sábado, 27 de junio de 2009

San Diego:Varios

Ya lo avisé. Por lo que parece, los tours americanos van a ser bastante frecuentes para el viejo Kar. Lo cuál no es malo. Tampoco tiene por qué ser necesariamente bueno. Lo que está claro es que los USA son siempre una buena fuente de anécdotas.

KAR Y MIS PROBLEMAS CON INMIGRACIÓN

Las aduanas de los aeropuertos americanos son siempre todo un mundo de emociones. Qué tocará en esta ocasión? Operario pasota que estampa sello y para dentro? O tal vez brutalidad policial con registro anal incluido? En esta ocasión, vuestro buen amigo Kar estuvo a un paso de ver denegado su acceso a los sacrosantos Estados Unidos de América por una gilipoyez burocrática que, se ponga como se ponga el mamonazo del mostrador, no era mi culpa. Pues resulta que como ya sabréis, para entrar en el país hay que rellenar la green card que te proporcionan en el avión. En la aduana, te sellan esta green card y te la grapan al pasaporte. Hasta aquí, todo correcto. El caso es que el domingo, aterrizo en Los Angeles y el tarado de inmigración ve que tengo todavía grapada la green card en mi pasaporte de mi último viaje allí, en abril del presente año. Me dice que no puede ser, que con eso así, ofialmente no he salido de los USA (¿?). Le digo que a mí qué me cuenta, que yo he pasado las fronteras como siempre, como las otras dos veces que he estado allí, y que si nadie me ha recogido la dichosa tarjetita, que yo no sé nada. Me dice, ya de mala leche, que no, que es mi responsabilidad (¿?!!) que al salir del país me cojan la tarjeta. Le digo que no lo entiendo, que yo salí del país y que enseñé mi pasaporte las 10000 veces que me lo pidieron, tanto en San Diego como en LA. Al final tuve que ponerle cara de penita, y pedirle perdón, que soy medio tontín y estas cosas modernas me se escapan. Y al puerco se le ablando el corazón, diciéndome que no vuelva a pasar y conminándome a mandar por correo postal la dichosa tarjeta de abril (¿??!!!!). Obviamente, a mi salida de USA, esta vez, nadie me pidió la green card de los huevos, pero ya me ocupé de recordárselo a la de las líneas aéreas (supuestos responsables de recogerla). No sin antes expresar mi rabia ante un pobre poli del aeropuerto, a quien pregunté al respecto. El pobre tipo me dijo que él no sabía nada, que no era de inmigración. Y allí estaba Kar The Complaint Man echándole la caballería, diciéndole que aquí nadie sabía nada, pero que luego todo eran problemas en la aduana, y tal. Kar, haciendo amigos en América.

KAR Y EL LUJO

Yo soy un tipo sencillo, poco acostumbrado al lujo y los ambientes refinados. Y claro, cuando estoy en uno de ellos, Kar el Paleto vuelve a hacer su aparición. Viajar en business realmente es flipante, no tiene ni punto de comparación con hacerlo en turista corriente y moliente. Pero claro, uno no está acostumbrado a eso. Cómo funciona este dichoso asiento? Me están ofreciendo una bebida, pero... me la van a cobrar? Al principio uno dice que no a todo, por si acaso. Y se dedica a mirar a su vecino de asiento, y a hacer lo mismo que él. Ah, claro, esto botón es para reclinar completamente. Ah, y mira, las bebidas son gratis. Pues eso. Algo parecido ocurre con las salas VIP de las aerolíneas, a las que se tiene acceso con un billete business. Siempre entro con la sensación de que voy a pasar el chequeo de la puerta y me van a echar a patadas. De verdad, por un segundo, esa estúpida sensación está siempre allí. Lo mismo que en el hotel. Mi jefe, que, ojito al dato, vive allí (Hotel Hyatt La Jolla, poca broma), me invita a desayunar con él en el comedor reservado para VIPs, planta 16. Todo tan limpito y ordenado que incluso da mal rollo dejar migas de madalena en la mesa... y una vez más, mi táctica es la de siempre, allá donde fueres haz lo que vieres, y lo mejor es espiar los movimientos de alguien y hacer lo propio. Aunque alguno seguro que piensa que ha ligado con ese tipo que no para de mirarle. En definitiva, tiene que molar ser rico.

KAR Y LA VIDA PUEDE SER A VECES MARAVILLOSA

Pues sí, porque después de tres días levantándome a las 6, trabajando todo el día y con un jet lag considerable, al tercer día un colega de la oficina me propuso acabar pronto y hacer algo, ya que era mi última noche en la ciudad. De modo que a las 15’30 me vino a buscar y nos fuimos a la playa. Es la ventaja que tiene comenzar a trabajar a las 7, cosa impensable en casa, cuando los teléfonos, e-mails, reuniones y movidas varias no cesan hasta como mínimo las siete y media. En cualquiera de los casos, son esta clase de pequeñas cosas las que hacen que un viaje de trabajo pueda tener alguna cosa buena. Estar disfrutando de una tarde en la playa de La Jolla, que para San Diego es como Castelldefels de Barcelona, vale un Potosí. La Jolla es una ciudad-pueblo muy bonito, con unas playas fantásticas y una calidad de vida muy alta. Nada, sólo 1500$ al mes te puede costar un alquiler. Que bien pensado, y tal como están las cosas por aquí, tampoco es tanto. O igual sí. Esa tarde el agua del Pacífico no estaba tan fría, por lo menos no tan fría como todo el mundo me decía. Y luego, cenar (bueno, para mí, a ingerir comida a las 18’30 se le llama “merienda” y no “cena”) en un pequeño bar junto al mar, un buen plato de mejillones cocinados a la parrilla y una cerveza helada. Y por un momento, sólo por un momento, me recordó que estábamos en verano y que todos deberíamos obligarnos, en la medida de nuestras posibilidades, a disfrutarlo. Que no nos daremos cuenta y el otoño ya habrá caído sobre nosotros.

Canciones:

Def Leppard: “Love Bites”
Guns n’ Roses: “Breakdown”
Starsailor: “Four to the Floor”

3 comentarios:

Möbius el Crononauta dijo...

Sí, si algo tienen los USA que ofrecer, aparte del brazo tonto y fuerte de la ley, son anécdotas.

Yo tampoco sé lo que es el lujo de los ricos, pero seguro que reaccionaría igual que tú.

En fin, siempre resulta entretenido leer sobre tus viajes.

¡Saludos!

Blue Monday dijo...

Al final me vas a acabar dando envidia tío. Eso es lo bueno, algún rinconcillo libre que quede después del trabajo para disfrutar. Veo que así lo haces.
Saludos desde la cueva.

kar dijo...

Möbius, de verdad que lo que me exaspera es es impotencia que sientes allí. También la sientes aquí, claro, con cualquier tipejo de azúl o tras una ventanilla, pero por lo menos te puedes cagarensuputamadre sin riesgo de acabar en guantánamo.

Blue Monday, se intenta en la medida de lo posible. Placer tenerte de vuelta.

Saludossss