martes, 19 de octubre de 2010

Be my baby

Será que hoy estoy un poco cerdete, porque si no, no entiendo qué extraño resorte ha hecho que Vanessa Paradis apareciera en mi mente. Y no una Vanessa Paradis cualquiera, que esa, me interesa más bien poco, sino la que aparecía en el videoclip con el que la descubrí. Vayamos con él y luego continuamos, ¿sí?



Se trata de un tema de 1992, de cuando la niña se fue a hacer las Américas. No me digáis que ese vídeo, con esa cancioncita tan maja y esa Vanessa más guapa que nunca no es como para que de repente, lo recuerde, tal que 18 años más tarde... sí, esa separación en la piñata tan característica sigue estando ahí. Y aún así, tan lánguida, pero con ese aura de falsa inocencia y esa ropa de hippy sexy, con ese inglés afrancesado cantando una bonita tonada fotocopiada de Motown, me sigue gustando. Aunque yo ya no tenga 13 años. Todo encaja, la chica, el vídeo, la canción. Sin conjugar estos tres elementos, no sería lo mismo.

Vanessa Paradis había sido una estrella preadolescente en Francia, una suerte de Melody gavacha, pero sin gorilas. Claro que viendo su éxito estrella “Joe Le Taxi”, casi me quedo con la rumbera y su baile simiesco (uh, uh, uh). En fin, todo el mundo sabe que los franceses son idiotas. Aunque esa es otra historia. El caso es que a los 19 años decidió hacer carrera en USA, y allí se lió con un Lenny Kravitz que por aquél entonces todavía tenía cosas que decir en la música. Un día de estos tengo que hablar de Lenny Kravitz. Así, Kravitz le compuso un disco a su nueva flamante novia, del que se extrajo este “Be My Baby” como single, y que a la postre, le abrió las puertas de la fama allende Francia. Y no tengo rubor alguno en reconocer que me gusta esta canción. Aunque sea un plagio descarado y segundón del soul más almibarado de los 60’s. Y sobretodo me gusta, lo dicho, esa combinación de la canción con ese videoclip sugerente y cantado por esa extraña chica francesa que nadie conocía por aquí.

Hay que reconocerle a Kravitz su buen gusto con las mujeres, porque antes de liarse con Vanessa Paradis, había estado casado con la (por aquél entonces, a finales de los 80’s) guapísima Lisa Bonet. Y posteriormente se le ha relacionado -me encanta esta expresión de prensa amarilla- con Nicole Kidman, que no me dice gran cosa pero hace unos años, antes de parecer una estatua de cera, tenía su aquél, Penélope Cruz, que si cierra la boca es una chica bonita y hasta Kate Moss (arf, arf, arf...). Hasta aquí el momento Salsa Rocksa.

Y volviendo a Vanessa Paradis, su carrera como nueva soulwoman le duró lo que duraron esos 3 minutos de clip en la MTV. Así que retornó a Francia e hizo sus cositas en cine y música, que no me pueden importar menos. Si algún lector o lectora considera que me estoy perdiendo a una artista que realmente vale la pena, que no se lo calle, que rectificar es de sabios y todo eso. Pero mientras tanto, permitidme que me ponga una vez más este “Be My Baby”.

Canciones:

Slash: "Ghost"
Lenny Kravitz: "Fields of Joy"
The Drifters: "Sugar Pie Honey"

domingo, 17 de octubre de 2010

No voy a hacerlo más...

Ayer tuve un pequeño acto de rebeldía estúpida frente a la estupidez que ya aceptamos como inherente. No sé dónde me había dejado los auriculares, de manera que tenía mi teléfono, que ahora también me hace las veces de reproductor de música, pero no el medio físico para escuchar esta música. Y pensé... y si? Y lo hice... era un trayecto muy cortito, pero diablos, me apetecía escuchar música. Y si cualquier niñato que se precie ha abandonado su dependencia a los auriculares, y ya de paso, cualquier forma de decencia y de respeto por los demás, amén del buen gusto, por qué iba a ser yo menos. Lo sé, el estatus de “niñato” hace ya varios años que lo abandoné, por lo menos en lo que al plano físico se refiere. Aún así, pasada la vergüenza inicial (lo reconozco, la tuve... ¿me estaré haciendo viejo?), disfruté escuchando a Soundgarden y a Queen, móvil en mano, como si de loro ochentero se tratara, ante la mirada extrañada de algún que otro transeúnte que pasaba, incluido aquel grupete de adolescentes que miraron con cara de no entender absolutamente nada. Uno de esos actos en que la rebeldía se transforma en la idiotez más supina, pero mirad, qué queréis que os diga, lo disfruté. Aunque sólo fueron cinco minutos. Y prometo no hacerlo más. Palabrita del niño Jesús.

Canciones:

Soundgarden: "Drawing flies"
Queen: "It's a beautiful day"
Manic Street Preachers:"The Descent (Pages 1 & 2)"

jueves, 14 de octubre de 2010

Smartphone

Me he comprado un teléfono móvil nuevo. Se trata de uno de esos móviles nuevos, de ultimísima generación, que incluyen reproductor de emepetrés de muchos gigas, cámara de foto, de vídeo y de lo que haga falta, conexión a Internet, acceso a e-mail y supongo que si lo configuro propiamente, incluso llegaría a hacerme algún tipo de favorcillo sexual. Mi puerta de entrada a la modernidad más repelente, vamos. Ni que decir tiene que me siento el tipo más molón del barrio. Un smartphone, que le llaman. Me encanta la palabra. Smartphone. Ahí queda eso.

El caso es que por lo que se ve, estos teléfonos (porque al final, son teléfonos, ¿no?... no sé...) no admiten una tarjeta SIM normal y corriente. No. Requieren una tarjeta SIM más pequeñita. Tiene aspecto de “El Chip Prodigioso”. Y allí estaba yo, con mi tarjeta nueva insertada en mi flamante móvil nuevo, cuando me di cuenta de un detalle... en la tarjeta SIM anterior, la grande, la del teléfono viejo, esa que por lo visto ya no vale para nada, tenía toda mi agenda de teléfonos. En fin, tampoco es que sea el chico más popular del instituto. Tampoco es que tenga una agenda tan amplia ni una multitud de personas constantemente llamándome y enviándome SMS. Pero llegaba el momento de la tediosa tarea de traspasar a mano todos los teléfonos de los contactos. Vamos, que tanta modernidad para acabar haciendo lo que hacía mi madre cuando se compraba una agenda nueva: transcribir todos los contactos al nuevo cuaderno.

Cómo se le activa el bluetooth a esto?

Me puse manos a la obra y comenzó la primera duda. Todos? Noooo... demasiados para un nivel de vagancia como el mío (demasiado pocos, probablemente, para el tipo más popular del instituto). Filtremos pues. Primero los más utilizados. Familia más directa y los amigos con los que he quedado esta noche. Y con todo ello, la primera constatación del moderno mundo imbécil. Si mi madre me llama al móvil y no se lo cojo (no tengo costumbre de contestar a llamadas de teléfonos que no conozco), ya tenemos a una madre ciertamente preocupada. Y en cuanto a los amigos, ahora ya no se queda con nadie. Estaremos en tal sitio. Si uno llega y no hay nadie, automáticamente llama. Dónde estás? O si uno llega tarde, llama también. Oye, que me he liado y llego en 5 minutos. Adiós a esa clásica costumbre de esperar.

Y al final me di también cuenta de la cantidad de contactos que tengo y que ni uso. Es, probablemente, un buen momento de hacer limpieza. Amigos que ya no lo son. Amigas que nunca lo fueron (lo que quería). Conocidos y saludados varios. Cuánto tiempo hace que no hablo con Fulano? Y por qué tengo 3 números diferentes de Mengana? Cuál será el que utiliza ahora mismo... si es que es alguno de ellos. Vale la pena mantener el teléfono de esa persona con la que tuve relación hace algún tiempo pero ya hace años que no?

Pero cómo quieres que este hortera tenga un millón de amigos??

Esta bonita reflexión me podría servir para hacer una crítica fácil de la ligereza con la que se llevan las relaciones. Hoy somos amigos, mañana no. Hoy tomemos un café, mañana no te saludo. Y cómo de estúpido es mantener a toda costa un contacto con una persona que en el fondo, no nos interesa, por aquello de acumular contactos y hacernos sentir mejor, en una versión más sofisticada de aquél “yo quiero tener un millón de amigos” que cantaba el hortera de Roberto Carlos. Y sin embargo, esta vez no. Esta vez me puede servir para pensar en por qué aquellas personas alguna vez pasaron por mi vida y ahora ya no están. Qué falló, y sobretodo, si tal vez lo hice, y posiblemente así sea, en qué fallé. Es demasiado fácil esta postura misántropa de que realmente nadie está a tu altura. Pero al final, cuando sólo vemos idiotas por todas partes, puede ser que el idiota resultes ser tú mismo. Reflexionemos, pues, amigos.

Canciones:

The Cardigans: "Carnival"
Guns n' Roses: "Sorry"
David Bowie: "Young Americans"

martes, 12 de octubre de 2010

Suites Imperiales

De mi educación en un colegio católico me queda, claro, una cierta influencia. Pero si bien es cierto que estudié el Bachillerato (unificado polivalente) y el COU en un colegio católico, era un centro algo atípico, y ese tema tan molón de los siete pecados capitales lo aprendí de David Fincher y esa gran película que es “Seven”. O que en su momento, me pareció que era, ya que creo que no la he vuelto a ver nunca más desde aquél 1995 en que se estrenó.

Esto de los pecados capitales está bien. Quiero decir, un pecado, ya de per se, es algo chungo, pero si encima son capitales, bueno, la cosa se pone jodida para escapar de las llamas infernales. Aunque releyendo la lista (gula, pereza, soberbia, avaricia, envidia, lujuria e ira), me temo que los cometo todos, con una cierta constancia. Sin embargo hay uno en concreto que suelo cometer, y que digo yo que no será para tanto: la envidia.

Sí, la envidia, ese sentimiento tan común, tan humano, y creo que tan necesario para espabilarnos, para no dormirnos en los laureles, para querer más, para tratar de optar a más, para no caer en el conformismo... todos tenemos envidia. Todos. Las personitas de bien incluidas, pero claro ellas la tratan de disfrazar con el adjetivo “sana”. “Envidia sana”. Qué diablos es eso? Eso ni es envidia, ni es nada! La envidia sana es como la cerveza sin alcohol o las patatas fritas light, meros sucedáneos. Y yo, tengo envidias... a menudo.

Una de mis filias son los escritores que triunfan jóvenes. Especialmente si lo hacen con esa clase de libros que suelen ser considerados como, de algún modo, reflejos o referencias generacionales, o cuanto menos, si versan sobre personajes jóvenes como ellos mismos. También tengo como filia esa clase de libros que suelen ser protagonizados por jóvenes o adolescentes y acaban siendo novelas más o menos de culto, como “El Guardian Entre El Centeno” o “La Ley De La Calle (Rumble Fish)”. Pero esa es otra historia. En este caso, me refería a escritores que en una insolente juventud publican novelas de argumentos basados en personajes coetáneos, de alguna manera, llámense John Fante, Brett Easton Ellis, Ray Loriga o Kiko Amat.

Pero ay, amigos, si bien no puedo evitar lanzarme a consumir esa clase de libros, por otro lado, no puedo evitar que la envidia me corroa. Y no una envidia sana, no. Esa no existe para mí. Envidia insana ante esos tipos que logran publicar y tener un cierto éxito contando historias de chavalería y juventud (divino tesoro), quizás porque en un alarde de arrogancia, yo también me creería capaz de ello.

Brett Easton Ellis con pose de "he madurado pero todavía soy un escritor malote"

Y con Brett Easton Ellis me ocurrió, hace unos años, de un modo más o menos repentino. Yo conocía a Ellis como casi todo el mundo, a través de “American Psycho”, aunque llegué antes a la película que a la novela. Como quiera que un día, por casualidad, curioseando por la librería, di con su novela de debut, “Menos que cero”, y me llamó la atención. Y no me equivoqué, me topé con un libro muy interesante, escrito con un sorprendente estilo para tratarse de un chaval que entonces contaba sólo con 21 años (¡!!). ¿Es, o no es como para tener envidia? Luego cayeron la versión cinematográfica de “Menos que cero”, que en castellano se proyectó como “Golpe al sueño americano”, bastante menos interesante y lo que es peor, no sólo varía ciertos aspectos de la novela en la que se basa, sino que además, incluso varían, en una pirueta con mortal incluido, el final. Luego leí “American Psycho” y finalmente su anterior novela, estupenda “Lunar Park”, de la que juraría que ya hablé en NDK pero soy incapaz de encontrar exactamente dónde.

Y eso nos lleva a este punto. Si bien “Lunar Park” me pareció un libro que reflejaba una madurez literaria que a veces no se da en esta clase de autores que comienzan escribiendo tan jóvenes, el libro que nos ocupa ahora mismo, y a la postre, última novela de Brett Easton Ellis, ha supuesto una decepción mayúscula.

Niños pijos en situaciones extremas: "Golpe al sueño americano"-1 "Beberly Hills 90210"-0

En efecto, el hecho de que “Suites Imperiales” retome los personajes de “Menos que Cero”, pero 25 años más tarde, era un riesgo demasiado grande. Y no sé como valorarlo, si como un ejercicio de valentía, por saber que retomar personajes de una novela que con el tiempo se ha ido mitificando, como es “Menos que Cero”, podía suponer un rechazo causado por las altas expectativas en un lector con cierta implicación personal en la novela inicial, o bien como un ejercicio de desfachatez y de ir a lo sencillo. De hecho, sí, son Julian, Clay, Blair y los demás. Pero podían haber sido otros, con otros nombres y sin necesidad de conocer su pasado. Y el resultado habría sido el mismo. El mismo de endeble, aunque tal vez menos decepcionante.

El particular estilo de Brett Easton Ellis me sigue gustando. Incluso el interés por relatar a personajes de su propia edad, mostrando una evolución como creador. Y resulta interesante el desengaño que transpiran los personajes, aunque, e igual es conciencia de clase, pero un nihilismo de ex-niños pijos reconvertidos en cuarentones ricachones de Los Angeles resulta incluso ridículo. Pero la realidad es que “Suites Imperiales”, pese a ser una novela cortita, apenas ciento cincuenta páginas, es un coñazo. Todo demasiado desdibujado, todo como si fuera a pasar algo más de lo que pasa, y si pasa, no se explica. Y sí, soy muy consciente de que el juicio sería menos severo si en el lomo no figurara el nombre de Easton Ellis o si no volviera a ser Clay quien narra la historia. Y a pesar de todo ello, aunque no se dieran esas circunstancias, seguiría siendo una novela flojita.

Canciones:

QOTSA: "Gonna Leave You"
Brian Eno: "By this river"
Los Planetas: "Reunión en la cumbre"

domingo, 10 de octubre de 2010

Enésima vuelta

Me acojona pensar que la última vez que me asomé a estas páginas era 14 de abril. Han pasado ya más de cinco meses. Casi nada. Pero amiguitos y amiguitas, tengo justificante firmado por mi mami. Si yo os contara todo lo que me ha pasado en los últimos, digamos, 7 meses, daría como para un blog entero nuevecito. El caso es que iba pasando el tiempo y yo pensaba que quería ponerme a escribir. Pero entonces aparecía, ay, el pánico de la página (web) en blanco. Que yo me tomo muy en serio este blog. Aunque a veces no lo parezca. Y así, pasan los días, las semanas, los meses y hasta los trimestres. Y entre tanto, pasó el mes de julio, y con él, el cumpleaños de Notas De Kar. Cinco añazos ya. Vértigo.

Tu mente extiende cheques que tu cuerpo no puede pagar. Con esa frase comenzaba hace ahora más de 5 años la andadura de NDK. Y qué verdad, eso os lo puedo asegurar aquí y ahora. Quién me iba a decir que un lustro después, no sólo yo seguiría vivo sino que además, todavía tendría vivo, aunque convaleciente, pero vivo no obstante, este blog, lo cuál, para un inconstante como yo, no es sino un pequeño milagro.

Cinco años. Joder, si cinco meses de ausencia me han parecido una barbaridad, ya no os digo cinco años. Cinco años de mi vida. Me siento como el jodido Doogie Houser, M.D. Porque sí, probablemente mis entradas no tengan el formato “hoy me he levantado y resultó que se me había acabado el café, así que bajé al bar y allí estaba esa camarera tan guapa pero que preparaba esos cafés tan horrorosos, y que siempre me guiña un ojo cuando me saluda (...)”, pero no hace falta ser muy sagaz para verme reflejado entre las líneas que hablan de Brian Setzer, de James Ellroy, de Kate Moss o de cualquier otro tema.

Qué extraño resorte me ha hecho retomar estas líneas? Probablemente mi tendencia al exhibicionismo velado, y aunque parezca bobo, también el hecho de haber releído entradas antiguas de NDK y darme cuenta de que no están tan mal. Qué ridículo que tenga mayor pudor a una falta de estilo que a mostrarme, de alguna manera, públicamente. Sea como fuere, y por cualquier razón, aquí estoy, se supone que para quedarme. Aunque no prometo nada.

miércoles, 14 de abril de 2010

Loco

Hoy la cosa va de rectificaciones. Sí, lo he de reconocer, pero bueno, dicen que eso es de sabios, no? El rectificar, digo. Pues digamos mejor que la cosa va de sabiduría. Y es que debo reconocer que hacia el personaje que protagoniza las líneas de hoy había llegado a tener todos los prejuicios del mundo, y alguno más. Pero las cosas como son, me ha convencido. Lo hizo el viernes pasado en su concierto, y lo lleva haciendo toda la semana, cuando un CD suyo está constantemente sonando en mi reproductor.

Fui al concierto de Loquillo sin mucho convencimiento, más por ganas de ir a un concierto, y por qué no, algo de morbo por el personaje, que por su música o por que fuera un fan. Pero qué cosas, Loquillo dio un conciertazo, y su banda suena compacta y muy bien.

Supongo que parte de mi problema con Loquillo era su personaje, especialmente ese Loquillo de los 90’s, descolocado, despotricando de todo el mundo y clamando por supuestos complots que manos negras organizaban contra él. Está claro que el Loquillo de 1999 era un coñazo de tío, un llorica que no hacía más que quejarse de la poca atención que los medios genéricos le proporcionaban, rajaba de los grupos indies que cantaban en inglés o planteaba supuestas tramas políticas que se urdían contra él. Probablemente sin querer ver que cuando una industria como la del rock en España se basaba en unas figuras tan inestables, alejadas de la música y poco de fiar como los ayuntamientos, pasan esas cosas. Y es una realidad, en los 80’s muchas bandas vivían de las galas de verano en los pueblos y ciudades. Y sinceramente, no creo que hubiera ningún complot político para que los ayuntamientos catalanes no contrataran a Loquillo y Trogloditas durante los 90’s. Simplemente, Loquillo tuvo un bache complicado con la espantada de Sabino Méndez, y por la situación de la banda en general, y su música se volvió menos interesante. Por otra parte, el público general, el de las fiestas de los pueblos, ya no estaba interesado en Loquillo. Y si por alguna extraña razón el público generalista de Catalunya prefería escuchar a bandas sarnosas que cantaban en catalán y estaban de moda, qué se pensaba? Que los ayuntamientos iban a rehusar contratar al grupito de moda?



En directo es mucho mejor!

Pero el Loquillo de los últimos años ha sabido mantenerse y aprovechar su aureola de estrella superviviente, y se ha sabido mover en los circuitos más alternativos, pues no aparecía en Los 40 Principales o mierdas de ese tipo. Y ponerse un poco menos pesado. Y lo más importante, volver a grabar discos interesantes. “Cuero Español”, “Feo Fuerte y Formal” o “Balmoral” tienen algunas canciones excelentes que demuestran que eso es lo mejor que puede hacer el Loco: como se suele decir, hablar en el escenario, en los estudios, no hacer declaraciones o codearse con indeseables como Federico Jiménez Losantos. Y la decisión de renovar y finalmente prescindir de los Trogloditas, tomando como mano derecha al guitarrista Igor Paskual, es otro gran acierto.

El cancionero del Loquillo de los 80’s, vía composiciones de Méndez, es de esos que permanecen en la memoria colectiva, y eso es muy importante. Yo recuerdo de crío “Quiero un Camión”, “El ritmo del garaje”, “El Rompeolas”, “Chanel, cocaína y Dom Perignon” o la celebérrima “Cadillac Solitario”, y reconozco que esas revisitaciones en su concierto del viernes pasado me emocionaron (bueno, las que sonaron, que no fueron todas). Pero no hay que olvidar que en los últimos 10 años también ha compuesto (o le han compuesto) algunas canciones muy interesantes, como “Arte y ensayo”, “Feo, fuerte y formal”, “Cuando fuimos los mejores” o ese temazo que es “Rock and Roll Actitud”, que se ha convertido en mi canción de la semana, y que me pongo cada mañana en el coche cuando voy a trabajar. Ah, y revisitó a Johnny Cash antes de que Rick Rubin lo convirtiera en algo cool.

En su concierto de Barcelona, demostró que controla los tempos y maneja al público a su gusto, y metió 3000 personas en el recinto, que no es moco de pavo. Y yo, un escéptico como yo, salí convencido y ya me veis, dedicándole una entrada en este, mi sacrosanto blog. Quién me lo iba a decir.

Canciones:

Loquillo: “Rock and Roll Actitud”
Loquillo: “Trentaytantos”
Loquillo: “Pégate a mí”

domingo, 4 de abril de 2010

Viaje a Carcassonne

Regreso de unos días (cortos) de vacaciones por la zona de Carcassonne y el Llenguadoc, rodeados de castillos e historia medieval, con franceses rancios y satisfecho, que no es poco. La cosa iba de cuatro amigotes metidos en un coche, de decir barbaridades, de hablar cada 5 minutos de mujeres, de comer bien, de cerveza, de cuescos, de bromas y en fin, de echar unas risas, en general. Podría decir que éramos 4 caballeros en busca de un grial mucho más sagrado que el de la leyenda artúrica: el de la vida y los buenos momentos. Pero realmente, sería dotarlo de un maquillaje recargado, excesivo y demasiado romántico para ser real.

Una pequeña lección de historia rápida: la zona se caracteriza por su pasado cátaro, corriente del cristianismo que se creó hacia el siglo XII y se basaba en una visión más espiritual del cristianismo corriente de esa época. Y a decir verdad, tuvo un éxito inédito en esa zona del sur de Francia y el norte de Italia. Por supuesto, rechazaban a la entonces todopoderosa Iglesia Católica, y cuando al papa Inocencio III se le hincharon los huevos, la cosa se puso fea. Ahí entra en la escena el rey de la Corona de Aragón Pere I, también llamado el católico, un tipo que de repente se vió en una encrucijada, ya que era devoto y amiguito del Vaticano, pero a su vez era también señor del Llenguadoc, cuna y enclave fuerte de los cátaros. Y claro, no quedaba bien que se emprendieran hostilidades hacia quienes, al fin y al cabo, eran sus súbditos. El tío intentó usar la diplomacia para resolver el asunto, tratando de aplacar no sólo al papa sino también a los señores de Tolosa y otras zonas del centro de Francia que querían aprovechar la coyuntura para hacerse con esos territorios, todos ellos encarnados en la figura de Simó de Monfort. Pere I incluso llegó a proponer un matrimonio entre su hijo de tres años (el futuro Jaume I) y la hija de Monfort, cosas culebroneras de la edad media. Monfort no aceptó, y al final hubo una guerra civil que enfrentó a tropas que comandaba Monfort contra tropas catalanas con el Llenguadoc como escenario y con Carcassonne como plaza fuerte. El resultado fue que la Corona Catalano-Aragonesa capituló y Pere I perdió la vida en la batalla de Muret. Eso acabó con las ansias expansionistas catalanas hacia el norte, más allá de Perpinyà.

Castillo de Peyrepertuse (o lo que queda de ello)

El atractivo de la zona se basa en su naturaleza de montaña y en sus múltiples vestigios medievales, unos conservados con mayor fortuna que otros. Por ejemplo, el primer día estuvimos en el Castillo de Peyrepertuse (de nombre hilarante, léase castillo de passepartout o de pay-per-view) y en el Castillo de Queribus (otro que tal). En fin, la excursión es maja, ambos castillos están en lo alto de montañas, uno deja el coche en la ladera, paga los preceptivos 5€ y hace el paseíllo más o menos difícil a través del camino de montaña y accede al castillo. Ambos castillos están en un estado de conservación bastante flojito, aunque eso sí, el paisaje, con el Aneto de fondo, tiene su aquél. Por otra parte, el plato fuerte era Carcassonna, posiblemente la ciudad medieval mejor conservada de Europa, aunque también es cierto que esa restauración y la MULTITUD de gente que hay siempre entre sus murallas, hacen de la villa una especie de Port Aventura de lo medieval. Así que ni tanto ni tan poco.

No cabe duda de que hay, no obstante, pueblecitos muy majos por los alrededores, ninguno de ellos especialmente conocidos, pero todos mencionados en cualquier guía de la zona, como por ejemplo Lagrasse, con (otra vez) un castillo medio reduído y un monasterio con una iglesia gótica que vale la pena. Y si no, otra opción es ir a Cotlliure, de bajada hacia Barcelona, pueblecito costero encantador donde reposan, además, los restos del escritor Antonio Machado, quien murió allí.

En fin, como quiera que últimamente sólo hablaba de lamentables viajes por trabajo, quede claro que de vez en cuando también hago algún viaje vacacional divertido!

CANCIONES:

Pereza + Sidonie: "Dulce niña de papá/Fascinado"
Caifanes: "Aquí no es así"
Eric Clapton: "Motherless Child"