema de Vanilla Fudge que suena varias veces durante el episodio. Llevo tarareando ambas canciones, la de Journey y la de Vanilla Fudge toda esta semana.
Y hablando de Los Soprano, la sorpresa la tuve en el punto de alquiler de coches, cuando, como el vehiculo que me tocaba no estaba preparado, me dieron un coche digno de todo un Tony Soprano, un Saturn VUE fantastico. Que yo sepa, Saturn no se vende en Europa, tal vez algunos modelos si, bajo marca Chevrolet, pero no estoy muy seguro. En fin, el caso es que yo y mi coche molon enfilamos hacia San Diego. De LA a San Diego hay 190 km, lo que ocurre es que segun a que horas se haga el trayecto, el trafico es poco fluido, y tarde bastante. Y si consideramos que cogia el coche a las 2 de la madrugada, hora espanyola, estaba bastante cansado para conducir. Aun asi, como ya me lo veia venir, me lleve unos cuantos CD's para animarme e ir berreando las canciones en el coche, una de mis aficiones favoritas. Entre ellos, el primer CD que tuve: "Aerosmith Greatest Hits", que recoge los jitazos de los de Boston en su etapa Geffen. Lo se, habra quien no disfrute de ello, pero personalmente no tengo problema alguno con canciones como "Love In An Elevator", "Amazing" o "Dude, Looks Like a Lady". Estoy, ademas, pasando una fase Aero muy pronunciada, ya que me encuentro en plena lectura de la autobiografia de la banda. Por supuesto, cuando la acabe, ya dare buena cuenta de ella en estas lineas.

Como viene siendo habitual, el primer dia el jet lag me destrozo, y como viene siendo habitual tambien en mis visitas a USA, el segundo dia por la tarde lo dedique a irme a un Outlet Mall, uno que hay justo en la ultima salida de la autopista antes de la frontera mexicana (vamos, que mejor no pasarse de salida). Lo cierto es que me comporte como una personita decente y no gaste mucho. La verdad es que apenas compre nada para mi. Resulta curioso como en California, el 80% de los camareros, dependientes, taxistas y demas son hispanos. Y todos los que veian mi procedencia (al comprar con tarjeta, o simplemente preguntaban), todos me hacian referencia al futbol y al FCB.

Pero bueno, yo creo que la parte interesante del viaje, la que gusta a la parroquia, aquella en la que Kar el Paleto hace su aparicion, ha sido esta tarde. Tenia mi vuelo previsto de LA a las 20'30, y como el trabajo estaba mas o menos apanyado hacia mediodia, a la una y media salia, ufano, en mi Saturn VUE, direccion aeropuerto de LA. El caso es que a 20 minutos de mi destino, me doy cuenta de que no he cogido nada de trafico, que son las 15'15 y ya casi estoy en LA. Por lo que la tentacion aparece, una vez mas... Por que no desviarme y hacer una parada en la tienda Amoeba Records de Hollywood, hacer unas compras y luego ir al aeropuerto? Ok, visto desde fuera, parece que tenia tiempo de sobras, pero yo no estaba seguro. El trafico en LA a partir de las tres es chunguisimo, y una fatalidad (un accidente, una obra...) me podia dejar sin vuelo y en tierra. Le di muchisimas vueltas, lo juro, pero al final, la tentacion me pudo.

De modo que a las 15'45 estaba en Sunset Blvd, enfrente de Amoeba. Las cosas iban bien, tanto que incluso encontre aparcamiento en la calle, un dolar por hora (de pago, ok, pero en LA aparcar en la calle es pura utopia). Total, que hecho un flan (por mi cabeza pasaban mil fatalidades que podian ocurrirme para hacerme no llegar a tiempo a mi avion), me digo a mi mismo que a las 16'30 debia salir, si o si, de la tienda. Como veis, precision militar.

Para mi gusto, lo mejor de Amoeba, lo digo siempre, es la seccion de segunda mano. Discos en un estado impecable a precios muy buenos. Y de esa seccion, la parte de ofertas es, sencillamente, brutal. Cientos de discos a entre 1'99 y 2'99 $, con oferta de 4x3. Por supuesto, hay que remenar y rebuscar entre la multitud de basura, y depende del dia, estas mas de suerte o menos. Hoy, que no tenia mucho tiempo, obviamente, era una locura. Discos de The Posies, de Iggy, de Jon Spencer, de Chris Isaak, de REM, de Phoenix, de Tori Amos... al final, no lo he podido evitar, he salido con 23 CD's. Contando que el sabado anterior habia pasado por FNAC y con la conya de la oferta 4x3 (ni punto de comparacion con Amoeba, pero encomiable tambien) me habia comprado unos cuantos... esto es un desastre. Lo reconozco, ultimamente compro mas de lo que puedo escuchar, y muchos de esos discos cogeran polvo en la estanteria antes de que les pueda echar un tiento. Lo mio es ya preocupante. Pero efectivamente, a las 16'40 salia por la puerta y cogia el coche.

Entonces si que estaba nervioso, y por supuesto, el arrepentimiento y el acojone a quedarme en tierra era maximo. Y para rematar la faena, ta-ta-chaaaaan... se me enciende la luz del deposito. Claro, en realidad eran 20 km los que me separaban de mi destino, pero... que se yo, en mi coche si que controlo lo que dura la reserva, pero en un coche desconocido... opto por tirar adelante, pero a la tercera gasolinera que dejo pasar, me doy cuenta de que el riesgo que corro es demasiado grande. Total, que me paro y a toda hostia entro en la caseta y compro 20$ de combustible (esto es USA, amigos, con 20 $, unos 15 miserables euros, lleno casi medio deposito). Y al coger la manguera, la cosa no tira. Aprieto "el gatillo", lo pruebo de todas las maneras posibles, pero nada, ahi no sale gasolina. Con cierto desespero, le pido ayuda a una pobre hispana que sale de trabajar con su traje de limpiadora puesto y todo. Supongo que mi cara es un poema, porque no se me rie, y claro, ademas, le hablo en castellano... mi "hermana de rasssa" se apiada de mi y me ayuda con la mierda del surtidor (simplemente habia que apretar un puto boton antes), mi dignidad esta ya por los suelos, de modo que solo puedo agradecerle y salir pitando.

Y oh, sorpresa, despues de la tension acumulada, resulta que la autovia hacia el aeropuerto esta bastante decente y llego con tiempo de sobras. Esto es casi increible, la jugada me habia salido redonda: salgo de San Diego a tiempo, llego a LA sin problemas, me permito el lujo de un exceso en compra de discos y soy capaz de llegar a aeropuerto y dejar el coche a tiempo. La realidad, claro, ya la he contado. No todo podia ser tan maravilloso, y a esta jugada maestra de hoy le seguira un via crucis de aeropuertos que finiquitara mas de 24 horas despues con mi aterrizaje (crucemos los dedos) en El Prat. Pero esa sera otra historia.


Canciones:

Journey: "Don't stop believing"
Red Hot Chili Peppers: "The power of equality"
Aerosmith: "What it takes"

domingo, 30 de diciembre de 2007

Route 66 (get your kicks on)

No cabe duda de que no hay ninguna carretera en el mundo con más glamour y aureola mítica que la Ruta 66. Se trata de una antigua carretera que se creó en 1926, y que recorre una gran parte de los Estados Unidos desde Chicago hasta Los Angeles, aproximadamente unos 4000 km. Esta carretera está íntimamente ligada al rock, y ahora enseguida se relaciona rock y Ruta 66, prueba fehaciente de ello es la cabecera de una de las grandes revistas musicales de España, que se llama precísamente así.

Todo se debe, parece ser, a la canción que lleva por título "Route 66 (get your kicks on)", celebérrima, y que es un verdadero homenaje a dicha carretera. Sin embargo, y pese a que hoy en día es algo así como un standard de rock, el compositor y la pieza original poco tienen que ver con el rock. Esta canción la compuso el músico de jazz Bobby Troup, en 1946, inspirado por un viaje que recorrió casi toda la carretera en cuestión. Y es que la Route 66 fue, durante muchos años, el camino que recorrían las personas que emigraban hacia el oeste, como en las novelas de John Steinbeck. Volviendo a Bobby Troup, compuso este tema y se lo prestó a Nat King Cole, quien fue el primero que popularizó la canción:



Como veis, una versión diferente a la que estamos acostumbrados. Nat King Cole fue un cantante de jazz que aquí sólo recuerdan las abuelas, por aquello de que un buen día le dio por ponerse a cantar rancheras en un castellano macarrónico ("si adelittaahh se fuerra con otrouu"). Pero vamos, que su carrera tenía más interés que aquello. En cualquiera de los casos, fue Chuck Berry el que le diera al tema un barniz rockero que a la postre, convertiría la canción en el clasicazo que es hoy en día:



Esto ya es otra cosa, ¿no? Esta ya os suena más, seguro. Chuck Berry, sin duda un genio. Algún día alguien tendría que dejarlo bien clarito. Y quienes se empaparon de Chuck Berry y decidieron hacer su versión fueron unos primerizos Rolling Stones. De hecho, los primeros discos de los Stones tienen mucho de saqueo del legado de Berry, cosa que, por otra parte, muy bien le vino al viejo Chuck, quien vivió mucho tiempo de los dividendos que le generaban esos ingleses.



Esta es, para mi gusto, la mejor versión de "Route 66 (get your kicks on)" de la historia. Tempo adecuado, unos Stones jovencísimos con toda el ímpetu de su juventud, instrumentación cruda... magistral, una versión que supera los originales. Y seguramente, la versión más popular del tema. A partir de esta, se convitió, ya digo, en un standard, con muchísimas versiones, algunas más fieles, otras más atrevidas. En este caso, por ejemplo, The Cramps hacen una versión muy a su estilo, de blues primitivo oscuro:



Ahora, que para versión "diferente", la de Depeche Mode. Ok, algunos le tienen ojeriza a esta banda. Yo mismo, la odié durante años. Qué puedo decir, hoy en día me encantan. Esta versión la grabaron a finales de los 80's, y muestra como hacer una versión que realmente aporte y suponga un cambio respecto a la original:



No se puede decir que hayan caído en la convencionalidad. Otro que no ha caído en la convencionalidad ha sido Brian Setzer, quien con su orquesta, hizo también la pertinente cover. Pero Setzer la hizo no de la versión rockera, sino de la original jazz. Algo diferente a lo que estabamos acostumbrados:



En fin, cientos de versiones, y las que quedarán, que hacen de "Route 66 (get your kicks on)" un clásico en toda regla. Pero no quisiera cerrar esta entrada sin mostrar la versión hispánica definitiva, a cargo de Los Sirex, sí, esos que perpetraron el crimen de componer "Si yo tuviera una escoba", que en una pirueta con mortal, se cepillan la letra, eliminan toda referencia a la carretera americana, y la titulan "San Carlos Club". Olé sus huevos.



Y lo he de decir... en el fondo... me gusta esta versión!! es puramente American Graffitti, pero en versión barcelonesa. Para acabar, os dejo la letra (la original), para que podáis cantar, que sé que os gusta, tunantes!!

ROUTE 66
(Troup)

Well if you ever plan to motor west
Just take my way that's the highway that's the best
Get your kicks on Route 66

Well it winds from Chicago to L.A.
More than 2000 miles all the way
Get your kicks on Route 66

Well goes from St. Louie down to Missouri
Oklahoma City looks oh so pretty
You'll see Amarillo and Gallup, New Mexico
Flagstaff, Arizona don't forget Winona
Kingman, Barstow, San Bernadino

Would you get hip to this kindly tip
And go take that California trip
Get your kicks on Route 66

Well goes from St. Louie down to Missouri
Oklahoma city looks oh so pretty
You'll see Amarillo and Gallup, New Mexico
Flagstaff, Arizona don't forget Winona
Kingman, Barstow, San Bernadino

Would you get hip to this kindly tip
And go take that California trip
Get your kicks on Route 66



lunes, 17 de diciembre de 2007

Johnny Depp

A estas alturas me resulta extraño que no haya hablado todavía de él... en fin, ahí va. Y es que no me avergüenza reconocer que uno de mis ídolos de adolescencia fue el gran Johnny Depp. A partir de los 14 años, más o menos, descubrí a ese actor, y aunque con el tiempo mi admiración ha ido decreciendo, diablos, no se puede decir que hoy en día no le tenga un respeto especial. La principal diferencia es que antes se trataba de admiración a una figura. Al personaje. O como suele ocurrir, a la imagen que me formé del personaje. Esto es a menudo injusto con la persona, un actor, un músico, un escritor, en general las personas somos más poliédricas de lo que pueda parecer, pero la admiración en demasiadas ocasiones provoca que nos formemos una imagen de aquellos a quienes admiramos, y al final, se admira tal imagen. En mi caso, mi objeto de admiración era ese Johnny Depp a quien siempre me quise parecer: un actor que participaba en los proyectos más laureados de su época, con una aureola de rebeldía, con ese look tan fantástico, un tío guapo (ya lo dije, que siempre me quise parecer... no me culpen por reconocer mis recuerdos) pero a su vez no era un guapito prefabricado. Además, y por si esto fuera poco, se permitía el lujo de enrollarse con Wynona Ryder (otra que pasó por ser el mito erótico del grunge) y la preciosa Kate Moss, por no hablar de su actual mujer, Vanessa Paradis, el tipo tiene, sin duda, buen gusto.. No sólo eso, sino que además era un tío aparentemente inteligente, aparentemente sensible, un rockero y proyectaba una imagen con un cierto halo de romanticismo. Por supuesto que todas estas etiquetas son más que discutibles, especialmente con la perspectiva que da el tiempo. Qué importa. Yo quería ser como él.

El de la derecha creo que es Shawn Ryder, extrañamente, con agua (??)... pero que me aspen si Depp no iba de grunge...

Johnny Depp nació en 1963 (siempre me ha hecho gracia esa gente que utiliza el diminutivo en su nombre toda la vida). Participó en la primera película de Pesadilla en Elm Street, pero a decir verdad, esa cinta nunca significó mucho en mi vida. Sí lo hizo, y seguramente si leyera estas líneas, se horrorizaría (Johnny, no me lo tengas en cuenta), la serie que protagonizó entre 1987 y 1990, 21st Jump Street, o como se conoció por estos lares, Jóvenes Policías. Wow, pedazo de serie. Me encantaba, la cosa, ya lo recordaréis, iba de una especie de comando policial cuya característica principal era la rabiosa juventud de los detectives, y cuya especialidad era infiltrarse y resolver casos en los que estuviera implicado algún sector juvenil: un instituto, una banda, un grupete que hacía carreras ilegales, un club nocturno. Bajo esta gilipoyez paseaban estos individuos, luciendo una estética que se acabaría adoptando en la década de los 90's, y en la que en cada episodio sonaban temas de algún disco de la época. Recuerdo con especial cariño el episodio en el que daban un repaso al magistral Green, de R.E.M.

Musa noventera

Repasando la filmografía, me doy cuenta que entre 1990 y 1996 se forjó un nombre más basado en la fama, el papel couché y esa aureola de enfant terrible y de actor de culto que no en títulos. Lo más interesante en esa época fueron Eduardo Manostijeras, ¿A quien ama Gilbert Grape? y Ed Wood. Lo dicho, por aquella época recuerdo perfectamente verle aparecer en el Lecturas que mi abuela devoraba con pasión, con una pinta totalmente grunge, destrozando hoteles y disfrutando de los placeres del alcohol y la química. Todavía recuerdo en mi memoria uno en cuestión al respecto, y de entre un monton de fotos, podría aún reconocer las que ilustraban esas páginas. Por supuesto, subió de golpe a mi pedestal personal. En esa época adquirió el club The Viper Room, en pleno Sunset Strip de L.A., donde se codeaba con rockeros de lo más interesantes (Flea, Iggy Pop, ...) y que será siempre conocido, por más que hayan pasado 14 años de ello, como el lugar a las puertas del cual River Phoenix murió de una sobredosis de speedball. Si no tengo mal entendido, vendió su participación hace algún tiempo.

Ed Wood... grandes recuerdos

Las conexiones de Depp con el rock van mucho más allá del grunge, siempre estuvo interesado en el hard rock y por todos es conocida su breve etapa como guitarrista de los Rock City Angels, banda que probablemente mereció más suerte. Se codeó, sin embargo, con los popes de la generación alternativa (el mencionado Flea, John Frusciante, Gibby Haynes, ...), y su look era definitivamente 90's. Cuando yo me empecé a interesar en él, pasaba, al parecer, una época chunga, debido a su ruptura con Wynona Ryder y su tortuosa relación con Kate Moss, que además de guapísima, debe ser una juerguista de cuidado, amén de su interés por la química.

Lo reconozco: Kate Moss me pone... y cuanto más golfa y juerguista es, más me pone

Poco después, Johnny Depp se, digamos, calmó un poco. Adoptó una pose más intelectualoide, más arty. Sin embargo, los títulos posteriores que grabó son también muy interesantes, a saber, Donnie Brasco, La novena puerta, La Leyenda del Jinete sin Cabeza (Sleepy Hollow), Blow, Piratas del Caribe: La maldición de la Perla Negra, Charlie y la fábrica de chocolate... ok, la trayectoria es irregular, pero ha participado en muchos proyectos interesantes, y en otros que, si bien no lo son tanto, su presencia los arregla. Su incursión tras las cámaras, The Brave, es, sin embargo, un coñazo absoluto que sólo tiene interés porque pudo convencer a su amiguete Marlon Brando (minipunto para Depp) para que paseara su oronda figura por la pantalla unos 10 minutos.

Está claro que hoy en día ya no se trata de un actor de culto. Probablemente haya tantas razones para la admiración como para su deploración. Pero si a los 15 años me hubieran preguntado qué quería ser, hubiera dicho Johnny Depp.

Canciones:

Prince: "Sexy MF"
Los Módulos: "Todo tiene su fin"
Nirvana: "Pennyroyal tea"

miércoles, 28 de noviembre de 2007

USA Kar Tour 2007. Día 13: Epílogo con jet lag

Bueno. Ya está. Se acabó la aventurilla. Podría decir que se acabó el sueño (americano), pero es que de sueño (el de verdad), tengo un rato largo. Era el primer viaje transoceánico que hacía, y yo que siempre pensé que esto del jet-lag era una pijada… me he dado cuenta de que no. Y ahora estoy, levantándome a las 6 como si hubiera dormido hasta mediodía, y luego, durante el día, durmiéndome por las esquinas.

Estoy cansaooooo

Atrás quedaron las calles de San Francisco, las playas de Hawaii, el vicio de Las Vegas y ese todo que es L.A. (calles, playas y vicio). Y me he vuelto con la sensación de que no he tenido tiempo de casi nada. Para un futuro (esperemos que no muy lejano) queda un viaje a California, dos semanas, alquilando un coche en San Francisco y dejándolo en San Diego , con una noche en la ciudad del juego, las luces de neón y el vicio, pasando por el desierto de Mojave y por Joshua Tree, visitando la frontera mexicana y circulando por la mítica Route 66. En fin, esperemos que no muy lejano.

Y yo? Pues a volver a la realidad. Qué remedio me queda. Y diablos, que me quiten lo bailao. Espero que hayáis disfrutado del relato. A partir de ahora, NDK volverá a su temática dispersa de siempre. Y a ahorrar tocan. Ale, besos, abrazos y arrumacos varios.

Canciones:

Miqui Puig: “Segundo Premio”
Maurice Ravel: “Bolero”
The Offspring: “Nitro (youth energy)”

domingo, 11 de noviembre de 2007

USA Kar Tour 2007. Día 6: Lost Angels

Al final me doy cuenta de que no es posible moverse por L.A. sin coche. De modo que para hoy, contrato una pequeña excursión de una mañana en la que nos llevan a los puntos más significativos de la ciudad. La primera parada, muy cerca del Downtown es el Dorothy Chandler Pavilion, donde hasta hace poco se entregaban los oscars. Lo cierto es que sin alfombra roja, ni focos, ni estrellas, resulta de lo más anodino. Y sin duda, el Kodak Theatre tiene mejor situación, en pleno Hollywood Boulevard. De camino pasamos por la catedral de L.A., un horroroso edificio de Rafael Moneo, eso sí, obviamente con su parking con capacidad para cientos de coches. Está claro que ésta es una ciudad construida pensando en el desplazamiento en automóvil. Pero antes de convertirse en la enorme conurbación que veo, donde se incluyen entidades administrativas como Santa Monica o Beverly Hills, Los Angeles fue una colonia española, catalana, para más señas, fundada sobre una misión. Esta misión y un par de edificios más, pertenecientes todos a principios del siglo XVIII, se conservan de un modo muy pintoresco en medio de las moles de edificios del downtown, en un recinto que llaman “El Pueblo”. La visita no tiene mayor interés que la propia anécdota, los edificios están conservados tan artificialmente que parecen los decorados de Mexico de Port Aventura. De modo que sin mayor dilación, nos dirigimos a uno de mis objetivos del viaje, Hollywood Boulevard. Ok, te lo puedes tomar como algo decepcionante, o como algo mágico. Depende de con qué mentalidad vayas. Es evidente que en una avenida tan enorme como Hollywood Blv. resulta imposible mantener el sabor clásico. Incluso podría decirse que en algunos tramos se encuentra en una franca decadencia, lo cuál no deja de tener algo de atractivo. Por supuesto las míticas estrellas cubren las aceras, pero pierde su gracia cuando al lado de estrellas como John Barrymore o The Doors puedes ver estrellas como las de Chris Rock o Emilio Stefan. Es mejor, pues, fijarse en aquellos puntos que mantienen su encanto, bares y restaurantes que ya frecuentaban las estrellas del cine mudo, los primeros cines de la ciudad u hoteles como el Hollywood Roosevelt, donde en 1929 se entregaron los primeros premios Oscar de la historia.

Otra cosa es el Teatro Chino de Hollywood Boulevard. La propia fachada te transporta a lo que se dio a llamar “la magia del cine” y por supuesto, están las huellas, esta vez sí, de los más grandes. No puedo evitar el poner mis manos en las huellas de Dean Martin, de Al Pacino o del mismísimo Frank Sinatra. Y aunque ni siquiera este lugar está exento de concesiones a la comercialidad más actual (había, por ejemplo, una losa con las huellas de los críos actores de Harry Potter), resulta de lo más interesante del paseo. Porque luego está el Kodak Theatre, donde se hacen las galas de los Oscar en la actualidad, pero está carente de personalidad y el interés se centra en la propia mitomanía. Para que os hagáis una idea, al lado del teatro hay un centro comercial y a veces es difícil distinguir dónde acaba el centro y dónde comienza el teatro. Este centro incluye, no obstante, un mirador hacia el mítico cartel de Hollywood, que está la hostia de lejos, aunque en el cine dé otra sensación.

Homenaje al gran Frankie

La última parte de la visita tiene menos interés. Se trata de un tour por Beverly Hills, para ver las mansiones y los cochazos de lujo, y acabar en Rodeo Drive, cuyo único interés reside en alojar las tiendas más caras de la ciudad. Un aburrimiento, vamos. Nos vale, sin embargo, para acercarnos a la parte de Santa Monica, así que en tan sólo media hora de autobús (y eso, en esta ciudad, es muy poco), nos plantamos en una de las míticas playas angelinas. Lo más gracioso es pasear por esas playas que había visto tantas veces en “Los Vigilantes de la Playa”, serie de la que me declaro fan, por lo menos de las primeras temporadas. El día está soleado y aunque ya no hace época de baño, sí hay gente tomando el sol o paseando. Por supuesto, aprovecho para tomarme fotos en las casetas de los vigilantes y frente al mítico 4x4 amarillo. Y un buen paseo nos lleva a Venice Beach.

Venice Beach es de los pocos sitios de L.A. que conservan su aureola hippie. Los hippies siguen viviendo allí, como antaño lo hicieron los beatniks (como Charles Bukowsky), aunque se trata de una zona que se ha degradado bastante en los últimos 20 años. De hecho, te recomiendan que vayas y pasees, pero que te largues antes de que se ponga el sol. Entonces el paseo lo ocupan las bandas callejeras, principalmente de hispanos. Y efectivamente, durante el día las bandas están por ahí, pero se entremezclan con una amalgama de hippies de la vieja escuela, jóvenes hippies, homeless (alguno de ellos también muy joven), tipos que tocan la guitarra, otros los bongos, pintores callejeros, vendedores de chorradas y muchas tiendas de camisetas, recuerdos, ropa, y tonterías varias. Me compro un par de camisetas rollo vintage de Led Zeppelin y de Rolling Stones muy guapas. Y hacia el final, está el gimnasio al aire libre donde muchos culturistas entrenan, como lo hizo en su día Gobernator. En esta zona también se junta mucho freak callejero, como uno que suelen nombrar en Popular 1, por aparecer en la peli documental de Perry Farrell, quien vivía en este barrio, que por cierto, le pegaba completamente. El tipo se pasea con sus patines tocando una guitarra eléctrica, y tuve el pequeño privilegio de verle. Y acabo descansando un rato sobre la arena, donde se supone que una vez se encontraron Jim Morrison y Ray Manzarek, y este último se quedó flipado de uno de los poemas/canciones que le cantó Morrison, y donde le propuso juntarse para hacer música.

El freak más popular de Venice Beach

Tras una tarde de playa, decido reencontrarme con un viejo amigo, Amoeba Records. Efectivamente, también hay una sucursal en L.A., en el 6400 de Sunset Blv. Lamentablemente, el material de oferta no es tan tirado de precio como en San Francisco, ni tan potente. Aún así, salgo con 8 CD’s al triste precio de 32 $, aunque me sabe a poco, después de lo de Frisco. Al salir son ya las 21h y mi estómago me pide cena. Justo enfrente de Amoeba hay un restaurante de fast food de la cadena Jack In The Box. En realidad no es tan diferente del mardonals hispánico. Pero sí hay algo distinto. En JITB las hamburguesas son más grandes y más buenas. Y el precio, más barato que en los burguers españoles. Y no quisiera cerrar el tema comida sin alabar una costumbre americana que se debería importar ya: el bottom-less glass. Aquí no te dan la bebida, te dan el vaso y tú mismo vas al expendedor de coca-cola (o lo que sea) y te lo llenas. Y si a media comida se te acaba, pues te lo vuelves a llenar. Esto suele estar disponible en muchos restaurantes, sean cadenas de comida rápida o sean pequeños establecimientos.

La mejor cadena de hamburguesas de la costa oeste

Y si ya he comprado y ya he cenado, toca tomarse una copa. Me apetece algo tranquilo, de modo que esta noche me decanto por el Cat Club. El Cat Club es relativamente nuevo, se abrió en 1999, al lado del Wisky A Go-Go, y pertenece al batería de Stray Cats, Slim Jim Phantom. Una vez más, mi sorpresa llega al entrar y ver lo pequeño que es. Tres mesas, una barra, un mini-escenario, y ya está. Vamos, que la sala Mephisto de Barcelona es bastante más grande. Sin embargo, está decorado con mucho gusto y resulta un local con encanto. Tiene un toldo negro a la puerta, que está decorada con motivos de leopardo. Dentro, esas características llamas pintadas en la pared, típicas de decoración rockabilly, y unas fotos de rockstars, bien colocadas y bien enmarcadas, y asientos en rojo. En definitiva, buen gusto.

Altamente recomendable

Esta noche toca un tipo que hace un show acústico. La música me recuerda al Brian Adams de los 80’s y él se parece a Tyla pero con 20 años menos. No está mal. Los siguientes son una banda multirracial que hacen un estilo intentando acercarse a Tom Waits pero con sonoridades rollo Radiohead. En fin, poner esos referentes resulta casi insultante, ya que son un auténtico coñazo. Así que estos tipos precipitan mi vuelta al hotel y a la postre, mi despedida de L.A., dándome cuenta de que tengo que volver a este lugar. Tal vez oiréis que L.A. no es una ciudad bonita. Incluso escucharéis que “no vale nada”. Es evidente que no es un lugar para pasear. Pero una ciudad con una oferta tan brutal de experiencias, de mitomanía, de arte, de música, de bares, de tiendas, de restaurantes, de deportes, de playas, y todo eso por no hablar de las posibles excursiones al desierto, a las montañas, etc… en fin, que tengo que volver algún día.

Canciones:

La Frontera: “Judas el miserable”
John Lennon: “Working class hero”
ZZTop: “La Grange”

martes, 30 de octubre de 2007

USA Kar Tour 2007. Día 5: L.A. is my lady

Temprano cojo un vuelo Las Vegas-LA y a media mañana llego a la ciudad de los ángeles. Y me siento totalmente excitado!! Es como estar en un escenario extraño, imaginado muchas veces. Por supuesto, no me importa la ciudad de Los Angeles real, sino la que yo siempre imaginé y mitifiqué, la de las películas, la del rock n’ roll, la de las fotos y la de las revistas. Nada más tomar la autovía del aeropuerto al hotel, ver esas vías de varios carriles, ese pabellón de los LA Lakers, esos carteles que anuncian un rodaje callejero del próximo coñazo de Will Smith y ese cartel de Hollywood al fondo, bueno, me siento realmente bien.

Me hago con un ejemplar gratuito de LA Weekly, para ver qué se cuece por aquí estos días. Definitivamente, no tengo suerte con los conciertos. En LA hay decenas, casi cientos de shows cada día, sin embargo nada de destacable interés. Morrissey toca 10 noches seguidas, pero de él sólo me interesa su material con The Smiths, así que paso. Una vez más, veo como por poco tengo que dejar escapar shows de QOTSA y The Black Crowes. En fin, ya me he resignado. Y aprovecho para localizar las direcciones de los clubs míticos de la ciudad, mi objetivo para esta noche. Por la tele veo que Britney Spears es la Pantoja de Estados Unidos. A todas horas hay programas en el que se debate y se da la última hora acerca de la situación de la Spears acerca de la posible retirada de la tutela de sus hijos. Para todos aquellos que hablan de la situación televisiva que hay en España con ciertos personajes del corazón, que sepan que siempre puede ser peor. El seguimiento obsesivo del affaire Spears en los medios resulta entre patético y divertido, depende de cómo te lo tomes.

Me mola su imagen punky

Pero antes, esta tarde tengo un pulso con LA, esta vez el real. Resulta que hay otro Outlet de estos gigantescos, y decidimos pasarnos por ahí antes de salir a cenar y tomar unas copas. Un error de visión típicamente europeo. Vemos que un autobús nos puede llevar, de modo que tomamos este autobús. Insisto, un error. LA es una ciudad diseñada absolutamente para los coches, y por su concepción y sus increíbles distancias, moverse en bus es complicado. Sin embargo, acaba resultando una experiencia. De entrada, te da una visión de cómo es la sociedad Angelina: el autobús sólo lo cogen los negros y sobretodo, los hispanos. De hecho, los paneles publicitarios dentro del autobús son en castellano, y los carteles (tipo “puerta de salida”) son bilingües. Durante bastante rato el autobús circula, y yo, que no sé dónde o cómo de lejos está mi parada de destino, comienzo a barruntar que está tardando mucho. Y en esos pensamientos me encuentro cuando veo que el autobús comienza a circular por unos barrios totalmente hispanos. Para que os hagáis una idea, el barrio es como el de la escena final de “Training Day”. Y sí, una vez más mi substrato a base de películas y TV me lleva a temer por mi integridad en un barrio en el que veo pobreza, pintadas y bandas callejeras. No es que tenga intención alguna de salir del autobús, pero, ¿y si me he equivocado? ¿y si el autobús tiene final en este barrio? Decidimos hablar castellano entre nosotros, claramente, para que se note que somos “de la rassa”. Afortunadamente el barrio hispano chungo se acaba. Durante un buen rato reconozco que lo he pasado mal.

Whisky A Go Go, la casa de The Doors

Como decía, mi interés para esa noche es ver algunos clubs del mítico Sunset Strip. El Sunset Strip (o Subset Boulevard) es una avenida con 10000 números. Insisto en que el concepto de distancias en LA no es el mismo que en Barcelona. Afortunadamente, la mayoría de los clubs míticos están relativamente cerca. Entre el 8800 y el 9200 están el Whisky A Go Go, el Viper Room, el Cat Club, el Key Club, el Rainbow y el Roxy Club. Vistas las programaciones, me decanto por el Whisky, así, de entrada. El taxi nos deja en la puerta, y al bajar, un tipo me dice si queremos entrar. Parece ser uno de los jefazos del club, tal vez el tal Mario que lo regenta. Le comento que vamos a cenar algo, pero que luego iremos. Y al llegar, tras haber cenado, el tipo nos reconoce y nos invita a entrar gratis. Lo primero que noto al ver el club por fuera es la sensación de estar viendo un pedazo de historia. No en vano, se fundó en 1964, y por aquí han pasado todos los grandes, desde The Doors, quienes fueron la banda “local” durante una temporada hasta los puntales de los 60’s (Love, Them, Jefferson Airplane, The Byrds, Led Zeppelín, o The Who), los punks (X, The Germs, Runaways), los hard rockers (Mötley Crüe, Guns n’ Roses) o los grunges (Soundgarden, Mudhoney). Sin embargo, al entrar, ves que el club es MUY pequeño. Para la gente de Barcelona, y por hacer un símil estúpido, el viejo Sr. Lobo o el Mephisto son de dimensiones parecidas. Hoy es lunes y hay poquita gente. De fondo suena el debut de Blind Melon mientras una banda local se prepara para tocar. Mientras tomo una cerveza me dedico a mirar el local y veo que tanta historia no está aprovechada. No hay mucha memorabilia, apenas una referencia a Jim Morrison y unas cuantas fotos mal puestas junto a la barra de abajo recuerdan la solera del lugar. No sé, si yo fuera dueño de un club con tanta historia, lo aprovecharía. A nivel de decoración, no se puede decir que sea un local “bonito”. La banda invitada comienza su show. Resulta ser un patético combo de rap metal con ciertas influencias de Red Hot Chili Peppers o Beastie Boys, aunque poner estos nombres cerca de esos fulanos es un sacrilegio. Se salva, no obstante, el guitarrista, que destaca entre tanto idiota saltarín que compone el grupo.

El Rainbow... la pinta es, cuanto menos, peculiar.

Enfrente se encuentra el Viper Room, local que entre otros, regenta Johnny Depp y que aunque hayan pasado ya 14 años, se sigue recordando que fue el lugar donde murió River Phoenix, de sobredosis. El local por fuera es todo negro, el público que hace cola, sin embargo, no parece muy rockero, y cuando se abre la puerta, suena algún tipo de música de baile. Lo mismo es la sesión que toca ese día, pero no me llama a entrar. Por arriba están el Key, el Roxy y el Cat Club. En muchos hay conciertos de esos en los que no se puede entrar sin entrada, en otros hay alguna banda local. Sin embargo, me apetece acabar la noche en el Rainbow, siguiendo con mi faceta más mitómana. El Rainbow Bar & Grill es un bar restaurante, de hecho, en el Whisky también sirven comidas, cosa que tal vez pueda chocar al visitante que se espere un bar de copas como los de por aquí. En fin, como es sabido, el Rainbow es un bar que frecuentaban los hard rockeros en los 80’s. Sin embargo, su historia se remonta mucho más allá. El bar perteneció en su época a Vincente Minelli, y allí se declaró a Judy Garland. Marilyn y Joe DiMaggio tuvieron algunas citas allí. La historiografía rockera comienza con esas fiestas que se montaban en el Rainbow los Led Zeppelín, Keith Moon de los Who o John Lennon en su etapa alcohólica. Y claro, los hard rockers y los heavy rockers. De hecho, al entrar, parece que el bar se ha quedado en 1988. El ambiente y la decoración está más lograda que el Whiskey, aunque lo que choca, es que es un bar. Un bar restaurante, con su barra, sus mesas, y sus comensales comiendo, entre fotos de Slash y WASP, eso sí. No hay barra y pista y escenario, como en el Whiskey. Hay una sala pequeña con un pequeño escenario arriba, pero nada. La parroquia allí congregada es peculiar. No olvidemos que es lunes. Entran hard rokers de la vieja escuela, ronda por ahí un personaje a medio camino entre Pedro Almodóvar y Elton John y varias representantes de la típica rubia oxigenada y siliconada de LA. La rubia de 1988 pero en 2007. Vamos, que no eran unas crías, precisamente. Y la música que suena, claro, es de esa época. Y si el Whisky me decepcionó un poco, el Rainbow, más que decepcionar, choca.

Pero claro, qué importa cómo son los sitios en realidad, cuando lo que importa es cómo los veo, como no importa cómo es LA, sino cómo es mi LA.

Canciones:

Lou Reed: "The Kids"
Cracker: "Euro Trash Girl"
R.E.M.: "I took your name"