miércoles, 30 de diciembre de 2009

Lisztomania

Este época es tiempo de listas, de lo mejor del año, y aprovechando, de la década. También NDK tendrá su lista, como cada año, referente a los mejores discos de 2009 y seguramente, en un alarde de originalidad, acabaré también reseñando lo mejor de la década esta innombrable (los 00's? los dosmil? alguien puede resolverme la duda?). El caso es que mientras que lo lógico, y lo que he ido haciendo los años anteriores, sería publicar esta lista hoy, tal vez mañana, en esta ocasión será diferente. No por nada en especial, simplemente que en los últimos días han caído en mis manos varias referencias de 2009 que todavía tengo que digerir, y alguna otra que deberé adquirir en breve. Pero vamos, que lista, acabará habiendo. Y unos que tienen números para aparecer en esta lista de NDK son los franceses Phoenix.

En estos momentos es cuando me viene a la cabeza esa entrada que mi admirado Aitor escribió hace unos días acerca de Oasis. Bueno, era curioso cómo iniciaba esa entrada con una suerte de aviso al lector, invitando a pegarle un tiento a la entrada superando ese instinto primario de parte de la parroquia que hace que, como movidos por un resorte, nada más leer Oasis en el título, se escriba un comentario negativo, ofensivo o directamente una amenaza o un reproche ("cómo has podido hacerme esto? yo que te consideraba un hermano de sangre rockera"). Casi con una justificación inicial. Bueno, Aitor, a mí también me gustan Oasis. Por lo menos sus dos o tres primeros discos, y fuera de ello, algún single suelto. Y eso que los descubrí cuando sus discos ya perdían el interés, cosas de los prejuicios: pese a que me gustaba lo que escuchaba de ellos (canciones como "Champagne Supernova" o "Live Forever"), jamás me investigué su música, imbuído por tanta opinión negativa, y también, por qué no, por tanta histeria colectiva por parte de sus seguidores.

En fin, hace tiempo de que ciertos prejuicios musicales me he ido deshaciendo, y no tengo mayores reparos en declarar mi interés por el pop, sin tener que reducir este concepto a divinidades como Brian Wilson o Love. Es por eso que puedo declarar que me gustan Phoenix, una banda que lo tiene todo para ser odiada por la parroquia rockera: grupo indie (de esos que viven perennemente enganchados a sus converse y sus tejanos de pitillo), francés pero que canta en inglés, con conexiones "cool" (nótese la ironía en las comillas), ya que uno de ellos es el maromo de Sofia Coppola, que es a su vez fan de la banda. Te pueden gustar Phoenix y también Kiss? Puedes poner tu iPod en modo aleatorio y que suene "Better" de Axl y luego "Lisztomania" de Phoenix? Bueno, siempre he sido algo rarito.

Tampoco es que sea un erudito en la carrera de estos gavachos, el caso es que todo lo que he ido escuchando me gusta, y su disco de 2009, "Wolfgang Amadeus Phoenix" me parece muy bueno. Sobretodo tienen una sonoridad muy particular, que los hace reconocibles a la primera canción, y un sentido del pop como un sonido basado en la melodía y en la construcción de la canción con una cierta pátina de ligereza aparente fantástico.

Este "Lisztomania" es el primer single del disco, y por Youtube alguien ha colgado un videoclip alternativo casero, utilizando imágenes de las películas de adolescentes de los 80's, como "Footlose" o "El Club de los Cinco" realmente genial. Y poniendonos en plan trascendental, una de las cosas positivas de Internet es la capacidad ilimitada de poder hacer algo talentoso y ofrecerlo a todo el mundo, aunque sea sin pagar derecho de autor alguno. Por cierto, parece ser que a los propios Phoenix les ha encantado este montaje, han declarado que es "el mejor videoclip que tienen". Pues eso.

En fin, ya no me queda más que esperar opiniones, aunque sean del tipo reproche, insulto o directa amenaza de agresión. Si Aitor sobrevivió, yo también lo hare!!


lunes, 28 de diciembre de 2009

Seguimos

A muchos ya les ha pasado, algunos con más pomposidad y otros en el simple anonimato que la casi infinita oferta de la red proporciona, y es que durante las últimas semanas me he estado planteando la disolución y muerte de Notas de Kar. Después de cuatro años y medio, con una frecuencia de publicación más o menos alta, muy alta en algunas ocasiones, por vez primera sentí el agotamiento de notar que tal vez no tengo nada que decir. Enfrentarme a la página en blanco se me hacía complicado, y las entradas actuales me parecían flojitas, de compromiso, de ese compromiso no escrito adoptado desde el mismo momento en que inicié esta andadura. Y releía entradas pretéritas viendo virtudes que no veía en las de, por ejemplo, este 2009. Seguramente ni tan malas eran éstas, ni tan fantásticas las de, pongamos por caso, el año 2007. Por otra parte, cada vez me costaba más cumplir con este compromiso. Muchas cosas sucediendo, como para sentarme frente al teclado. Demasiado tiempo invertido en un trabajo que no me gusta demasiado. Un año, este 2009, demasiado complicado. Será el final de la década. Serán los 30. Qué sé yo.



Y al final, seguimos. Porque me gusta mi blog. Porque me gusta escribir. Por qué no? Y claro, porque también me haría gracia llegar a los 5 años de blog. Hay alguien que quede ahí fuera desde ese verano de 2005? Probablemente ni siquiera yo. En todo este tiempo, el blog ha pasado de ser personalísimo en sus inicios a ser un blog de cariz cultural, o contracultural, si es que eso existe, a volver a encontrar un equilibrio entre su consideración de diario de Kar y el rock n’ roll, que siempre ha estado ahí. No tengo ni idea de qué quiero para NDK en la década de 2010 (cómo llamarla? Los 10s? y cuando llegue 2030, serán los 30s? pero si para mí los 30’s son 1933 o 1937!).

Seguimos, sí. Con todas las dudas del mundo, acerca del futuro del blog, las mismas dudas que tengo para mi propio futuro, qué le vamos a hacer. Pero estas fechas son fechas para los propósitos, que benditos sean los propósitos y las propuestas de mejora, y nos proponemos continuar, que no será poco.

Canciones:

Pearl Jam: “Got Some”
Phoenix: “Lisztomania”
The Trashmen: “Surfin’ Bird”

viernes, 11 de diciembre de 2009

2x1

El Parlament de Catalunya ha establecido una ley que prohibe especificamente en bares y discotecas los 2x1, happy hours y barras libres. No es que me afecte especialmente, pues cada vez bebo menos, y tampoco frecuento mucho discotecas y bares. Y de verdad que intento comprender que hay una cierta problemática con un sector de la juventud que le da al alpiste cosa fina. Pero una medida como esta es de las que me cuestan. Soy mayor de edad, el alcohol es una sustancia completamente legal y cuya ingesta no es perjudicial para los que deciden no ingerirla (cosa que no ocurre, por ejemplo, con el tabaco)... a qué viene, pues, esta clase de leyes? No sé si realmente esto afectará la problemática de menores de edad bebiendo (y ahí sí que puedo entender revisiones en leyes), ya que se supone que un menor de edad no bebe en un bar. Pero si consideramos que países como Italia o Reino Unido permiten esta clase de promociones, es cuando ya no entiendo nada. Me da la sensación de que una suerte de Gran Hermano quiere controlar más de la cuenta. Y eso es lo que me preocupa. Al final es lo de menos el hecho de los happy hours. No necesito un estado que me sobreproteja. Déjenme beber tranquilo.

Canciones:

Def Leppard: "Love Bites"
Stone Temple Pilots: "Vasoline"
Little Steven: "Born again savage"

martes, 8 de diciembre de 2009

Pixies en 2010

Durante una época hubo un cierto sector del público que criticó el éxito de Nirvana cuando publicaron "Nevermind", arguyendo que muchos de los cortes, entre los que se incluía el celebérrimo "Smells Like Teen Spirit" eran una suerte de plagio de los Pixies. Recuerdo una crítica en el que se referían con algo así como "un tío de Seattle llegó al estrellato con un tema que era como una cara B de los Pixies". Bueno, es innegable que la aureola de los Pixies planeó no sólamente en Nirvana, sino también en buena parte del rock indie de los 90's. Kurt Cobain se quedó admirado tras escuchar el debut de los Pixies, "Surfer Rosa", y siempre habló bien de ellos. Probablemente fue en "Nevermind" donde más clara influencia se puede apreciar. No solemente en Nirvana, sino que Pixies ayudaron a sentar unas bases muy comunes en el rock indie de esa época: melodías muy marcadas por el bajo, alternancias de momentos tranquilos con estallidos eléctricos... , podríamos nombrar rápidamente una docena de canciones que rompieron las listas de éxitos de rock alternativo y responden a esos parámetros.

No por ello parece de recibo considerar condenable el hecho de que Nirvana triunfaran tantísimo mientras que en 1992 Black Francis AKA Frank Black decidiera poner punto y final a los duendecillos enviando un fax a sus ya ex compañeros para notificárselo, en un acto de delicadeza extrema, sin haber conocido las mieles del éxito que pupilos suyos sí estaban disfrutando. Y sobretodo, tengamos muy claro lo siguiente: quien conocía a los Pixies en 1992? Muy pocos, eran una banda todavía bastante underground, un grupo "para iniciados". Pero cuántos de los que descubrimos a los Pixies y nos declaramos fans de los de Boston, lo hicimos a raíz de la admiración que Kurt Cobain profesó públicamente hacia ellos? Yo soy uno de esos. Y seguro que hay muchos más. Pongamos unas cifras sobre la mesa: de su disco más vendido, "Nevermind", Nirvana colocaron diez millones de copias en USA, mientras que de su disco más vendido, "Doolittle", Pixies han colado un millon de copias en USA. Pero sólo habían vendido 100000 durante los 6 primeros meses tras su publicación. Esas ventas, soprendentemente, crecían por ejemplo en 1993, dos años después de sacar su último disco. Y en 1995 había llegado a ser disco de oro (500000 copias). Por supuesto, el tema de las ventas tiene el valor que se le quiera dar, pero está muy claro que The Pixies fueron más comprendidos y admirados a raíz de una generación posterior de músicos exitosos que se decían influenciados por ellos, que en su época de vida.

Gordos, viejos y acabados???... allí estaré, claro que sí!!!!

Desde 2004, la banda (Pixies, no Nirvana... juas juas) ha ido haciendo algunos conciertos de reunión, a pesar de que sus relaciones personales siempre han sido declaradamente malas. El dinero, supongo, lo cuál no me parece reprochable. Aunque también me da la sensación que se trata un poco de recibir un reconocimiento del público, algo en plan más masivo de lo que jamás gozaron en vida (musical activa, se entiende). Tocaron en Barcelona en el Festival Primavera Sound de 2004, concierto que por razones estúpidas me perdí. Tocaron también en 2006, en el Festival de Benicassim, concierto que también me perdí. Y cuando pensaba que Pixies engrosarían la lista de bandas de las que jamás podré disfrutar en directo, recibo con sorpresa la noticia de que vuelven a tocar en el Primavera Sound de Barcelona de 2010! Y esta vez no me lo pierdo! (Aunque sería un detallazo que indicaran qué día toca, porque me gustaría comprar la entrada para ese día, no un jodido abono para todo el festival)

Canciones:

Rock City Angels: "Born to loose"
Mötley Crüe: "Dr. Feelgood"
Mott The Hoople: "The Golden Age Of Rock N' Roll"

lunes, 7 de diciembre de 2009

Piratas

Hacía tiempo que me rondaba la idea de escribir sobre Internet, piratería, y demás, pero lo tedioso y sobado del asunto siempre me había echado hacia atrás. Qué ha cambiado desde entonces? Probablemente ciertos movimientos que ha habido al respecto en los últimos días. En cualquiera de los casos, este ladrillazo está redactado no con objetividad, pues eso no existe en este blog, pero sí con sinceridad. Así que ahí vamos.

Supongamos que estáis en un bar de copas. No se trata de un bar de barrio, o de ese lugar donde conoces al tipo de la barra, sino de ese típico bar de moda donde las copas son más caras de lo que se consideraría normal. Os habéis tomado 8 copas. Cuando traen la cuenta, resulta que se han equivocado y sólo os reflejan 4 en la nota. Qué hacéis? Pagáis las 4 y marcháis, contentos de haberos ahorrado un dinero, o tal vez avisáis al camarero de que ha habido un error y la cuenta es, en realidad, más elevada?

Supongamos ahora que estáis en un parking. Uno de esos parkings enormes del centro de la ciudad. Antes de salir, os dais cuenta de que la barrera está estropeada y se ha quedado arriba permanentemente. Qué hacéis? Salís directamente sin pagar o bien avisáis al responsable de la taquilla y le dais el ticket para que os cobre?

Y ahora supongamos que hay un festival de música en la ciudad. El Primavera Sound, por ejemplo, festival que no se caracteriza por ser muy barato, precisamente. Estáis en la puerta, dispuestos a comprar entradas. Pero en la valla divisáis un hueco considerable. Alguien, por ejemplo, el servicio de limpieza, se ha dejado la valla abierta. Nadie pasa por ahí, nadie vigila, de manera que es insultantemente fácil entrar sin pagar. Qué hacéis? Colaros por esa entrada descuidada o bien pasar igualmente por taquilla?

Ok, probablemente algunos de los lectores de estas líneas hayan escogido, en cada ejemplo, la opción dos. Pero me juego, y con riesgo mínimo, lo que queráis, a que un alto porcentaje hubiera escogido la primera opción. Aún a sabiendas de que es ilegal. Aún a sabiendas de que moralmente es más o menos reprochable. Aún a sabiendas de que no deja de ser “robar”.


Lo es. Lo sé.

Sirvan estos ejemplos a modo de reflexión para todos aquellos que se rasgan las vestiduras amparándose en el supuesto acto delictivo, inmoral y totalmente reprochable que es el bajarse música (o películas, o series, o videojuegos, aunque no lo mencione específicamente, vale para todo) de Internet. No, las personas que se bajan música de Internet no son unos delincuentes, ni unos desalmados, ni unos piratas. La mayoría de las personas que se postulan frontal y radicalmente en contra de las descargas ilegales, también hubieran escogido la opción uno, en una pirueta del despropósito y la contradicción.

Y sin embargo, lo normal, lo razonable, es que tarde o temprano se establezcan mecanismos legales para evitar, prohibir, controlar y, si procede, y siempre de un modo razonable, sancionar las descargas ilegales. Y enfadarse, o tomarlo como una injusticia, resulta ridículo. Todos los que descargamos música sabemos que no está bien. Sabemos que es ilegal. Y personalmente creo que esa idea generalizada de que ya no hay vuelta atrás y que lo de pagar por la música grabada se ha acabado es algo totalmente equivocado.

Por supuesto, en esta historia ha habido muchos errores, mucho aprovechamiento y mucha pose. Pongamos por ejemplo la famosa y peripatética SGAE. Su cruzada ciega enmascara y daña un fondo razonable: los autores deben cobrar por su trabajo. Sus actos ridículos, su pobreza institucional y algunas de sus protestas les dejan en muy bajo escalafón. Quién puede respetar a esos tipos?? O por ejemplo lo del cánon digital, injusticia flagrante y una muestra de ignorancia total. Y finalmente, lo de esta Ministra de Cultura, que deja a lumbreras como alguno de sus predecesores en gestores exquisitos.

Por otra parte, sabemos que durante muchos años, probablemente desde que existe, la industria musical de la grabación y distribución ha sido un negocio de aprovechados y ruines. Lo sigue siendo, en gran medida, a pesar de los serios varapalos sufridos. Podríamos comenzar con la sustitución del vinilo por el CD, a finales de los 80’s, cuando de repente, y a pesar de que la materia prima resultaba más barata, una grabación en CD resultaba ser más cara en el punto de venta que una en vinilo. Pero para qué remontarse tanto en el tiempo. CDs a precios indecentes, aún incluso hoy en día, 17 o 18€, sirven de justificación bastante común. Y ahora, como se le ven las orejas al lobo, se hacen “esfuerzos” por bajar precios. ¿Demasiado tarde? Tal vez. El caso es que conozco a muchos tipos que consideran que lo que llevan gastado en CD justifica que ya no compren nada más.

La postura de algunos artistas es controvertida. Por todos es conocida la guerra que Metallica mantuvieron contra Napster, como si la estabilidad contractual y/o económica de los Metallica se pudiera ver en peligro. La postura de Radiohead no puede sino ser considerada como un genial golpe de efecto. Genial, pero a niveles de marketing, estoy convencido que no les saldría tan rentable una segunda vez. Gene Simmons de Kiss declaraba no hace mucho que ya no volverían a grabar, porque no querían “regalar su trabajo” (Simmons dixit), claro que luego se retractarían y editarían su maravilloso “Sonic Boom”. Y por ejemplo, “The Cult” se pegaron un gran castañazo en USA con las ventas de su último disco. Por supuesto, el nivel de vida de Astbury y Duffy no está en peligro, queda claro, no obstante, el mercado ha cambiado.

Y es que siempre hubieron copias. Al principio eran las cutres pero utilísimas cintas de cassette. Y más adelante, cuando se popularizaron los precios de las grabadoras de CD, llegó un momento en que poca diferencia había entre un CD grabado y uno original. Aunque algo bueno se puede extraer de ello: si la calidad musical no se veía resentida, los discos originales tenían que ofrecer valores añadidos. Adiós ediciones roñosas, hola ediciones con libreto de calidad y detalles para mitómanos. Una vez más, me permito volver a la primera reflexión que hacía. Las copias en cassette jamás fueron demonizadas del mismo modo, y sin embargo, qué diferencia, a nivel conceptual, hay entre el típico tío que se compra un CD y se lo graba a un compañero de clase, y esa cinta va rondando hasta que toda la chavalería de la clase tiene su cinta grabada, y que esa chavalería se descargue el disco de Internet? La difusión. El dinero que se deja de ganar.

Y ahora viene cuando me mojo. Aunque antes, os explicaré mi experiencia. Que comenzó a finales de los 90’s con una conexión de 56k y una grabadora que me costó 20000 pesetazas de entonces. Por un lado, me dediqué a grabarme muchos discos de un compañero de universidad que tenía una colección brutal. Por otro, ahí tenía mi Napster, un programa infame, más si se combinaba con esas conexiones lentísimas. Bajarse un disco entero era una utopía. Pero sí me bajé muchas canciones sueltas. Y jamás dejé de tenerlo claro. Cuando mi economía estudiantil me lo permitía, disco original siempre. Si el grupo en cuestión me gustaba especialmente, original. Si lo queremos mirar por un lado positivo, y esta es una argumentación común, Internet me permitió conocer docenas de grupos a los que jamás me hubiera acercado, y en los que acabé invirtiendo mi dinero, ya sea en discos o en conciertos. El caso es que con el pasar de los años, cuando uno ya consigue un trabajo y un cierto desahogo económico, impensable en mi época universitaria, le da valor al disco comprado. Y en la actualidad, apenas bajo más que algunas canciones sueltas. Entre otras, porque tengo un disco duro lleno de archivos que no escucho. Ya no le encuentro mucho atractivo a una carpeta de Windows con un disco de Willy De Ville. Prefiero comprarme su disco cuando tenga oportunidad. Pero claro, yo soy un antiguo. Y además, no soy un chaval que depende de trabajillos eventuales o de la paga de sus padres.

Si un día realmente alguien acaba con las descargas ilegales, bueno, no será para mí una tragedia. Del mismo modo que si el camarero me trae la cuenta con las ocho copas, pues la tendré que pagar. Tal vez otro día, en lugar de ocho, nos tomemos cinco. Insisto, sin aspavientos, y sin dejar de reconocer que el mercado se merecía una pequeña rebelión por parte de unos consumidores, el melómano sufrido. Pero lo cierto es que hoy en día, con la bajada de precios que se ha aplicado a una gran parte de los discos, aunque no lo suficiente, todavía hay mucho atraco, especialmente en lo que a novedades se refiere, pero bajada en definitiva, y con el acceso a las compras de discos por Internet, y otros canales, estoy convencido de una cosa: el que no compra discos es porque no quiere. Sí, seguramente mi vecino de 16 años no se acercaría nunca a la discografía de Neil Young, que se bajó el otro día en quince minutos. Pero esa es otra reflexión que la Industria debería hacerse.

Canciones:

Nirvana: "Breed"
Jamie Cullum: "Grand Torino"
Radiohead: "Airbag"

martes, 1 de diciembre de 2009

Queen Greatest Hits II

Está claro que cualquier momento es bueno para recordar a Freddie Mercury y a Queen. Por supuesto es algo recurrente cada final de noviembre desde hace ya 18 años, y supongo que en un par de años, ese 20 aniversario puede ser el colmo del mercantilismo musical llevado a su extremo más obsceno. Aunque si hay algo que me pone de mala leche es escuchar la típica frasecilla de un amplio sector de la parroquia rockera, que suelen cargarse de un plumazo la trayectoria de Queen en los 80’s. Como si Queen no tuvieran interés más allá de 1979. Ok, tuvieron un tropezón importante con “Hot Space” (1982), eso es innegable. Pero lo digo aquí y ahora, si, y sólo si el Dr. Mengele me amenazara con servirle de probeta para sus experimentos si no elijo, me quedaría con los Queen de los 70’s. Sólo en esa circunstancia. Si no, amigos, no podría decidir.

Porque, entre otras cosas, permitidme que me remonte a 1991, a un disco que todo aquél que ahora tenga entre 28 y 35 años y se jacte de ser o haber sido rockero en alguna ocasión, debe tener o haber tenido: Queen Greatest Hits II. Publicado en ese 1991, muy poquito antes de que Mercury muriera, es una compilación de sus hits desde 1981 en adelante, continuación de aquél Queen Greatest Hits I que ya publicaran precisamente aquél 1981. Por supuesto el fatal desenlace precipitó que ese disco se hiciera tremendamente popular.



Ni Michel Gondry ni hostias: esto es un videoclip!!

Ok, el mundo de las compilaciones discográficas suele ser pasto de desalmados que lanzan productos de ínfima calidad. Si el disco en cuestión es “Greatest Hits”, suele ser flojito. Si es “The Best Of”, la cosa se pone chunga. Y si es “The Very Best Of”, resulta ser una mierda infumable. Para todo, claro, hay excepciones. Quién puede tener queja a un álbum que contiene joyas como “Under Pressure”, trallazos rockeros como “I want it all”, marcianadas como “I’m going slightly mad”, épica como “Who wants to live forever”, ecos ochenteros como “A kind of magic”, horteradas como “Radio Ga Ga”, himnos como “I want to break free”, dramatismo como “The Show must go on” ... ¿sigo? Sólo le encuentro una pega, y es la imperdonable ausencia del temazo “Princes Of the Universe”, de la peli Los Immortales... ahhh, qué pedazo de canción y qué maravilloso videoclip, impagable ese Freddie luchando con su trozo-de-pie-de-micro contra la espada de Christopher Lambert.

Sí, amigos, ese disco fue uno de los responsables de mi educación musical que me acabaría adentrando por los pantanosos caminos por donde Robert Johnson pactó en un cruce. Y al final, uno escuchaba ese Queen Greatest Hits II y echaba de menos “We Are The Champions” y “Bohemian Rapsody”, a la sazón, las dos canciones de los Queen setenteros que conocía entonces. La curiosidad, claro, hizo el resto. Así que no puedo más que recordar con cariño aquella cinta grabada en esa época, que escuché miles de veces, y no lo niego, a veces todavía escucho ese CD por el placer de escuchar esas canciones unas seguidas de las otras y en aquél orden al que me había acostumbrado.

Canciones:

Queen: “Princes Of The Universe”
Queen: “Hammer To Fall”
Queen: “Friends Will Be Friends”

lunes, 30 de noviembre de 2009

30

Pues sí. Cualquiera que haya ido leyendo estas líneas durante sus ya varios años (tal que tres, quizás más) de existencia, ya se habrá topado con la entradita de marras en 30 de noviembre, viendo cómo me han ido cayendo los 27, los 28, los 29, y finalmente hoy, los 30. De cómo iba amenazando esta fecha, este momento de llegar a la vejez, esta entrada en la senectud que ya ha llegado. Ya tengo 30 años (que se dice pronto).

Hoy he estado releyendo entradas antiguas de los distintos 30 de noviembre y parecía como si poco a poco una sombra se cernía sobre mi existencia, una tragedia definida por un fatídico número, el tres. Y ahora que ha llegado, pues pienso que tal vez no sea para tanto. Un poco como el "Chinese Democracy", tanto tiempo esperándolo y al final no fue para tanto. O quizás sí. Qué sé yo. Hoy una persona querida me ha dicho algo así como "ya verás como ahora te empezarán a caer y no te darás ni cuenta, hasta llegar a un punto en el que ya ni te importe, así que disfruta". Pues carpe diem, ¿no? ¿no era esa la moraleja?

Que nadie se piense que ahora me estoy haciendo el chulito. Que 30 años no es nada. Sí lo son, y no sólamente a nivel físico, que ahora las resacas me duran más, y me canso antes haciendo deporte, y tengo alguna cana, si me descuido me sale barriga y Jon Bon Jovi tiene la cara más lisa que yo. También a nivel mental. Y eso, precísamente eso, que era lo que más me aterraba, le he llegado a coger el puntillo. Será que la madurez mola, porque te la puedes ir saltando, esquivando y trampeando, pero cuando la necesitas, está ahí. Puede ser esta última frase una versión muy personal de aquella que reza eso de que "el que no se conforma es porque no quiere". Puede ser.

Este artefacto peligroso también cumple 30 años

Hoy me lo he tomado de fiesta, e intento hacer de este día algo especial, aunque otros muchos ya han hecho de este fin de semana algo especial, y el fin de semana que viene, continuamos. Para no perder la costumbre, he pinchado "I’m Eighteen" de Alice Cooper y "Cumpleaños Total" de Los Planetas una vez más, a pesar de que mis 18 quedan muy lejanos en el tiempo y Los Planetas ya hacía mucho tiempo que no los pinchaba.

Y lo más importante, he llegado a los 30 con pelo!!! Chúpate esa, Mendel!!!

PD: A partir de hoy, recupero el blog, que lo tenía algo abandonado.

Canciones:

Los Planetas: "Cumpleaños Total"
Alice Cooper: "I’m Eighteen"
Smashing Pumpkins: "1979"

miércoles, 11 de noviembre de 2009

El muro

Por si alguien no se había enterado, esta semana se ha conmemorado el 20 aniversario de la caída del muro de Berlín. Lo digo por si hay algún lector que conecta con NDK desde una isla desierta, una celda incomunicada en Alcatraz, o una cueva, o vive en un tonel aislado del mundo cuál Diógenes. Al margen del ataque de viejunismo feroz que me ha entrado, todo este asunto me ha recordado esa época, y lo que yo pensaba entonces. Ponganle una banda sonora de "Winds of Change", de los Scorpions. Por ejemplo.

En esa época entre 1989 y 1991 yo tenía 10-12 años. Y para ser un crío, y eso, claro, lo digo ahora, entonces lo hubiera negado, tenía una cierta conciencia de lo que ocurría. Lo del muro me queda más difuso en el tiempo, pero recuerdo perfectamente los hechos de la Plaza de Tiannanmen, y luego los tanques en Moscú en verano de 1991 y la disolución de la URSS. Recuerdo claramente también las independencias de Lituania, Estonia y Letonia, entre 1990 y 1991, y la ejecución pública de Ceaucescu en Rumanía, el día de navidad de 1989, que emitieron con todo lujo de detalles en TVE.

Claramente, algunos de los pilares establecidos de la sociedad mundial estaban cambiando, y eso me parecía excitante. De repente, las calles se llenaban de manifestantes que se llenaban la boca pidiendo libertad y luchando contra el poder establecido. En la tele, claro, en las calles de Barcelona todo parecía igual que siempre, y como mucho, la gente se manifestaba en la Font de Canaletes cuando el Barça ganaba algo, es decir, muy pocas veces, por aquél entonces. Pero volviendo al tema, en fin, me parecía algo muy interesante. Ciertamente creía que mi generación estaba llamada a cambiar el mundo (insisto que pese a tener sólo 11 años, yo ya me veía como un adolescente dispuesto a la lucha y la revolución). A hacer de él un lugar mejor. No sé si ponerle ahora un fondo musical de "Young Man's Blues" o directamente de "My Generation".

Evidentemente, no sabía nada de nada. Sólo me entraban impactos visuales vía Informe Semanal, y estas cosas. Si incluso la guerra de Croacia, la primera que se llevó a cabo en los Balcanes, me parecía una cosa muy molona, muy romántica, en el sentido literario del término. Un pueblo luchando por su independencia. Y en mi cabeza yo imaginaba a una especie de Rob Roy liderando la lucha de los oprimidos.

Y luego estaban los Scorpions, los putos Scorpions y su puto "Winds of Change", canción que me encantaba en aquella época, incluso había llegado a escuchar una horrorosa versión en castellano de la misma.

Ahora miro atrás y veo qué ingenuidad más brutal tenía. Haciendo una asociación rápida, mi vida estaba cambiando de la más tierna infancia a la adolescencia, y el mundo parecía querer cambiar como yo. Entonces, claro, no era capaz de entender ni de discernir que ni el mundo estaba cambiando como yo lo consideraba, más allá de ciertos actos casi folklóricos, ni seguramente yo era tan maduro como me quería considerar. Y definitivamente, no iba a formar parte de ese cambio. No me duraría mucho más allá de los 13 años esta vena proto-revolucionaria-pre-adolescente.Y sin embargo, por otra parte, no puedo sino pensar que en una época tan gris y cutre como la presente, aquella ilusión infantil que me entraba viendo a la gente en las calles harta de tiranías, cierta ilusión por un cambio, en pos de un mundo mejor, sin maniqueísmos ni intereses creados, sería bonito tenerla.

Y ahora, si me disculpáis, me voy a poner la cancioncita de los Scorpions.

miércoles, 4 de noviembre de 2009

Melbourne mon amour

Bueno, iba a subir un vídeo para demostrar que la teoría de los desagües girando al revés en Australia es falsa, pero cuando me he visto con el móvil apuntando al water, me he sentido demasiado ridículo como para seguir con ello. Así que lo tendréis que creer. O no.

Como quiera que en estos viajes de trabajo al final demasiado poco importa el lugar, no hay grandes aventuras que explicar. Al final, es hotel-lugar de trabajo-aeropuerto. Y eso es demasiado parecido en todo el mundo. Viva la globalización. Os tendréis que conformar con un "top 5" australiano. Con eso, y con saber que a vuestro amigo Kar todavía no le arrancado la mano un cocodrilo, ni le ha atacado un dingo, ni ha sido secuestrado por una tribu aborígen:

1.- Vanilla Coke... deliciosamente empalagosa variedad de la coca-cola que sólo he visto en Londres hace unos años, en Hawaii y, oh, sorpresa, también en Melbourne. Estoy pensando en comprarme unas cuantas botellas y embarcarlas en el avión.

2.- Ver a una maruja australiana comentándome que a ella le gustaban AC/DC con Bon Scott, pero que no soporta la manera de cantar de Brian Johnson. Lo peor fue tener que aguantar su imitación de Johnson.

3.- Encontrarme con una chica de Asturias, a la que llevo 3 días hablando en inglés, hasta que me ha dicho que es española.

4.- Seguir vivo... después de tratar de cruzar la calle mirando constantemente hacia el lado que no toca. Espero llegar al viernes.

5.- Los billetes australianos... parecen del monopoly y además están hechos de una suerte de plástico que permite que se mojen y no les pasa nada. Vamos, que si metes tus tejanos en la lavadora con un billete de 100 AUD en el bolsillo, no tienes por qué preocuparte. El billete aguanta. Si es que estos australianos están en todo.

Bueno, amiguitos, les dejo con sus doce de la mañana europeas, que me voy a empiltrar. Paz, amor y holocausto nuclear para todos.

lunes, 2 de noviembre de 2009

Australian comeback

De nuevo en Australia. Recuerdo que la otra vez que por aquí estuve, escribí una entrada en la que decía: "Las circunstancias del viaje, os las podéis imaginar, lamentables condiciones de trabajo que me impidieron disfrutar de mi experiencia australiana como debiera, lo cual, si lo pienso fríamente, y considerando que tal vez no vuelva a ese lugar jamás, quieras que no, jode." Como podéis observar, la clarividencia no es lo mío. No jueguen a los ciegos conmigo, amiguitos. En fin, la idea es hacer una serie de entradas estos días, y la de hoy es particularmente complicada, porque me muero de sueño. Sí, querid@s, el jet lag, expresión pija donde las haya, existe, y si uno vuela 10 husos horarios hacia el este es una verdadera putada. Lo cierto es que estoy haciendo tiempo para irme a dormir, porque si me voy ahora, me despertaré a las 3 de la madrugada y estaré hecho un zombie todo el día de mañana.

Por lo demás, todo sigue en su sitio: la primavera está a punto de acabar, siguen conduciendo por el lado contrario y los desagües, por más que lo digan los Simpsons, giran el agua en el mismo sentido que en casa, a no ser que hayan instalado un motor que haga girar el agua en el sentido "correcto".

Por lo demás, al menos hoy, no hay gran cosa que contar. Así que como yo me pasé la castanyada o noche de halloween en un puto avión, permitidme que lo celebre ni que sea un poco:


martes, 27 de octubre de 2009

Fun Lovin' Criminals - pt.3 (y última)

Este domingo, no sabes por qué, te has levantado muy temprano. Apenas las siete y media y estás con los ojos como platos. Un afeitado, una ducha, una camisa bien planchada y antes de salir, un repaso al pelo: todo en orden. Sales a las calles de la ciudad, y parecen raras. No hay mucha gente, pero lo que sorprende es que hay gente. Quien lo iba a decir, un domingo. No sabes qué te lleva a ello, pero tomas el metro y te paras en la misma estación y a la misma hora donde, algunos años atrás, solíais cogerlo. En sentido contrario. Hacia casa. Paseas por ahí, y todo te parece extraño. No estás acostumbrado a verlo con tanta luz. De repente, entre ese taller y el edificio amarillo hay un solar y te resulta inquietante. Tardas un par de minutos en darte cuenta de que allí estaba el Squier, ahora reducido a la nada. Con el golpe bajo recién encajado, giras la segunda a la izquierda. La licorería sigue allí, pero al entrar, los koreanos no son los mismos. No suena constantemente Bob Seger. Menudas risas nos hacíamos con aquél koreano, que hablaba un inglés ruinoso pero era fan a muerte de Bob Seger y de los Giants. Por lo menos Louie’s sigue en pie, allí al fondo está. Vaya, parece cerrado. Claro, es pronto. Te asomas por la ventana y todo está demasiado lleno de polvo. La sábana blanca cubriendo el billar es la prueba definitiva. No es que ahora está cerrado, es que está cerrado. Lo que todavía está es ese bar donde tantas veces habíais acabado tomando un café antes de volver a casa. Te sientas y te tomas un café. Y por un momento te pones triste. Dónde están Max, Norah y Silke? Cuánto tiempo hace que no hablas con Ed? Desde que se mudó, casi. Y a Hannah, parece que le va demasiado bien como para perder su tiempo con nosotros. O tal vez soy yo el que ya no tiene tiempo. Echas de menos todo aquello, y durante unos minutos miras el móvil y piensas que deberías mandar un sms a todos, pero estás jodido y quieres regodearte en tu tristeza. Pero tomas un sorbo de café y recuerdas todo aquello. Diablos, lo pasábamos bien. Y no puedes evitar una sonrisa dibujándose en tu cara.

Esta es su máxima actividad diaria

“Loco” (2001), el tercer disco (si no contamos “Mimosa”) de los FL’C, es como una gran resaca. Como un domingo de boca pastosa y dolorcillo de cabeza. No es la mejor mañana del mundo, pero lo has pasado tan bien la noche anterior que estás de buen humor. Estaba claro que “Loco” difícilmente iba a poder superar el listón de “100% Colombian”. "Loco" no es un disco tan pretencioso, y si 100%... era perfecto para escuchar de un tirón, lo primero que se puede apreciar de su sucesor es que es una colección de canciones sin tanta correlación entre sí, y bastante distintas. Abren con Where The Bums Go, una canción puramente punk. Pero luego las aguas vuelven a su cauce con el single Loco, que cuenta con aires latinos y una guitarra que puede recordar al Santana actual. Y sin embargo, a la segunda escucha uno no puede quitarse la melodía de la cabeza. Y la tercera canción, The Biz retoma los aires más hip-hop vacilón de su debut. Tres canciones muy diferentes entre sí. Sintomático de lo que es el disco.

Probablemente lo peor sea que algunos cortes son algo flojos, lo que le resta uniformidad a la grabación. Para mi gusto, se debería destacar un bloque con tres canciones de aspecto más reposado, como “She’s my friend”.

Con él llegó la polémica

Pero en definitiva, “Loco” nos muestra a unos Fun Lovin’ Criminals a medio gas, con momentos muy grandes, pero con otros algo más olvidables. Quiere eso decir que “Loco” no es un disco recomendable? En absoluto. Y sin embargo las comparaciones pesan demasiado.

En la grabación de “Loco” vuelve a constar Mackie a la batería, quien además les acompaña en la correspondiente gira, en la que una vez más recalan en Barcelona, en un concierto no tan espectacular como el anterior, pero que demuestra quien sigue mandando, con o sin momentos más regulares en su disco. Mackie sin embargo no duraría mucho, y el cuarto disco de la formación aparece firmado simplemente por Huey y Fast.

Así, “Welcome To Poppy’s” sale a la luz en 2003, en unas condiciones bastante diferentes. EMI ya no distribuye sus discos, sino que se ocupa una discográfica menor, Sanctuary Records. Entre eso y que su popularidad queda más lejana (jamás tuvieron un superhit equiparable a aquél clásico “Scooby Snacks”), el disco aparece con mucha menos promoción, casi de puntillas. Y es una pena, porque sin ser un disco superior a “Loco”, como aquél, “Welcome To Poppy’s” resulta un ejercicio de estilo muy interesante. A diferencia de “Loco”, en esta ocasión el bloque vuelve a ser más compacto, y el nivel no tiene los altibajos de su predecesor. Sin embargo, tampoco destaca por tener canciones memorables como el anterior trabajo. Todo el disco en general está bastante bien, pero no hay muchas de esas canciones que colocarías en un CD que le grabaras a aquella amiga que te pide un recopilatorio de FL’C.

Uno... dos... un momento, pero no eran un trío???

A destacar, por ejemplo, que se acabaron los experimentos con el rap más primitivo o con ciertas sonoridades ambient. Y que la guitarra de Huey Morgan tiene mucho más peso. Es evidente que la banda no pasa por su mejor momento, pero sigue ahí, con un nivel que ya quisieran para sí muchas otras bandas.

Así, qué disco es mejor, “Loco” o “Welcome to Poppy’s”. Difícil pregunta. Yo casi destacaría “Loco” porque algunas de sus canciones me parecen geniales. Pero tal vez sea porque me trae buenos recuerdos, simple y llanamente.

No se harían esperar mucho, sin embargo, para publicar “Livin’ In The City” (2005), el que a la postre, ha resultado ser el último disco de los neoyorquinos hasta el momento. Y en esta ocasión, otra vez en formato trío, pues a Frank ya se le presenta como batería y miembro oficial de la banda. Pero detalles de formación aparte, lo importante es que se sacan de la manga un discazo fantástico. No supera a los dos primeros, pero yo lo colocaría muy, muy cerquita de “Come Find Yourself”. No te digo ná y te lo digo tó. Olvidaos del single “Mi Corazón”, un ejercicio oportunista de confundir a quienes pudieran relacionar al trío con sonoridades latinas. Es la peor canción del disco.

La portada no es gran cosa, pero menudo disco se esconde en su interior!!

Por lo demás, tenemos a los FL’C más callejeros, tenemos rap, rock, soul, estribillos míticos, acercamientos al funky, momentos sosegados… qué más se puede pedir? Tenemos algunas joyas como ese “How It Be” con esa intro tan funk setentero, o “City Boy” con ese estribillo pegajoso. Si incluso se permiten el lujo de incluir un pasaje del babosísimo “Love Story Theme” y salir airosos. Quizás se podría decir que “Livin’ In The City” compila los diferentes estilos que el trío ha ido practicando en su carrera, y algunos temas suenan más a su debut, y otros al mítico “100% Colombian”, pero “Loco” también planea en el horizonte. También es un disco más corto de lo que nos tienen habituados, y eso le hace ganar enteros. Corto, conciso, sin bajones, con una coherencia global pero con momentazos de esos que les surgían en 1999.

Y hasta ahí la historia. Lamentablemente, han pasado ya casi 5 largos años, y no sólo no hay continuación, sino que tampoco hay noticias de nuevo disco. Lo cuál no deja de irritarme. Está claro que la industria ya no es la que era y cuando ni siquiera su myspace (única fuente fiable de noticias suyas) muestra gran actividad, sólo me tranquiliza el saber que de tanto en tanto hacen algunos conciertos en festivales europeos, alguna cosita en USA y varios bolos en UK e Irlanda, donde sorprendentemente siguen siendo muy apreciados. Pero 5 años sin disco de los Fun Lovin’ Criminals son demasiados. Se les echa de menos. FIN.

viernes, 23 de octubre de 2009

Fun Lovin' Criminals - pt.2

Imaginemos una tarde de mayo en Nueva York. El tiempo ha dado una tregua y el sol primaveral luce calentando agradablemente. Te acercas a la ribera del río, bajo el puente, en el lado de Brooklyn. Los almacenes reconvertidos en talleres de artistas parecen tranquilos, y los locales todavía no han abierto. En la zona de césped hay mucha gente, familias, gente con sus perros, unos chavales jugando con el balón, aprovechando cualquier intento de placaje para retozar sobre la yerba. Te sientas en una de las rocas y contemplas el puente, el río, y al fondo, la Manhattan, y parece que todo está bien. Un cigarrillo tras otro y en un ratito el sol se ha puesto. Recibes un sms en el móvil. Nos vemos a las ocho en Louie’s. Sonrisa pícara. Claro que sí. Allí nos vemos. Te levantas, espolsas un poco el pantalón, te pones la americana de nuevo, el sol ya se está escondiendo y ya no hace ese calorcito agradable, y enfilas hacia el metro.

Más o menos por aquí... la foto es mía (juas, sufrid, mortales!)

Si “Come Find Yourself” era un gran disco que vino precedido por uno de esos singles que sonaron y sonaron, su continuación cerró muchas bocas (alguien dijo hype?) y dejó a otros tantos sorprendidos. Señores y señoras, “100% Colombian” no sólo es el mejor disco de Fun Lovin’ Criminals sino también es uno de los mejores discos de la década de los 90’s. Así de claro.

Barry White les salvó la vida...

Esa portada, con ese trío trajeado, con fundido en negro y pose de “Uno de los Nuestros” no da pie a confusión. Clase. En este disco acentúan su faceta más soul tranquilo, en detrimento de algunas bases más hip hop, y tal vez de algunos riffs más durillos. Por lo demás, la fórmula de su debut, pero depurada y superada. Menudas canciones!!

El primer single, “Love Unlimited”, homenaje clarísimo a Barry White con estribillo memorable (“Barry White/Saved my life”) no tiene esa capacidad de aparecer en todas las radios y teles. Claro, tampoco tiene un sampler de Pulp Ficition. También es 1998, y la MTV ya no está por la labor de promocionar alt rock, y el hip hop es cosa de Puff Daddy y no de esos blanquitos. Pero le pueden dar a la MTV. En “100% Colombian” hay desde cortes puramente rockeros, como “Korean Bodega”, “10th Street” o “Big Nigh Out” (con un sampler genial de Tom Petty) hasta pequeñas maravillas de soul rap, como “Sugar” o “Back on the Block”, incluso hay espacio para el hard rock en “Southside” y el blues en “Mini Bar Blues”, con el mismísimo B.B.King poniendo su Lucille al servicio de los criminales.

Una copa?

Las letras y la actitud siguen la estela marcada anteriormente, urbana, macarrilla, gangsteril (en el sentido más Scorsese de la palabra), pero también elegante. El trabajo de Fast en los teclados y la trompeta es incontestable, y uno de los sellos identificativos de la banda. No puedo dejar de emparentarles con otras bandas que hacían de la clase, la actitud y un particular sentido de la elegancia su bandera: Urge Overkill y Afghan Whigs.

Lo cierto es que en 100%... resulta difícil destacar un tema sobre los demás, ya que es un disco hecho para escuchar de un tirón, y no puedo más que encadenar un elogio tras otro. Ideal para aquellos que se quieran iniciar en el mundo de clubs humeantes, mujeres con traje de noche, fiestas en las terrazas de New York City y dry martinis que proponen Fun Lovin' Criminals.

Dando de comer a las palomas

La gira de “100% Colombian” recaló en Barcelona, en la sala Bikini, y no se me ocurre mejor marco para un concierto de estos tipos. Lógicamente suenan muy diferentes en directo, más guitarra y más improvisación, a pesar de las bases programadas, pero sobretodo con un Huey Morgan derrochando glamour y simpatía. Al final del concierto les esperé en la salida, donde había un pequeño grupito de fans, y Morgan salió, saludó a todos, firmó autógrafos y aún sin perder su aureola de estrella, se portó de un modo amabilísimo atendiendo a todos los allí presentes. Por cierto, en esa gira, Steve-O, batería original, ya había abandonado la banda y ahora era Mackie quien se ocupaba de las baquetas.

El siguiente movimiento de la banda no tardó en llegar, y en 1999, sólo un año después de la publicación de “100% Colombian”, publican “Mimosa”, un un compendio de versiones de temas ajenos y relectura de los propios, de corte marcadamente lounge y apto para fans hambrientos de material. Para todos ellos, constituyó una sabrosa golosina.

Es en las versiones donde gana enteros este Mimosa. La primera, un corte totalmente funky que me enganchó durante una temporada, original de 10CC, para mí, es de lo mejor. El tono general es, sin embargo, muy lounge, muy calmado. Junto con el cantante de Echo and the Bunnymen, hacen una versión del The Summer Wind, del gran Sinatra, que no acaba de convencerme. Todo lo contrario que ese Crazy Train original de Ozzy Osbourne, genial , donde la banda demuestra tener un background rocker. Las relecturas de temas propios son claramente inferiores a las originales, si bien la de Scooby Snacks en plan blues acústico no está nada mal. Lo dicho, material apto para fans.


Poniendo esta foto podría haberme ahorrado tanta palabrería tratando de describir "Mimosa"

Y mientras esperamos la continuación de la historia, os dejo con deberes (menudos deberes más buenos!!), escuchad esos dos discos mientras revisáis las fotos de las carpetas interiores, que dan una idea muy clara de lo que es ser un Fun Lovin’ Criminal.
(CONTINUARÁ)

Fun Lovin' Criminals - pt.1

Un gordaco negro vestido con un traje también negro, te abre la puerta metálica (negra) permitiéndote el paso, mientras de dice “adelante” con cara de decirte “me cago en la madre que te parió”. Unos segundos antes te ha mirado de abajo a arriba, y vuelta otra vez hacia abajo, escrutando dios sabe qué. El humo y una cierto tono azulado de luz te dan la bienvenida y al caminar un par de pasos, una bonita camarera cruza por delante tuyo a toda velocidad, shorts, botas altas y escote generoso, sin apenas reparar en ti. Afortunadamente, todavía recuerdas aquella noche que fue simpática contigo cuando le hiciste aquella broma al pedir tu copa, y al corresponder tu chistecito, envalentonado por el alcohol, te pusiste tan pesado. Santa paciencia la de esas chicas. Escrutas un poco la zona. Al fondo un par de grupos habituales, en las mesas, aunque una de ellas está ocupada por gente nueva, claramente no son de la ciudad. Antes de ir a la barra, ves a Norah, guapísima con ese vestido, y su amiga alemana, Silke, menos elegante pero también muy guapa, que te saludan pícaramente desde el fondo, agitando sus manos que pasado mañana volverán a lavar cabezas en la peluquería. Esta noche, sin embargo, parecen reinas. Después de saludarlas, y antes de ir a la barra, compruebas que tu camisa está bien metida y el cuello en su sitio. Apartas un poco el flequillo de la frente y te apoyas en la barra. Siempre vas a esa, que regenta Pete. Las chicas bonitas sólo sirven en la barra de en frente, o en las mesas. Te choca con esa mano enorme y sudada, pero diablos, es un buen tío, y no necesito pedirle la copa, se limita a girarse y a decirme “lo de siempre, ¿no?”, y antes de contestar ya ha cogido la botella de Bombay Saphyr y un botellín de limón. En la pista hay bastante gente, muchas chicas bailando, y eso que todavía no ha comenzado el DJ, un grupo está tocando. Pete me pasa la copa mientras me dice “escucha a esta banda, tío, son buenísimos”. Y realmente lo son. El guitarrista saca magia de su Gibson negra mientras le hace caída de ojos a la primera fila, y aunque nunca me han gustado los grupos que tienen partes pregrabadas, esto suena diferente. Y ese riff? Pero si es “Smoke on the water” mal tocado! Y mientras se atusa la americana, el que está detrás de unos teclados, ha dejado el bajo y ahora está tocando la trompeta. El batería aprovecha la base grabada para salirse del ritmo y lucirse un poco, pero esa cara de universitario fumado no le pega con esa preciosa corbata que lleva. Son buenísimos.

No nos engañemos, si Fun Lovin’ Criminals no hubieran incluido ese sampler de Pulp Fiction en “Scooby Snacks”, en pleno 1995, con el resacón Tarantiniano en pleno apogeo, tal vez no hubieran alcanzado nunca el estatus y quizás nos hubiéramos perdido a este trío fantástico. Eso, que nos pareció un guiño divertido en uno de esos singles incontestables de los 90’s, a Tarantino le pareció una ocasión para reclamarles su tajada por derechos de autor. Claro, eso fue cuando el disco “Come Find Yourself” escaló puestos en las listas, especialmente la británica. Y es raro, porque es en el Reino Unido y también en Irlanda donde estos chicos siempre han tenido mayor éxito, casi más que en su América natal.

Menudas caritas de fumeteo que llevan... porque de haberse despertado a las 5 de la mañana, como que no.

Hablar de Fun Lovin’ Criminals sin mencionar aspectos extramusicales se convierte en una difícil tarea. Elegantes, bon vivants, cachondos, cinematográficos, mitómanos, algo macarras, gangsteriles, con clase. Son un poco de todo eso. Huey Morgan, voz y guitarra, Brian “Fast” Leiser, teclados, trompeta, bajo y programaciones variadas. Y un batería que ha ido cambiando a lo largo de los años de formación. Neoyorquinos orgullosos hasta la médula.

Y su música? Es rap? Es rock? O tal vez ambas cosas? Pero claro, cuando se habla de mezclar rap y rock aparecen rápidamente los nombres de Beastie Boys, y de Rum DMC, y de RATM o incluso de Ántrax. Y creedme, no se parecen a ninguno de ellos. Claro, usan bases programadas y samplers, pero esa guitarra es hard-rockera a veces, blues en otras ocasiones. Y luego aparecen esos teclados o sacan la trompeta, y la cosa se pone más soul. Y cuando menos te lo esperas, se descuelgan con alguna sonoridad más tradicional, o con acercamientos al lounge. No me pidáis que lo defina. Demasiado complicado.

Su debut aparece en 1995, “Come Find Yourself”, y ese primer single de base rockera y estribillo pegadizo les abre muchas puertas. Y muchas más que les abrirá ese videoclip. Efectivamente, en el videoclip de “Scooby Snacks” además les sirve para presentarse protagonizando una historia de golfos entrañables que deciden forrarse robando un banco, en una historia, lo adivináis? Sí, muy tarantiniana. Y yo, que no había escuchado rap en mi vida, ni ganas, me engancho a esto que no sé muy bien lo que es, pero me gusta. Claro, algunos cortes son netamente hiphoperos, pero otros son puro rock, bailable y desinhibido, con algunos riffs muy buenos. Y con samplers declarados de “Free Bird” y no declarados de “Smoke on the Water”. Porque vamos, que me aspen si el riff de “Bombin’ the L” no es el riff clásico de Ritchie Blackmore, con un par de notas omitidas. También hay momentos más tranquilos, como esa bonita versión del clásico de John Barry “We have all the time in the World”, o esa bluesy “Methadonia”.

Las referencias a NYC son explícitas, por ejemplo, “the L” es un tren que cruza de Manhattan a Brooklyn, y con homenaje a John Gotti, el último mafioso clásico, ilustre habitante de la ciudad de los rascacielos.

En definitiva, un gran debut de un grupo que se hizo muy popular y que aprovechó su tirón para pasearse por festivales y hacer conciertos en las salas de medio mundo, cuando el rock todavía era popular, aunque capitalizado por los sonidos “alternativos”. Gran debut, sí, pero nada nos hacía presagiar lo que vendría después. Pero eso, amiguitos, será otro día. Así que os doy tiempo para pinchar “Come Find Yourself” y continuamos para bingo. (CONTINUARÁ)

miércoles, 21 de octubre de 2009

El cine y Malditos Bastardos

Hace ya algunas semanas que vi "Malditos Bastardos", y la verdad es que por una cosa o por otra, todavía no había hablado de ella. Y ahora, la verdad, me da algo de pereza. Es lo que tiene Internet. Es publicarse un disco, estrenarse una película, o producirse un concierto, y varias horas después, un aluvión de entradas en blogs, reseñas, comentarios en foros, y demás, van apareciendo como setas otoñales. De modo que seré breve. Y lo seré porque no era de "Malditos Bastardos" de lo que quería hablar, pero ya que estoy puesto, que no sea dicho.

Ay, qué difícil es ser un director de culto y mantener tu estatus. Quentin Tarantino siempre tendrá esa losa (maravillosa losa, por otra parte) en todos y cada uno de sus estrenos, de la comparación inevitable con "Reservoir Dogs" y con "Pulp Fiction". ¿Es eso justo? Poco importa la justicia. Lo curioso del caso es que con "Malditos Bastardos" las opiniones son de lo más diverso. En fin, todo el mundo sitúa "Pulp Fiction" y "Reservoir Dogs" como puntos álgidos en su obra, y "Death Proof" como lo peor que ha rodado. Sin embargo, es curioso como las opiniones referentes a "Malditos Bastardos" se mueven entre "lo mejor desde Pulp Fiction" hasta "su peor película, si no fuera por Death Proof". Personalmente me inclino más por la primera afirmación que por la segunda, sin estar del todo de acuerdo.

"Malditos Bastardos" es una película de género, hay quien la relaciona con los westerns, cambiando los escenarios, tal vez. Yo la veo más como esas cintas de finales de los 60's y primeros de los 70's tipo "12 del Patíbulo". Con lo cuál es lógico que aquellos geniales diálogos que trufaban sus primeras cintas dejen de estar presentes. Es una película, también, sin ningún protagonista claro. El personaje de Brad Pitt es bastante anodino, pero el de la chica (lo siento, no recuerdo su nombre) tampoco llena el metraje. Vamos, una peli sin protagonistas. Pero lo que está claro es que sus más de dos horas de duración pasan fugaces, lo cuál no es poco, y probablemente Tarantino nunca haya jugado con el humor más claramente que en "Malditos Bastardos". Personalmente no soy gran fan de las bandas sonoras de Morricone, de modo que a nivel de música, y eso, tratándose de una película de Tarantino, es tan importante como el elenco de actores, me quedo con ese momentazo Bowie, de hecho, única canción que suena no creada ex-profeso.


Grandísimo cartel, con aroma a clásico

En fin, que yo la recomiendo, si es que queda alguien que dudara de verla y aún no lo haya hecho. Pero de lo que quería hablar era de los cines como espacio físico. Hacía tiempo que no acudía a uno de los cines clásicos de Barcelona. De hecho, últimamente voy poco al cine, y consumo más cine en casa que otra cosa. Pero en esa ocasión fuí al cine Aribau, y me encontré con una de esas salas majestuosas, algo envejecidas ya, pero enormes, con esa, no sé, llamadme romántico, aureola a cine clásico, lejano de esa pinta de parque de atracciones audiovisual que tienen los cines últimamente, especialmente los de los centros comerciales. Diablos, hacía varios años que no iba al cine Aribau.

Claro, no todo son cosas buenas: la butaca no era tan cómoda como en un cine nuevo, el aparcamiento es de pago (cosas de no vivir en Barcelona), y por supuesto, esos precios que rozan el ridículo (más de 6 eurazos por entrada!!!). La pena es que parece algo a punto de morir, un residuo del pasado. Imaginad una sala enorme en una sesión de sábado por la noche, que se supone una sesión fuerte, con una cinta que puede atraer público masivo, y calculo que aquella noche no seríamos más de 30 personas en una sala en la que cabían unas 100. Triste. Así que mucho me temo que esa sala está condenada, afortunadamente no a desaparecer, como el cine París, sino probablemente a remodelación y a convertirla en 2 o 3 salas, aunque tal y como están las cosas, quién sabe. Y no creo que me equivoque.

Canciones:

David Bowie: "Cat People (putting out fire)"
Dinnosaur Jr.: "Just Like Heaven"
The Rolling Stones: "Honest I Do"

domingo, 18 de octubre de 2009

La muchachada en directo

Lo voy a decir clara y concísamente: soy fan de Joaquín Reyes y del grupo de Muchachada Nui en general. Para qué andarnos con rodeos. Y por eso, cuando me enteré de que Reyes iba a actuar en solitario este fin de semana que ahora finaliza, en teatro Club Capitol de Barcelona, no me lo pensé. Nota: el fin de semana finaliza ahora en todo el mundo, no en ese teatro. No he encontrado un modo mejor de puntuar.

A lo que iba, Joaquín Reyes tenía programadas una serie de cuatro noches de monólogo, y había que estar, aunque por un momento me planteé que el tipo, solo en el escenario, sin disfraces ni gags televisivos, pudiera perder la gracia. Los monólogos al final me han acabado por aburrir, probablemente tras la sobreexposición de hace unos pocos años. Pues no señores. Igual es que me pierde la debilidad del fan, pero pasé 90 minutos divertidísimos y riéndome continuamente con el ingenio de un Joaquín Reyes menos encorsetado y más políticamente incorrecto que en la tele.

Mamá, soy fan de este señor... me convierte eso en un freak???

En el fondo, era un poco más de lo mismo. Las coletillas y palabras conocidas por todos. El acento exagerado de Albacete. Incluso cerró con una versión de su mítico "hijodeputa (hay que decirlo más)". Es decir, un show para iniciados, con la ventaja para el artista de tener al público entregado de antemano. Aún así, desgranó un monólogo con tendencia a la improvisación, aunque esta mereciera en ocasiones el calificativo de "ida de olla" rotunda, pero con momentos realmente hilarantes.

Ya lo dije, soy fan, y lo cierto es que lo de los Muchachos, ex-Chanantes, me parece un fenómeno curioso, casi imposible de entenderse sin la presencia de Internet. De hecho, se decidió dejar disponibles todos los contendidos de sus programas en la página oficial de RTVE porque había mucho mayor seguimiento de los sketches en Youtube que en su pase televisivo por la 2. Puedo entender que agobie, o que en algunos aspectos no se le vea la gracia. Bajo mi punto de vista, es el fenómeno humorísitico de mayor calado entre la gente joven desde las coletillas de Cruz y Raya o (lo digo?) desde Chiquito de la Calzada! Ahí es nada.

Canciones:

Kiss: "Modern Day Delilah"
Iggy Pop: "Bang Bang"
Portishead: "All Mine"

martes, 29 de septiembre de 2009

Dangerous

De todos los discos de la etapa clásica de Michael Jackson, “Off The Wall” (1979), “Thriller” (1982), “Bad” (1987) y “Dangerous” (1991), es este último el que probablemente suene más desfasado, aun siendo el más actual. “Dangerous” no es un mal disco en absoluto, pero demostró que la cima creativa de Jackson ya quedaba más lejana. Puedo decir que hablo con conocimiento de causa, ya que en las navidades de 1991 me regalaron ese disco en su formato cassette. Dios bendiga al viejo cassette (o “cinta”, como había sido siempre para mí). Y durante ese año 1992 lo estuve escuchando constantemente. Luego otros tomarían mejores posiciones en mi walkman top 5 particular, y muy pronto vendrían muchos otros más, más ruidosos y con los pelos más largos. Pero claro, uno no puede dejar de tener un cierto cariño especial por ese “Dangerous”.

Recuerdo cuando se estrenó el single-videoclip, el celebérrimo “Black or White”. Aquella intro con Slash guitarreando y con el niño de “Solo en Casa”, aquellos efectos especiales, en su momento, espectaculares, y sobretodo aquella ridícula escena final con Jackson bailando solo, sin música, destrozando un coche, que generó bastante polémica y acabó por retirarse.

Este primer single es una muestra de que Michael Jackson todavía tenía golpes escondidos y podía recuperar esa fusión de rock blanco, y soul y música de baile negra que tan buenos resultados le había dado en el pasado. Siempre me llamó la atención, sin embargo, a qué venía esa letra, y qué se le pasaba por la cabeza cuando la posicionó como primer single, después de sufrir él mismo una transformación de su color de piel. Difícilmente sabremos si en realidad el aspecto blanquecino que lucía entonces era fruto de una enfermedad, de un tratamiento para blanquear un poco la piel en plan estético que se le fue de las manos o, como si se decía por ahí, y eso lo dudo mucho, un intento de, sencillamente, no parecer lo que era, negro. En cualquiera de los casos, una letra como esa, en un primer single, o era cosa de una inocencia absoluta o de una ironía muy fina.

Alguien puede decirme qué hostias significaba esta portada???

Pese a todo, ese era uno de los escasos momentos de grandeza de un disco que carecía de ellos. Pudiera ser el hecho de que prescindió de los servicios de Quincy Jones, tal vez ni siquiera Jones hubiera podido cambiar gran cosa. La cuestión es que todo el disco se movía por un estilo de lo que se dio en llamar “New Jack Swing”, una etiqueta de música negra que se hizo popular entre finales de los 80’s y principios de los 90’s. Era una especie de punto intermedio entre el R&B, la música de baile de sintetizadores y el rap en su versión más suavizada. Es decir, Jackson se apuntaba a un estilo musical, más que desarrollar el suyo propio. Lo cuál, y sumado a la larga duración del disco (14 canciones), hacía el resultado general un poco tedioso.

Hablemos de los buenos momentos del disco, aparte de la mencionada “Black Or White”, había otra colaboración con el gran Slash, en “Give In To Me”, una canción de ritmo lento y guitarra dura, con un cierto parecido a aquél “Dirty Diana” que se incluyó en “Bad”. Sin que sirva de precedente, en esta ocasión Slash no ofreció uno de sus solos insulsos que suele colar en sus colaboraciones, sino todo lo contrario. Finalmente podríamos hablar de “Gone Too Soon”, una balada elegíaca de bonita melodía. Y como propina también prodríamos salvar, seamos benevolentes, “Remember The Time”. Lo demás, un puro ejercicio de estilo de la música negra que era popular por aquél entonces, y que al final, acaba facturando varias canciones demasiado parecidas entre ellas.

Mención aparte a esa horrorosa “Heal The World”, balada babosa hasta la saciedad, con letra bienintencionada y en definitiva, una hija bastarda (completamente innecesaria) de aquél otro horror que era “We Are The World”.

A pesar de todo, fueron 7 singles (7!!! Definitivamente, eran otros tiempos) los que se extrajeron de “Dangerous”, con una serie de videoclips que se hicieron muy populares, con cameos de Eddie Murphy, Michael Jordan o Naomi Campbell, y con un Michael Jackson que ya lucía un aspecto lechoso y una cara casi destrozada por la cirugía estética, con esa nariz y esa barbilla ridículas.

Qué fue lo que falló? Seguramente le faltó contención y le sobraron influencias externas. Nadie dice que Jackson no debía evolucionar respecto a su sonido de los 80’s, pero ocurre que algunas de las canciones de “Dangerous” podrían haber estado perfectamente en discos de otros artistas de la época y que ahora están desaparecidos en el limbo de los tiempos. Y al final, por todos es conocida la historia: en enero del 92 el “Nevermind” le quita el primer puesto de Billboard y en 1993 Jackson es demandado por vez primera por abusos sexuales. Y de ese modo, la caída comenzó a ser evidente.

jueves, 24 de septiembre de 2009

Live... In The Heart Of The City

No, si ya me lo decía Nuala en un comentario hace un par de entradas... soy un... ¿qué término utilizó? ah, sí: Maldito Urbanita. En fin, para qué negarlo, es lo que soy. Me gustan las ciudades. O no sé si me gustan o las necesito. Porque yo no sirvo para la montaña. No sé esquiar, no diferencio un chopo de un alcornoque, si hay una raíz saliente en el suelo, me tropezaré con ella, y si hay una charca, seguro que acabo metiendo el pie o directamente el culo en ella. Tampoco sé vivir en un pueblo, ni hacer vida de pueblo. Recuerdo a los niños de mi clase, cuando llegaba el verano, ala, todos en tropel "al pueblo", de vacaciones. El Pueblo. No tenía una localización geográfica concreta. Sólo sé que era un lugar con abuelas que ceban a base de potajes y deliciosos embutidos locales, grupos de zagales que se desplazan en bicicleta desde la salida del sol hasta altas horas de la noche y apasionantes actividades que realizar tales como ver como ordeñan ovejas o pasear la estatua de la virgen de la ermita el 15 de agosto. Bueno, parece que no rockee mucho, pero amigos, en mi mente infantil, aquello tenía que ser la leche. Mis agostos eran, sin embargo, en la ciudad, zascandileando por las plazas y calles con los pocos chavales que por allí quedaban, y claro, sin bicicletas ni ovejas. Total, que uno ya no sabe si el buscar la ciudad es gusto, costumbre o directamente necesidad.

Puedo decir que he visto bastantes ciudades en el mundo, y a que no lo adivináis? son mucho más parecidas entre sí de lo que a veces quisiéramos reconocer. Será la globalización. Será. O que tal vez a todos nos conforman con lo mismo. Qué sé yo.

De modo que imagináos una ciudad, en una calurosa noche de junio. Te has tomado un par de cervezas, pero en realidad estás nervioso y excitado, y te dirijes hacia el lugar. Te acompañan un par de amigos, pero pronto, en las cercanías, comienzas a ver más de los tuyos. Gente en los bares circundantes, o directamente por las esquinas, bebiendo. Todos buscando lo mismo. A algunas caras incluso las reconoces, son los habituales. A otros directamente les saludas afectuosamente, aunque sabes que no los vas a volver a ver hasta el próximo. Y por fin, más adrenalínico que nunca, decides que ya no puedes más, que ya es el momento de entrar: Whitesnake tocan esta noche en tu ciudad.

Pero con esta portada, qué os esperábais?? Polkas??

Hoy, a Whitesnake se les recuerda por aquellos "Here I go Again" y "Is This Love"... diablos, dos canciones incontestables! No hay una queja en absoluto al respecto. Eso era 1987, pero 7 años antes la banda era bien distinta. Claro, son los 80's, y todo el hard rock tan excesivo de la década anterior es visto con más recelo que otra cosa. Ilusos, sin saber que diez años más tarde otra generación les despreciaría y se reiría inmisericordemente de ellos, parapetados en varias camisetas, tejanos destrozados y camisas de cuadros. Pero volvamos a 1980. Probablemente David Coverdale llegaba algo tarde. Quién sabe, si se hubiera largado de la disciplina Purple años antes, tal vez el éxito hubiera sido mayor incluso. En fin, 1980 significaba el comienzo de una etapa nueva en el rock, pero ese glorioso sonido del hard rock setentero pisaba muy, muy fuerte.

"Live... In The Heart Of The City"... A ver, un disco en cuya portada aparece reinando un pelanas con pantalón tejano paquetero agarrando al pie de micro como si una bella muchacha se tratara, y de guardaespaldas tiene un fulano con una eléctrica de doble mástil, desde luego no da pie a muchas interpretaciones. Y es que aunque ya habían publicado hasta 3 trabajos, un disco doble en directo sólo podía significar una cosa: consagración.

Dos vinilos en los que podemos encontrar interpretaciones magistrales de temas como "Lie Down", "Take me with you" o mi favorita, una de mis canciones preferidas de todos los tiempos, "Fool for your lovin'", muy superior a su versión en estudio. "This is a song you've put on the top twenty", apela Coverdale al público antes de arrancar la banda con esa línea de bajo. Claro, el estruendo acaba siendo ensordecedor. Como no podía ser de otro modo.

Por más que la experiencia en Deep Purple de David Coverdale acabara de aquella manera, la estela Purple tiene gran presencia en este disco, en la forma de John Lord al teclado e Ian Paice a la batería. Vamos, que dos quintas partes de la banda que grabó el imprescindible "Made In Japan" estaba de cuerpo presente. Y sí, poco duraría esta formación del grupo, una serpiente a la que David Coverdale haría mutar más y más, a medida que se iba aclarando su color de pelo y estirándose la cara hasta tenerla más lisa y juvenil que yo a mis casitreinta. Pero ya lo he dicho, también los tiempos estaban cambiando, la vida se volvió dura para los grupos dinosáuricos de los 70's... para los que sobrevivieron. Y si algo es David Coverdale, es un superviviente.

Canciones:

Whitesnake: "Fool for your lovin'"
Whitesnake: "Take me with you"
Whitesnake: "Lie Down"

domingo, 20 de septiembre de 2009

Lo mejor de la semana. Semana 11

Bueno, ya iba siendo hora de recuperar esta sección dominguera de NDK. Ya casi ni recuerdo cuándo fue la última vez y ni siquiera puedo asegurar que haya una siguiente vez el domingo que viene, así que disfrutemos del momento ahora, que mañana nunca se sabe.

En fin, como habrá leído el seguidor habitual de estas líneas, me he pasado la semana en Italia, con excursioncita a Roma el jueves por la noche. Y con los compañeros, ejercí de anfitrión en la ciudad, pues nadie había estado antes. La ruta fue corta, pero intensa, y acabaría, claro, en el barrio de Trastevere, para cenar y tomar una cervecita. Y decidí llevarlos a cenar allí donde cené la última vez, que me guardó una buena impresión. Y pensándolo, me fijé que acostumbro a repetir los sitios que me gustan. Podría haber probado docenas de otros restaurantes, pero volví a aquél que me había gustado. Lo cuál me asegura el tiro, sí, pero tal vez hace que me pierda la posibilidad de conocer algunos otros sitios. Por otra parte, uno no va a Roma como el que sale a dar un paseo por su barrio y prueba a tomarse una cervecita en la terraza esa de la esquina en la que nunca había estado. Luego me fijé que no sólamente hago eso, sino que además, cuando descubro en un restaurante un plato que me ha gustado, habitualmente, cuando vuelvo, suelo pedir lo mismo. ¿Falta de riesgo? Puede, pero para qué arriesgarse, cuando muchas veces es ese plato lo que me lleva a volver a ese restaurante? Por eso, tal vez, cuando quiero arroz vietnamita voy al Indochine, cuando quiero salmorejo y solomillo con parmesano, al Basílico, y cuando me apetece vacío a la brasa, a Las Carretas.

Y con esta reflexión para haceros salivar, vayamos a la tríada de la semana:

3.- "Malditos Bastardos": No porque la haya visto, que todavía no... este fin de semana ha sido complicado y reconozco que quiero sopesar muy bien la sala donde ir a verla, para no rodearme de según quien. Así que ni siquiera sé si vale la pena, si es genial o una basura. Pero Tarantino y su cine forman parte de mi substrato personal y cultural cinematográfico, y su retorno supone cuanto menos una buena noticia para mí, así que de momento, se merece el beneficio de la duda. Seguramente, la semana que viene lo comentamos.

2.- Aerosmith - "Rocks": Hacía demasiado tiempo que no escuchaba este disco, que tenía grabado junto con el debut de Van Halen, en una pareja explosiva. Menudo disco! Cuarto de los de Boston, sólo daré un dato: Slash declaró que este disco cambió su vida. Y a pesar de todo, podemos decir que Slash sabe un poquito de rock, ¿no?

1.- Roma: Esta ciudad me encanta. Aunque sea para unas horas. Pasear por sus calles es un placer, ya sea en plazas abarrotadas de turistas, o por callejuelas en donde el arte y la historia aparecen por los rincones más insospechados. Roma y sus iglesias a miles, y sus estatuas, y sus turistas escampados y sus grupos de monjas paseando, y los tenderetes de paninos y fruta, sus ilegales vendiendo en las esquinas y los bares del Trastevere. Hay que ir.

sábado, 19 de septiembre de 2009

Exilio italiano

Hey, de vuelta en casa. Bueno, ayer por la tarde. El caso es que me he pasado toda la semana en un pueblacho llamado Tivoli, a unos 40 minutos en coche de Roma, perdido en las montañas. No os creáis que la cosa iba de vacaciones, no. Trabajando, en unas condiciones extrañas, eso sí, que el tema campestre no es a lo que estoy acostumbrado, pero trabajando no obstante. Casi diría que demasiado, esta semana ha sido un no parar. Y lo peor de todo ... SIN INTERNET!!!! Sólo tenía la posibilidad de enviar correos de trabajo desde blackberry, lo cual no mejoraba mucho el panorama, pero en la mierda de hotel en el que estaba no había internet. O mejor, corrijamos, había wi-fi de pago y con alcance sólo en el hall, no llegaba a las habitaciones. Gracias pero no. Y no me extraña que la red no llegara, el hotel era algo así como un edificio medieval en lo alto de una montaña, reconvertido en hotelillo. Muy bucólico, sí, pero sólo si la intención es la de pasarse unos días desconectado del universo moderno, en esa suerte de castillo de Harry Potter que haría las delicias de cualquier emo con ínfulas poéticas.

Concretamente aquí...

Parece mentira lo que se echa de menos el poder asomarse a esa ventanita virtual por la que curiosear. Por lo menos he comido estupendamente. Con una dieta de pasta diaria que no se la salta un gitano, estilo Robert De Niro preparándose para rodar "Toro Salvaje", que me habrá hecho perder mi apolínea figura. En fin, quién dice que no a un plato de tagliatelle artesanales?? Yo no. El jueves por la tarde, tirón de coche y paseíto por Roma: Piazza de Spagna, Fontana di Trevi, Coliseo y enfilando hacia Trastevere, para cenar y una copichuela. Así que eso es lo que me llevo. Eso y un par de piezas de queso parmesano, que no se diga!

Canciones:

Auf Der Mauf: "Lie Real"
Van Halen: "Jamie's Crying"
Oasis: "Don't Look Back in Anger"

jueves, 10 de septiembre de 2009

El Elvis del Born

La otra noche estaba en el Màgic, local que hay que reivindicar una vez más. Y léase esta primera línea como reivindicación, pues ya hice lo propio hace unos meses, y uno no reivindica las cosas insistentemente a no ser que haya transacciones pecuniarias de por medio. En el tránsito de personas y personajes que pululaban por el lugar, entró uno peculiar. Edad indefinida, pero más cercano a los 40 que a los 30. Su aspecto resultaba de lo más parecido a Ford Farlaine (el de “Las Aventuras de Ford Farlaine”, la película de Andrew Dice Clay), aunque me da que el tipo buscaba un aspecto más parecido a Elvis. Ok, pudiéramos aceptarlo como imitador del Rey, más que nada porque lucía unas gafas de esas que Elvis popularizó en los 70’s, y para qué engañarnos, me encantan, y lo bien que me lo pasé llevándolas puestas toda la noche en Las Vegas. Complementaban una camiseta a rayas con un cierto aire a “King Creole”, la película de Presley, unos tejanos negros apretados, con barriga pugnando por respirar entre camiseta y tejanos, y unos zapatos blancos y negros imitación de los clásicos de gamuza de los 50’s. Pudiera pasar por un pintas… definitivamente, la discreción no era su mayor virtud.

Le ha robado los anillos a su abuela.

De repente, el DJ pincha “Burning Love”, de Elvis, y por supuesto, nuestro Elvis-Ford Farlaine particular no tiene por más que subirse a la tarima y marcarse unos pasos, a medio camino entre baile y playback, probablemente menos lamentable de lo que pudiera parecer así, explicado en unas líneas. Pero amigos, toda la sala se volvió hacia él y le coreaba, y por unos minutos fue la estrella de la noche.

Y pudiera pensar que se trataba de un tipo patético. Un chalado. De un rarito, de un “lúser”, de un tontolpueblo. Pero no. Lo que puedo pensar se resume en la castiza frase “Ahí tus huevos”. Sí, sobre esa tarima estaba un tipo que hacía lo que quería, lo que le apetecía y le gustaba, con la toda pasión que le podía poner, y sin importarle qué pudiéramos pensar el resto de la audiencia, sin importarle que estaba gordo y que era el más viejo del local. En una palabra, ahí estaba, rockeando. Y por supuesto, se llevó la merecida ovación de los que en un principio, nos reíamos de él, pero luego nos acabamos riendo con él. Y pronto volvería a ser lunes, y pronto todos probablemente volveríamos a nuestras rutinas, y tal vez nuestro Elvis particular aparcaría las gafas doradas para enfrentarse a sus quehaceres diarios de la manera más digna posible, pero sabiéndose que en su interior, hay un rocker.

Canciones:

Elvis Presley: "Burning Love"
Counting Crowes: "A Long December"
Imelda May: "Love Tattoo"

martes, 8 de septiembre de 2009

París... ¿Texas?

Travellin' Kar vuelve de nuevo a hacer aparición, esta vez en París, aunque qué más dará, París que Milán que Madrid o que Bruselas. Cuando voy a Francia siempre intento hablar mi horroroso francés, que apenas sirve para darme cuenta de:

a) mis 2 años estudiándolo no sirvieron de gran cosa
b) estos hijosdeputa de los franceses no hacen el menor esfuerzo por comprender lo que dices

En cualquiera de los casos, me está bien empleado, porque sólo hablo francés para dármelas de hombre de mundo. En realidad, me entienden mejor cuando uso el inglés. En el avión me encuentro a Sergi López, y como si no lo tuviera ya aborrecido, de tal brutal promoción que se ha hecho de su película, me lo vuelvo a encontrar en la cafetería del aeropuerto, ya en París.

Por otra parte, todo el mundo sabe que los franceses son imbéciles. Los ingleses también, pero por lo menos ellos tenían música interesante y algunos actores míticos. Hay que decirlo más. Jamás entendí este afrancesamiento de la que quiere ser llamada algo así como la élite cultural o social de Catalunya.

Ceno en un restaurantillo y me pongo como un gorrino de cous-cous, que muertico de hambre estaba, mientras leo un libro de Roberto Bolaño porque todo el mundo anda que no caga con Roberto Bolaño, seguramente porque es un escritor muerto, y los escritores muertos molan, como el sueco ese que está tan de moda. Y aunque de momento me está gustando, lo cierto es que tuve en las manos la celeberrima "2666" y me eché atrás porque sus casi mil páginas me pareció algo excesivo, y elegí este otro, más corto. ¿Os he contado alguna vez que no soporto dejar un libro a medias? Aunque sea un coñazo.

No hago gran cosa más, y es que el madrugón está haciendo mella y encima, el mando de la tele no funciona, y amigos, no hay nada más triste que ver la tele en un hotel y no poder hacer zapping. Pónganle a esto un fondo con el característico bending del tema de Paris, Texas. De modo que apagada queda. Cambio y corto.

Canciones:

The Scorpions: "Rock You Like a Hurricane"
Gabin: "Doo uap, doo uap, doo uap"
Stevie Ray Vaughan: "Theme from Paris, Texas"

sábado, 5 de septiembre de 2009

Tokio Ya No Nos Quiere

Tokio ya no nos quiere es, cuanto menos, un título interesante para una novela, aunque hoy en día nos pueda resultar más cercano de lo que quisiéramos a Isabel Coixet. Nada más lejano a ella, o quizás no, resulta ser el título de la cuarta novela de Ray Loriga, conocido otrora como algo así como el “enfant terrible de las letras españolas”. Ok, reconozco que tales credenciales no son muy halagüeñas. Si a todo ello le sumamos los años siendo pareja de Christina Rosenvinge, contra la que no tengo nada en especial, pero junto a Loriga formaban una pareja de listillos repelentes, y lo aderezamos con cacareadas amistades con algunos miembros de Sonic Youth en su versión más arty, la cosa se pone complicada. De esta manera, uno se podría preguntar por qué me pongo a leer libros de individuos que son de esta guisa. En fin, supongo que el problema es mío: siempre me han llamado la atención los escritores que van de estrellas del rock. Por otra parte, en esta cultura española de charanga y pandereta, un escritor que pudiera citar discos de Lou Reed o de Iggy Pop, ya es un punto diferencial. Pudiera ser también porque un buen día saqué de una biblioteca “Héroes”, del mismo Loriga, siguiendo la recomendación de un amigo. Qué sé yo.

Si hablamos de Héroes, lo cierto es que me decepcionó, porque pese a la recomendación de mi amigo, y sí, pese a citar cada tres páginas a Bowie, a Iggy, a Lou Reed (la santísima trinidad del rockero rebelde yonki con ínfulas intelectualoides), se me hizo algo coñazo. Pero mira por dónde, un tiempo más tarde leí “El Hombre Que Inventó Manhattan”, a la postre, su penúltima novela, y eso fue otra cosa. Una sorpresa agradable. Y sí, debajo de la pose, había un escritor interesante.

En cuanto a “Tokio Ya No Nos Quiere”, debo reconocer que lo primero que me llamó la atención fue el título. Diablos, un gran título. Y luego, que cuando quise buscarlo, no estaba por ninguna parte. De acuerdo que no hice lo que se dice una búsqueda exhaustiva, pero parecía que a ese libro se lo había tragado el mundo, estaba descatalogado o lo que fuere. Eso lo hizo más atractivo. Y al final, como suelen ocurrir estas cosas, sin estar buscándolo, lo encontré en una librería. Ni que decir tiene que no tardé nada en hacerme con él.

No solamente el título es llamativo, sino también el argumento. Un futuro cercano, pongamos 10-15-20 años adelante, se ha encontrado cura para el SIDA y los laboratorios sintetizan una serie de drogas (legales, si vienen de laboratorios legales) que permiten borrar partes de la memoria, esas partes que todo el mundo necesita eliminar alguna vez. Un extraño personaje que comercializa y a la vez consume esas drogas, una serie de viajes y hasta ahí puedo contar. No diré más, aunque tampoco se trate de una novela con un argumento a base de sobresaltos y giros argumentales inexplicables si se quiere respetar el espíritu de la novela.

Lo más interesante es esa conjunción de forma y fondo realmente equilibrada. Lo que no había logrado en “Héroes”, donde la forma se comía claramente al fondo. Aquí Loriga se despacha a gusto en imágenes, desarrollos filosóficos y oníricos y una verborrea muy particular, sin que esto no sea sino un apoyo para la historia que cuenta. Y sin aspavientos, uno no puede dejar de avanzar página a página, hasta llegar a un final que llega demasiado pronto. Recomendable, sin duda.

Canciones:

Wilco: "Impossible Germany"
Rocket From The Crypt: "Born In 69"
Chris Isaak: "Take My Heart"