domingo, 8 de febrero de 2009

Uuuuh-huuuuuh

La pareja protagonista mira por la ventana, con estupor, cómo el gran rascacielos de oficinas cae por obra y gracia, entre otros, del explosivo plástico. Y comienzan a sonar. La guitarra tranquila y melódica, pero también esos coros entre suaves y psicóticos de Kim Deal. Uuuuh-huuuuuh. Cadenciosamente. Como un mantra. La batería entra contundente y la segunda guitarra deja claro que las cosas no van a ser fáciles. Black Francis se desgañitará muy pronto. The Pixies desgranan Where Is My Mind? mientras el caos se adueña de la metrópolis. Menuda bajista, Kim Deal. Y menuda voz, y menudos coros. Gorda, fea y con mala leche, una bajista excepcional. A la par de sus compañeros. Black Francis, cantante gordaco con tendencia al histerismo repentino. Joey Santiago, guitarrista genial de origen filipino y una pinta que no sabría si describirla como de tripulante en un carguero o proxeneta de ladyboys en Bankok. Y Dave Lovering, batería en especial simbiosis con Kim Deal. Los cuatro más feos que la madre que los parió. Más feos que Picio (quien quiera que sea). Y horteras como el que más. Diablos, qué buen grupo! Hoy en día, cuando las bandas parecen demasiado preocupadas por aparecer en la sección de moda de Rolling Stone, o qué coño, seamos ambiciosos, en su portada, sorprende ver a los Pixies. Pues que no sorprenda tanto, ahora reverenciados, en su época no se comieron un rosco. O no apenas. Entre 1985 y 1993 permanecieron vivos. Aunque casi se puede decir que su canto del cisne fue en 1991. Para colmo de males, se llevaban a matar, y Black Francis dio por disuelto el grupo en 1993 con la delicadeza que se esperaba: mandó un fax a los restantes componentes de la banda. Volvieron, claro. Será el dinero. Tal vez la necesidad de un público que reverencia a Black Francis pero no a Frank Black. Volvieron también los malos rollos. Joey Santiago ya no parecía un extra de “Kickboxer”. Kim Deal y Black Francis (o tal vez seguía siendo Frank Black? Qué lío!) seguían siendo unos gordos malcarados que intentaban no dirigirse la palabra. Y David Lovering, batería genial, pero … acaso alguien recordaría la cara de David Lovering?
Uuuuh-huuuuuh… Con los pies en el aire y tu cabeza en el suelo. Uuuuh-huuuuuh… Eso es, todo del revés. Que mola más. Uuuuh-huuuuuh… Intenta este truco… Gordos o grandes?? Olvidados? Uuuuh-huuuuuh… Se cae el edificio. Échenle la culpa a Tyler Durden. Échenle la culpa al boogie. Yo no he sido. Uuuuh-huuuuuh…

Canciones:

Toots & The Maytals: "Pressure Drop"
Screamig Trees: "Where The Train Shall Meet"
Oasis: "Don't Look Back In Anger"

4 comentarios:

manurhill dijo...

Qué razón tienes, eran más bien tirando a feos pero nos dejaron unos cuantos discos impagables: Surfer Rosa, Doolittle, Bossanova (mí preferido) o Trompe le monde. Sus carreras en solitario dejan mucho que desear. Pero a finales de los ochenta eran una banda diferente para su época que capto la atención de públicos muy distintos en un tiempo donde aún se calificaba demasiado a los melómanos por tribus y dónde la imagen vendía mucho y ellos tenían poca.

Saludos

Belén dijo...

Pero es que estamos hablando de la explosión grunge... ahí no había guapos y los que eran se enfeaban...;)

Y qué buenos eran los pixies...

Besicos

Marc Monje dijo...

Pues yo en encontraba atractiva a Kim Deal, sí, sí, y tuve un par de fotos suyas en la pared de mi habitación.

¡Un saludo!

Blue Monday dijo...

En mi grupo de amigos se les reverenciaba como a dioses. Fueron realmente únicos.
Saludos desde la cueva.